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Prótesis de cadera: el camino a la recuperación

Llevaba una mañana horrible. 

Hacía meses que le dolía la cadera. Apenas podía ir a comprar el pan sin tener que sentarse por el camino. Pero hoy el dolor era aún mayor. Justo hoy. 

Estaba vistiéndose para salir de casa. La camisa y la chaqueta bien. Los pantalones con dificultad. Pero los calcetines eran su cruz. Tuvo que pedir ayuda.

– Juanjo, ponme los calcetines y acércame los zapatos que no puedo agacharme a por ellos.

– ¿Todavía estás así? Vamos tarde, vamos muy tarde. 

Echó un vistazo a su reloj de cadena. Efectivamente iban a llegar tardísimo.

– Date prisa, corre o no llegamos –dijo Juanjo con sorna.

Ella le miró de arriba a abajo y se mordió la lengua. Luego pensó que siempre buscaba sacarle una sonrisa y lo agradeció.

Aparcaron después de dar muchas vueltas y fueron caminando calle abajo.

Alicia miró en todas las direcciones.

– ¿Ésta es la entrada? ¿Cómo pretenden que pase por ahí?

– ¿No cabes? 

– Cállate anda. 

La rampa estaba en obras y doce escalones de esos que no alcanzas a subir de seguido se interponían entre ellos y la puerta del hospital. Cuando iban por el quinto se dieron cuenta de que había un cartel que señalaba otra entrada más accesible. Se miraron y se echaron a reír.

Le costó horrores acceder al vestíbulo. A su marido siempre le había parecido precioso. A ella solo acogedor, su visión en estos temas iba más allá. Para desgracia de ambos, una avería en el techo había encharcado todo el suelo. 

“No es mi día”, pensó Alicia.

La gente caminaba con extremada precaución mientras el personal de mantenimiento y de limpieza se esmeraba en achicar el agua de forma muy coordinada, como si de una coreografía se tratara. Un hombre alto y entrado en kilos dirigía la compañía. Resultaba cómico.

Juanjo iba unos metros por delante con gesto serio. A él no le gustaba llegar tarde. Y a ella no le gustaba caminar así. Parecían mamá pata y sus patitos.

– Buenos días.

– Buenos días.

– Buenos días.

– Buenos días.

Dos amables muchachos que estaban delante del mostrador les recibieron con un fuerte apretón de manos y comenzaron a hablar entre ellos.

– Tienen pinta de ir a trauma. 

– Sí parece que vayan a cirugía. 

– Eso es, a consulta preoperatoria. 

– Entonces es por allí –dijeron señalando uno de los pasillos. 

– Sala 9. Nosotros les ayudaremos. La avería tiene el hospital patas arriba. 

– Muchas gracias caballeretes pero ya nos apañamos nosotros, llevamos mucha prisa y no queremos molestar. Atiendan mejor a otros que lo necesiten más. 

Juanjo avanzó hacia el pasillo señalado pero los muchachos dieron un paso lateral a la par y se interpusieron. Parecían dos fichas del parchís bloqueando una casilla.

– Perdón, perdón, perdón esta es nuestra labor y la hacemos con disciplina. 

– Claro que sí. Nos gusta charlar y agradar para una mejor experiencia del paciente lograr. 

– Espérate Juanjo. Tienen razón, déjales hacer su trabajo. Por cierto, ¿qué avería ha ocasionado esta inundación?

– Ohhh, es curiosa. También lo eran las…

– ¡Venga! –dijo Juanjo algo nervioso–. No tenemos tiempo, vamos tarde. 

Alicia sacó de nuevo el reloj del bolsillo. Juanjo se lo había regalado años atrás. No le gustaba dejar a los chicos así pero ciertamente era tarde y ya les habían indicado por dónde ir. 

Los jóvenes se quedaron con la palabra en la boca mientras le explicaban a Alicia algo de un carpintero y una…no sé qué.

De camino a la sala 9 se cruzaron con un tipo espigado que llevaba una escalera. Más tarde le verían en las noticias. Había salvado a una niña que metió la cabeza dónde no debía y no lograba sacarla. 

En neonatología, cientos de flores presuntuosas abarrotaban los pasillos. 

Ya quedaba menos. 

“Me pregunto si podré retomar mis relaciones sexuales como antes”, pensó Alicia.

Fase de Pre-habilitación


En la sala 9 no había nadie esperando. 

– Verás como ya se han ido a comer –musitó Juanjo. Golpeó la puerta con los nudillos y esperó. 

Alicia se detuvo a su lado unos segundos más tarde y le cogió del brazo. 

– Gracias. 

Sonaba exhausta. 

– Lo siento cariño, estoy preocupado. No quiero que pierdas esta consulta. Siento los nervios. 

– No pasa nada, deja que llamo yo. 

Alicia tocó la puerta una vez y no pudo hacerlo más. Alguien la abrió dos palmos y se asomó.

– Disculpen estamos recogiendo para irnos aun momento, ¿quién eres tú? –dijo mientras le escrutaba. 

En el interior alguien tarareaba una canción lentamente. 

– Pues no creas que no me lo pregunto. A veces no me reconozco. Con lo que yo he sido. 

– Bueno, no te tortures. Aún no me has dicho quién eres. 

– Soy Alicia, este es mi marido, tenemos consulta preoperatoria. Me van a poner una prótesis de cadera.

La puerta se abrió de par en par. 

– Lo ve doctora, le dije que vendrían. Nunca es tarde si la dicha es buena. Pasen, pasen. 

Tras la mesa del despacho, una mujer con un cigarrillo electrónico simulaba dar caladas y echar el humo. Estaba apagado. El hombre que habían oído canturrear les saludó desde el fondo. 

– Bienvenidos, soy Andrés, terapeuta ocupacional. Ahora me acerco. 

Una chica con coleta que estaba sentada a la derecha mirando unos papeles se dirigió a ella. 

– ¿Alicia Galán, verdad?

– Así es. 

– Por favor tomad asiento, soy Laura, fisioterapeuta. La enfermera que os ha abierto es Claudia –les miró y asintió–. Y ella es Esperanza, la cirujana encargada de la operación. 

– Un placer.

Al cabo de unos minutos Alicia estaba maravillada. Esas 4 personas trabajaban como una sola, ¡qué coordinación! Le explicaron en qué consistía la intervención quirúrgica. Apuntaron su edad, género, los apoyos con los que contaba en la comunidad y en su hogar, sus comorbilidades y otras cuestiones médicas relevantes. Le hicieron preguntas relacionadas con la seguridad del paciente y evaluaron su capacidad cognitiva, funcional y la movilidad. También indagaron sobre las características de su casa. Le explicaron que con toda esa información tendrían una idea de su estado global y eso les ayudaría a identificar:

 

El lugar de destino al recibir el alta.

Potenciales problemas post-operatorios o al alta. 

La necesidad de que un fisioterapeuta o terapeuta ocupacional acudiera a su hogar antes de la operación para analizar el entorno. 

Para valorar su estado funcional midieron sus rangos de movimiento, su fuerza y la velocidad de la marcha. También tuvo que rellenar el cuestionario WOMAC y realizó la prueba Timed Up and Go. Le explicaron que había otras herramientas de medición de resultados tanto autorreferidas como de desempeño que podían usarse en base a las necesidades del paciente. 

Esperanza se dirigió a ella.

– Alicia, ¿qué esperas de todo este proceso? ¿cómo crees que será? ¿en qué crees que podemos a ayudarte? 

– Vaya, pues…imagino que tendré dolor después de la operación pero luego se me aliviará en gran medida. Estaré algunos días en el hospital, puede que me quede una cojera o algo así. Yo lo que quiero es poder hacer una vida normal. 

– Define normal. Algunas personas consideran que “lo normal” es hacer la compra, lavar el coche o pasear por el parque y otras personas gustan de esquiar, hacer parapente o correr maratones. ¿Cuáles son tus objetivos? 

Se quedó pensando un buen rato. 

– Veamos, a corto plazo me gustaría vestirme sola, ducharme sola, subir las escaleras sin que sea un suplicio, ir de tapas, al cine…Y en unos meses querría irme de viaje, hacer el amor con mi marido, subir al monte, recoger setas, conducir, nadar, pescar, jugar a los bolos…No voy a empezar ahora con el running desde luego. Pero si puedo volver al trekking habrá valido la pena. Nos encanta. 

La doctora tomó nota y todos charlaron sobre ello (1). 
Es importante establecer objetivos y expectativas realistas con los pacientes con respecto a los resultados posoperatorios después de una artroplastia total de cadera (ATC). Disminuir la discrepancia es clave en la satisfacción del paciente. Otros factores asociados con la satisfacción del paciente después de una ATC son: el manejo del dolor, la edad, el sexo, las comorbilidades y la duración de la estancia hospitalaria. 

Después de revisar y documentar las expectativas y los objetivos, analizaron la necesidad de productos de apoyo para la movilidad y de equipamiento en el hogar. Tenían unas muletas de una prima. A veces usaba una en casa pero no le gustaba que le vieran con ella. Habían quitado la bañera hacía un año y habían instalado un par de asideros.

– Alicia, igual necesitas una silla de ruedas los 2-3 primeros días para algunos trayectos largos. 

– No lo creo. 

– ¿El qué no crees cariño? – le preguntó Juanjo.

– Pienso salir caminando por la puerta del hospital y no dejar de hacerlo en 40 años. Siempre que hayan arreglado esa gotera. 

Todos sonrieron. 

– Pero no me importa si tengo que alquilar una silla de ruedas durante unos días, Juanjo se encargaría de ello. 

Era franca, ambiciosa y dialogante. Eso ayudó al equipo a evaluar algunos factores que podían influir en los resultados: habilidades de afrontamiento, autoeficacia, ansiedad y apoyo social. 

– Muy bien, ahora Laura te va a enseñar una serie de ejercicios que es importante que hagas en casa o en un gimnasio. Trabajarás fuerza, resistencia, flexibilidad y equilibrio. Tranquila que te lo daremos todo por escrito en esta carpeta. Puedes verlos también en el canal de Youtube del hospital. El año que viene tendremos implantado en nuestra comunidad autónoma el programa de entrenamiento neuromuscular NEMEX para personas que van a ser sometidas a una ATC (2). Podrías haber sido una buena candidata. 

Después Claudia y Andrés les mostraron cómo colaborar activamente para que el proceso fuera exitoso. Les explicaron cómo serían las primera horas después de la intervención y cómo Juanjo podía ayudar a Alicia a movilizarse en la cama, la habitación y en el baño del hospital. Entre todos resolvieron las dudas que fueron surgiendo sobre las diferentes fases. 
Aunque la información puede tener matices individuales, se recomienda que el grueso de ésta se estandarice y que los contenidos sean concisos, accesibles, usables y entendibles por toda la población. De esta forma se busca optimizar la recuperación, que el paciente asuma su responsabilidad en ella y que puedan tomarse decisiones compartidas. La educación es más efectiva si a los materiales ofrecidos se les añade la comunicación verbal. 

Al mismo tiempo se deben promover cambios en el estilo de vida en caso de obesidad, tabaquismo o inactividad física y orientar al paciente hacia el profesional oportuno para ello.

– Si os parece bien, acordamos una fecha y me acerco a vuestra casa para valorar necesidades y enseñaros algunas cosas. Es importante dejarlo todo bien atado antes de la operación.

– Me parece bien Andrés –dijo Alicia–. Aunque no sé exactamente a qué te refieres.

– Buenooo, ahora sí que no llegamos a comer. 

Esperanza disfrutaba haciendo de rabiar a Andrés.

– Lo que mi queridísima doctora quiere decir es que hay muchos asuntos en los que no has pensado y tu terapeuta ocupacional puede ayudarte con ellos. Por ejemplo:

Dispositivos que pueden facilitar la independencia en las actividades de la vida diaria:
Elevador de wc.

Silla para la ducha.

Cepillo largo para facilitar el lavado en el baño.

Asiento para vestirte.

Barras de apoyo.

Superficies antideslizantes.

Cojines elevados.

Cordones elásticos para los zapatos .

Alcanzador.

Calzador.

Pasamanos.

Reorganización del entorno para facilitar la movilidad, prevenir caídas y que los objetos esenciales se encuentren a mano en la cocina, baño, dormitorio, etc.

Entrenamiento de actividades funcionales para facilitar el aseo, vestido, ducha, la entrada y salida del coche, las tareas del hogar, la movilidad en la cama, cómo subir y bajar escaleras, sentarse, levantarse y caminar. 

Necesidad y ajuste de los productos de apoyo para la movilidad.

– Me parece genial, gracias de veras. Solo hablar con vosotros ha hecho que me duela menos la cadera. Por otra parte, un tema que me preocupa relativamente es el riesgo de luxación de la prótesis. 

Una lucecita roja se encendió en la cabeza de Esperanza. Guardó el cigarrillo electrónico en el bolso. 

– Primero de todo disculparme. Lo saqué porque ya nos íbamos. No funciona. Lo dejé hace dos meses y tenerlo en la mano me ayuda. Verás Alicia, el riesgo de sufrir una luxación primaria tras una ATC es del 2% aproximadamente (3). No hay duda de que se trata de un evento traumático para los pacientes puesto que ven cómo su vida vuelve a verse afectada a causa de su cadera, pierden la confianza en la prótesis y aumenta la vigilancia hacia ella.

– Un 2% es un porcentaje bastante bajo.

– Lo es. Para tu información, existen factores de riesgo que se han identificado para la luxación tras una ATC: 

Relacionados con el paciente: fracturas o intervenciones previas, edad avanzada, enfermedades neurológicas (demencia, enfermedad de Parkinson) y falta de cumplimiento de las pautas.

Relacionados con el procedimiento quirúrgico: malposición de los componentes, tensión no adecuada de los tejidos blandos y corta experiencia del cirujano. 

– Tú no eres muy mayor, no tienes enfermedades neurológicas y estoy segura de que cumplirás con lo que te digamos. Trataremos de que la intervención quede perfecta. Y respecto a la experiencia…peino canas desde hace años pero eso no me hace confiarme lo más mínimo.

– Estuve leyendo sobre las precauciones que debo tener tras la operación pero no me quedó muy claro.

Laura tomó la palabra. 

– El mejor tratamiento para la luxación de la ATC es la prevención del primer episodio. Tradicionalmente la educación al paciente con ATC incluye la concienciación sobre qué movimientos o posturas debe evitar para que la prótesis no se luxe durante las primeras semanas o meses tras la intervención. Las recomendaciones suelen ser no flexionar la cadera más allá de 90º, evitar el cruce de piernas y las rotaciones excesivas, sentarse con alza en el baño, silla o asiento del coche para que las caderas queden por encima de las rodillas y dormir boca arriba con una almohada entre las piernas. 

– Algo así habíamos visto –dijo Juanjo.

– A pesar de que los modelos teóricos son sólidos, no existe evidencia científica que apoye el uso de estas precauciones en los casos de abordaje quirúrgico anterolateral e incluso se asocian con retraso en la recuperación de las actividades de la vida diaria, un gasto significativo mayor y una menor satisfacción del paciente (4). Algunos investigadores concluyen que el uso de protocolos de precaución menos restrictivos en cualquier tipo de abordaje puede ser empleado sin miedo por médicos y fisioterapeutas tras una ATC, aunque reconocen que es necesaria más investigación al respecto (5). Una reciente revisión Cochrane afirma que hay insuficiente evidencia de alta calidad para apoyar o refutar la adopción de las precauciones tras una ATC (6). Es un campo de investigación muy interesante puesto que con nuestras recomendaciones podríamos estar retrasando la recuperación de los pacientes. 

– Bien, las tomaré como una referencia, pero no me obsesionaré con ello. 

Siguieron hablando sobre cómo ir progresando en las actividades diarias y en el deporte. Le explicaron cuándo buscar ayuda médica y la forma de contacto para resolver dudas sobre el proceso. 

– Entonces, ¿me dolerá mucho tras la operación? Antes no me dijisteis nada al respecto.

– La experiencia del dolor de cada persona es única –dijo Esperanza–. Debemos trabajar juntos para garantizar que el dolor sea manejable. El hielo y la medicación pueden ser buenas opciones. Andrés y Laura te mostrarán cómo “proteger” la articulación en tu día a día, en las transferencias y en la marcha. Aunque insisto en que estas cirugías son obras de arte hoy en día y el término proteger no termina de convencerme. Es una reflexión personal.

Hablaron sobre el dolor y su manejo multimodal. Los conceptos eran algo complejos pero usaron un lenguaje simple y se apoyaron en una infografía que venía en la carpeta que le habían entregado. 

– Me parece que no nos hemos olvidado de nada. ¿Podrías hacernos un resumen con tus propias palabras de lo que hemos hablado? –dijo la enfermera.

– Te dejamos que mires la chuleta –dijo Esperanza señalando la carpeta.

Alicia hizo un relato de todo lo que había aprendido. Juanjo hizo algún apunte y el equipo remató con lo que faltaba.

– Lo siguiente es decidir dónde tendrá lugar la siguiente fase de la rehabilitación –dijo Esperanza–. Nosotros lo tenemos claro. Pero como estás tan implicada y motivada queremos que seas tú quien lo descubra. ¿Tienes tiempo?

– Bueno, supongo que sí –miró a Juanjo y él afirmó con la cabeza–. Ya no llegamos tarde a ningún sitio.

– De acuerdo, salid de nuevo a la sala 9. A parte de esta consulta hay otras 3. En cada una de ellas os van a explicar una opción para llevar a cabo la rehabilitación. Cuando terminéis, volvéis y concretamos todo. Nosotros vamos a comer y regresamos en un rato.

Juanjo cerró la puerta al salir. La sala 9 seguía vacía. Algunas luces estaban apagadas. No había un ruido. ¿O sí? Un runrún provenía de la consulta más alejada. Y de vez en cuando se oía una especie de silbato. 

¿Estaban brindando?

Fase Posoperatoria – Nivel hospitalario


La puerta estaba entreabierta y ambos se asomaron. Había una larga mesa con una tarta y un par de juegos de té, demasiado refinados para el contexto. Dos hombres charlaban animadamente. Parecía una celebración. 

Llamaron a la puerta y saludaron con timidez. 

– Creo que no nos van a escuchar Alicia. Pasa y nos sentamos en ese asiento de la entrada. 

Los hombres canturreaban y brindaban pero Alicia no entendía qué decían. No tenía sentido pero era muy gracioso y a pesar de sus esfuerzos no pudo contener la risa. 

Los hombres giraron la cabeza y se sorprendieron gratamente.

– Pero qué tenemos aquí mi querido Lieberman. Qué mala sombra que les hagan perder el tiempo de esta manera. 

– Gran verdad mi querido Somerset. 

– Nos dijeron que viniéramos a esta consulta para decidir qué tipo de cuidados necesitaré después de…

– ¡Fantástico, fantástico! Pero por favor, siéntense con nosotros a la mesa. Tomen un poco de té, tenemos de sobra. 

– ¡Ah! y felicidades, han venido ustedes al lugar correcto. ¡Aquí no es!

– ¡Brindemos por ello! 

– Pero si todavía no les he dicho para qué he venido. Me van colocar una prótesis de cadera y busco el lugar en el que haré rehabilitación posteriormente.

– ¿Tú también? ¡Qué casualidad! Una mujer acaba de entrar y nos ha dicho que le van a poner una prótesis de cadera y quería saber si

– ¡Oiga, pero si he sido yo!

– ¡Estupendo! Si nadie se interpone pues habrá que celebrar. Hagamos un brindis, ¿más té? 

– No gracias, aún no he empezado el que me acaba de servir. 

Fue a dar un sorbo pero la taza estaba vacía. ¿O era otra? Sin tiempo para reaccionar, Somerset alargó el brazo y llenó la taza.

– O sea que tú no vas a venir a rehabilitación aquí. Nosotros tampoco. El mundo es un pañuelo. ¡Feliz no rehabilitación!

– ¿A mí?

– ¡A tú!

– Pero si ustedes son quienes valoran quién debe recibir rehabilitación en este nivel. No son pacientes.

– Brindemos por eso. ¿Más té caballero?

Juanjo estaba mudo. 

– No le eche más té por favor. La taza está vacía y acabará desbordándose.

– Bien, entonces más té para el caba

Lieberman detuvo la celebración y miró a Alicia.

– ¡Cuidado! Esta mujer tiene síntomas de locura. 

– Está bien. Pongámonos serios –dijo Somerset–. No más té. Y tranquila, usted no recibirá tratamiento a nivel hospitalario ni tendrá que permanecer ingresada durante la rehabilitación en ningún centro de cuidados de corta o larga estancia. 

– ¡Qué alivio!

– Sí, la rehabilitación hospitalaria no debe ser la primera opción en pacientes sometidos a una ATC primaria. No más del 10% de estos pacientes lo requiere. Y usted no es una de ellos. 

– Aunque si lo desean, les contaremos cómo hubiera sido el proceso a este nivel –sugirió Lieberman. 

– ¿No más té? –dijo Alicia.

– No más té. Prometido.

– Entonces adelante.

Somerset comenzó la explicación.

– Bien, seamos claros: la parte contratante de la primera parte será considerada como la…es broma, es broma. Es por el té.

– Verá Alicia –dijo Lieberman–, esperamos que usted no necesite cuidados médicos o de enfermería a tiempo completo después de la operación. Además su plan de rehabilitación y los objetivos funcionales marcados no precisan de la intervención diaria de un equipo interdisciplinar. Por eso no tendrá que realizar rehabilitación hospitalaria. 

– De haberlo necesitado, se empezaría por valorar su estado funcional: rangos de movimiento, fuerza y velocidad de la marcha. También completaría el cuestionario WOMAC y la prueba Timed Up and Go –dijo Somerset. 

– Son las mismas pruebas que me acaban de hacer en pre-habilitación.

– Así es. En cuanto a las características de la rehabilitación (plazos, frecuencia e intensidad), van a depender de los objetivos establecidos y de su tolerancia funcional. En general, las intervenciones terapéuticas incluyen: 

Ejercicios de rango de movimiento activo y de fuerza.

Entrenamiento funcional (marcha, escaleras, equilibrio, transferencias).

Valoración y entrenamiento de las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.

– Sepa que tanto los programas de ejercicio individuales como grupales pueden ser beneficiosos –añadió Lieberman.

– ¡Qué curioso! Pensé que sería mejor el trabajo individual que el grupal. 

– No tiene por qué. Por supuesto que hay muchos factores individuales que pueden influir en el curso de la rehabilitación y que deben tenerse en cuenta para tomar decisiones sobre la mejor elección.

– Ya imagino.

– Pero con respecto a la función, el rango de movimiento y la calidad de vida relacionada con la salud, la fisioterapia grupal proporciona resultados similares a la fisioterapia individual después de una ATC. 

– El apoyo social y relacionarse con otras personas en situación similar supongo que ayudará –dijo Juanjo después de varios minutos callado. 

– Premio para el caballero –confirmó Somerset–. Ahora bien, esto no se trata solo de andar, andar y andar. Que es algo que oímos mucho y está muy extendido entre la gente. El entrenamiento de fuerza progresivo con una intensidad y dosificación suficiente para inducir efectos fisiológicos debe ser un componente clave. 

– Siempre coordinando la terapia con el control del dolor.

– Elemental mi querido Lieberman. Para ello evaluaremos el dolor utilizando la Escala Visual Analógica o la Escala Numérica del Dolor. Y usaremos el manejo del dolor multimodal y la educación sobre el manejo del dolor multimodal para maximizar el efecto y los resultados. 

– Y, mis estimados colaboradores, no olviden que la educación del paciente y sus familiares es fundamental.

– ¿Quién ha hablado? ¿Quién anda ahí? –dijo Alicia. 

Un hombre muy bajito se acercó a ellos desde el otro lado de la mesa. Había estado allí sentado todo el tiempo pero dos teteras humeantes le habían mantenido tapado. Tenía cara de sueño, voz nasal y un lindo parpadeo. Comenzó a recitar: 

La educación del paciente se logra mejor utilizando una combinación de métodos. Cuando se proporcionan materiales educativos además de la comunicación verbal, la educación del paciente es más efectiva. 

Brindar información de salud de calidad (precisa, accesible y práctica) permite a los pacientes gestionar mejor su salud y tomar decisiones plenamente informadas sobre su tratamiento.

Los materiales educativos deben usar un lenguaje sencillo como estrategia clave para mejorar la alfabetización en salud. 

Se deben evaluar las necesidades que pueda tener el paciente para asimilar la información y proporcionarle educación multimodal que se adapte a sus preferencias y experiencias individuales.

– Desde luego todo lo que me han contado hasta ahora sigue estas directrices¿señor?

– Soy el señor Lyrion para servirle. ¿Un poco de té?

– No gracias, hemos acordado que nada de té por un tiempo, ¿verdad señor Lieberman?

Lieberman escondió la taza detrás de su espalda. 

Alicia frunció el ceño. Somerset y Lieberman habían empezado a beber de nuevo. 

Lyrion prosiguió. 

– Durante la rehabilitación hospitalaria hay que educar al paciente y sus familiares en los siguientes temas:

Manejo del dolor y la hinchazón.

Movilidad.

Prevención de caídas.

Precauciones y uso seguro de opioides.

Progreso esperado.

Formación para el cuidador.

Reanudación segura de las actividades, incluido el deporte y la conducción.

– Y por supuesto incluir principios de estilos de vida saludables y vida activa en el programa de rehabilitación.

– ¡Bebamos por ello! 

La situación se estaba descontrolando de nuevo.

– También revisaremos las precauciones de las que ya os habrá hablado Laura.

– ¡La fisioterapeuta! 

Alicia ya no podía distinguir quién decía qué. Juanjo les apuró. 

– Oigan, oigan tenemos un poco de prisa. ¿Cuáles habrían sido los pasos antes de recibir el alta y pasar a otro nivel de cuidados?

– ¡Atención! Los criterios para recibir el alta al hogar son:

Caminar y realizar transferencias de forma segura con productos de apoyo para la movilidad.

Subir y bajar escaleras si lo necesita.

Realizar actividades de la vida diaria (AVDs) de forma segura o con ayuda de terceros, con o sin productos de apoyo.

Haber sido proporcionado un programa de educación y ejercicio en el hogar al paciente y/o cuidador.

Garantizar la existencia de un plan de rehabilitación posterior, ya sea de forma ambulatoria o en la comunidad. 

– Durante su estancia (a) discutiríamos con antelación la fecha de alta esperada, (b) ajustaríamos los cuidados y el plan de alta en función del progreso y sus sugerencias (c) y programaríamos las citas de seguimiento. 

– Y en el momento del alta hablaríamos cara a cara con ustedes para:

Proporcionar por escrito el plan de alta individualizado. Este plan debe llegar cuanto antes a su equipo de atención primaria, especialistas y otros profesionales que sean necesarios.

Entregar y revisar las citas de seguimiento programadas. 

Confirmar que han entendido toda la información que les hemos dado.

– Con esto finalizaría nuestro papel en su proceso de rehabilitación. No está nada mal, ¿eh? Por cierto, ¿qué hacen ustedes aquí? 

– No sea maleducado Somerset, sírvales un poco de té. Les explicaremos nuestra labor con las personas que son operadas de cadera.

Alicia y Juanjo caminaron marcha atrás hacia la salida mientras se excusaban y miraban el reloj de cadena. 

– No tenemos tiempo, lo sentimos, ya si acaso otro día

Somerset y Lieberman agarraron a Lyrion y celebraron que él tampoco tendría que permanecer ingresado tras la operación. 

Juanjo cerró la puerta al salir.

– A pesar del lío no me hubiera importado tener que quedarme ingresada. Lo tienen todo muy bien pensado.

No hay emoji que ilustre la cara de Juanjo al escucharle decir eso a su esposa.

Fase Posoperatoria – Nivel ambulatorio


– No aguanto más –dijo Alicia .

– Ya queda menos cielo.

– No si me refiero a que necesito ir al baño.

– ¡Ah! Vale, vale, pues ve. Yo te espero aquí sentado.

Mientras caminaba, Alicia se dio cuenta de que no se encontraba tan tranquila desde hacía mucho tiempo. La información era precisa, clara, los protocolos de actuación eran flexibles y se adaptaban al paciente. 

“Creo que podré con ello”, pensó.

Al volver a la sala 9 Juanjo no estaba. Esperó un rato por si él también había ido al servicio. A los 5 minutos le llamó al móvil. Nada. ¿Estaría en alguna de las consultas? Se estaba impacientando. ¿Dónde se habría metido? Miró las dos puertas que aún le quedaban por visitar. Tenía que probar suerte. Llamó a la del medio y pasó.

Estaba oscuro y no había nadie. Un par de lámparas estaban encendidas pero las luces del techo no. Solo una que parpadeaba. Sería por la famosa avería. Había una puerta al otro lado de la consulta. Fue hasta el fondo y se asomó sin entrar. No vio a nadie.

– Mmm, ¿buscabas algo?

Alicia se sobresaltó. Alguien había hablado a su espalda. Pero no veía a nadie. 

– Ehh, no, no, no, solamente estaba

– No tiene ninguna importancia. Espera un momento. 

Una pequeña lámpara de mesa se encendió en el despacho y Alicia pudo ver la sonrisa muy acentuada de un hombre. Llevaba una camiseta de rayas horizontales debajo de la bata.

– Disculpe yo solo quería saber qué camino ha tomado mi marido.

– Ha tomado el camino correcto.

– ¿Quién? ¿Él?

– No, usted. Está en el sitio adecuado si quiere saber qué le deparará el futuro tras la operación de cadera.

– ¿De veras?

– ¿De veras qué?

– Que este es el camino adecuado.

– ¿A dónde?

– A la rehabilitación tras la operación.

– ¿Qué operación?

– Aiiins, pero si acaba de decirme que

– Sin embargo, si yo buscara otras opciones de rehabilitación, le preguntaría…a los señores Somerset y Lieberman.

– No, no, si ya venimos de ahí y hemos concluido que ese no será mi destino. 

– Están un poco locos, pero aquí cada uno tenemos lo nuestro. Si ya ha estado con ellos le habrán explicado que los objetivos funcionales que usted se ha marcado pueden ser alcanzados de forma ambulatoria o en el entorno comunitario.

– Eso dijeron sí.

– Pues en función de la complejidad del caso, de la forma de llevar a cabo el tratamiento (individual o grupal) y de su emplazamiento (hospital, clínica en la comunidad, etc.) se debe decidir si derivarle a un único profesional, un equipo interdisciplinar o un servicio de rehabilitación especializado.

– Me parece correcto.

– Una vez hecho esto, hay que aclarar que la rehabilitación debe ser proporcionada o supervisada por un profesional de la salud con conocimiento y experiencia clínica en artrosis y ATC. 

– Faltaría más. Y lo primero de todo será una buena valoración, ¿verdad?

Alicia buscó con la mirada al hombre de rayas pero no le encontró. Dio una vuelta sobre sí misma y descubrió su sonrisa en una esquina de la sala. 

– Comencemos:

La valoración inicial

de un fisioterapeuta determina

la magnitud de los déficits

y la intensidad de rehabilitación requerida.

La valoración se centra

en la seguridad del paciente en el hogar

y en las capacidades físicas y funcionales

para las actividades de la vida diaria.

Toda esta información 

es valorada

con herramientas de medición

que están validadas.

Los objetivos se establecen

con el paciente, la familia

y los profesionales de la salud

que le atienden.

En base a todo esto se desarrolla

un plan de terapia personalizada

ya sea de forma grupal

o individualizada.

Alicia recordó que en pre-habilitación habían medido sus rangos de movimiento, su fuerza y la velocidad de la marcha para valorar su estado funcional. También había rellenado el cuestionario WOMAC y realizado la prueba Timed Up and Go. 

– Eso haremos exactamente aquí –dijo el gat…el hombre de la sonrisa. 

– ¿El qué?

– Lo que acabas de pensar.

– ¿Y después?

– Veamos:

El tratamiento incluye

ejercicios de fuerza 

de rango de movimiento,

y entrenamiento funcional:

marcha, transferencias, 

equilibrio y escaleras.

Los ejercicios pautados

en casa podrán ser ejecutados.

El entrenamiento de fuerza progresivo 

con intensidad y dosificación suficiente 

debe inducir efectos fisiológicos 

y ser un esencial componente. 

Los programas de ejercicio 

grupal o individual

te pueden beneficiar.

Decidiremos la modalidad

y si es preciso supervisar

en función de tu necesidad.

Tus capacidades funcionales

debes mejorar

en base a los objetivos

que nos vamos a marcar.

Aplicaremos terapia manual

según necesidad.

A los profesionales se nos facilitará

formación estandarizada 

y en ciencia basada.

Así tendremos conocimientos

y habilidades actualizadas

para proporcionar efectivos tratamientos 

de seguridad garantizada.

Alicia no podía dejar de mirarle. Mientras recitaba, el hombre se contoneaba entre las sombras y a veces solo podía ver su sonrisa. 

– Y, ¿cuándo empezaría todo esto?

– La sesión inicial se programará 2-6 semanas después del alta. Esta horquilla es tan amplia porque se deben tener en cuenta las diferentes técnicas quirúrgicas, los perfiles del paciente y su entorno.

– Entiendo. ¿Cuál será la duración y la frecuencia del tratamiento?

El hombre pegó un brinco y se puso a su lado, le rodeó y fue dando pasos cortos hasta un butacón en otro extremo de la consulta.

– Lo habitual es una o dos sesiones grupales y/o individuales. 

– ¿Solo?

– Esto es así en el 75-80% de los casos.

– Pensé que serían más.

– Un 20-25% de los casos tiene una progresión más lenta y puede requerir hasta 8 sesiones individuales.

– Claro, dependerá de muchos factores.

– Compruébelo:

Los factores personales y externos 

serán tenidos en consideración 

por su posible influencia 

en la dosis general de la rehabilitación.

La frecuencia depende

del logro de los objetivos, 

generalmente 

no más de una vez por semana.

Depende la duración 

del logro de objetivos funcionales 

y de independencia, 

o de una estabilización en la progresión.

El tipo se tomaba algunas licencias poéticas. A veces no rimaba ni por asomo. Sea como fuere, Alicia tenía una duda desde que había comenzado su periplo por el hospital. Todos le decían que el tratamiento era igual de beneficioso si se recibía de manera individual o grupal. Pero, ¿cómo se decidía entre un

– ¿Que cómo se decide entre un formato u otro?

– “Este hombre está en mi mente”, pensó Alicia.

– Lo estoy.

– Bueno, pues dígame cómo se decide.

– Sus deseos son órdenes:

Incluir al paciente

en tratamiento individual o grupal

requiere de valoración

por parte del profesional.

La situación prequirúrgica

es fundamental:

contracturas de larga data,

desequilibrio muscular,

comorbilidades,

todo hay que analizar.

La complejidad de la cirugía,

en consideración tendremos.

 Hablamos de fracturas, osteotomías

o reconstrucciones con injerto.

Aspectos sociales y culturales juegan su papel:

ya sean barreras en el lenguaje

o la imposibilidad para seguir las instrucciones

y hacerlo todo bien.

– Una o dos sesiones se usarán para valorar al paciente, repasar los materiales educativos, ayudarle a progresar en su programa de ejercicios en casa, revisar los objetivos y abordar cualquier inquietud –dijo Alicia.

¡Un momento! ¿Cómo había dicho eso? Se asustó. Aquello era desconcertante. Se dio cuenta de que ciertos conocimientos estaban ahora en su cerebro. 

– No tenga miedo Alicia, mi trabajo consiste en alentar y capacitar al paciente para autogestionarse.

– Se está usted pasando un poco.

– Ya estamos terminando. Ahora aprenderá que algunos pacientes pueden requerir sesiones adicionales para (a) realizar una revisión general, (b) ayudarles con la progresión del programa de ejercicios, (c) evaluar la necesidad de ayudas para la marcha u otras necesidades funcionales.

– Espero que me vayan informando oportunamente de mi progreso como mandan los cánones. 

Alicia se llevó las manos a la boca. No podía impedir decir esas cosas, no tenía el control sobre sus palabras.

– Por otro lado, el señor Lyrion le habrá instruido sobre la educación del paciente y sus familiares –dijo él.

– Usted sabrá. Está dentro de mi cabeza. 

– Ese pequeño genio es un especialista en la materia. Solo haré algunas apreciaciones que se ajustan a la rehabilitación ambulatoria:

La mayor parte de la recuperación 

tendrá lugar en la comunidad. 

El paciente debe recibir instrucción

sobre ejercicios y actividades funcionales

 que ha de realizar en el hogar sin dilación.

La educación cubrirá aspectos como

la formación para el cuidador,

la reanudación segura de la actividad,

la movilidad y precaución,

la progresión esperada,

y el manejo del dolor.

Los pacientes pueden requerir educación

 hasta un año después;

esta debe ser consistente 

y estar disponible a través de sitios web, 

materiales escritos,

profesionales de atención primaria, 

llamadas telefónicas y 

por qué no, videollamadas.

Se educará al paciente

para que gestione sus cuidados.

Le animaremos para que sea

 más activo físicamente 

y lograr los beneficios asociados 

con hacer ejercicio moderado regularmente.

– Medirán mi dolor con herramientas validadas e integrarán su manejo dentro de mis cuidados para que yo pueda ser parte activa de la rehabilitación y retornar a mis AVDs.

– Bien dicho, ¿y no me va a preguntar por Juanjo?

Alicia se sobrecogió. Se había olvidado de él todo este tiempo. Sacó el teléfono e intentó llamarle pero la cobertura era nefasta.

– Aquí dentro no creo que pueda llamar. Pero si yo buscara a su marido, esperaría a que le explicara el proceso de alta, y después le ayudaría. 

– No tarde por favor. 

– Como parte del plan de continuidad de cuidados:

Revisaremos juntos 

los objetivos y expectativas del tratamiento, 

los beneficios de un estilo de vida saludable y activo

 y los criterios para poder darle de alta contento.

Le remitiremos a recursos de la comunidad

según corresponda:

gimnasios, asociaciones, clínicas de prevención de caídas…

no hace falta aún que responda.

Le proporcionaremos el nombre, 

la fecha y la hora 

de su próximo proveedor de atención. 

Si este es ajeno a nuestro hospital,

completaremos un informe 

que al menos contendrá: 

fecha de alta, restricciones para cargar peso,

medicación y próxima cita de seguimiento.

– Venga, venga y ¿cuándo me darían el alta?

– Los criterios para recibir el alta son: 

alta en prótesis de cadera


– De acuerdo, he aprendido mucho. Lo tendré todo en cuenta –dijo Alicia–. ¿Puede ahora ayudarme a encontrar a mi marido? Quiero ir a buscarle, pero no sé por dónde.

– Claro que no lo sabe, porque aquí nadie sabe nada. Solo se puede saber lo que dispone la rei

El teléfono de Alicia sonó, interrumpiendo la frase. Era un mensaje un tanto enigmático de Juanjo. Lo leyó en alto. Decía que no podía salir de la consulta de al lado, la puerta se había atrancado. Que por favor corriera a ayudarle o iba a perder el juicio. 

– Pero cómo voy a pasar si la puerta está atrancada.

– Es importante que acudas a este llamado –dijo el hombre de rayas caminando en la penumbra–. Como soy gente de bien, te diré que puedes entrar…por acullá. 

Un haz de luz cegador resquebrajó la pared. Había abierto un puerta que conectaba las consultas. Alicia agradeció su atención a aquel hombre tan sonriente y cruzó el umbral.

– Nos volveremos a ver –dijo él.

Fase Posoperatoria – Nivel domiciliario


La consulta estaba a reventar. Una mujer vestida de rojo dominaba la escena tras la mesa del despacho. El resto parecían sus súbditos. Alicia no lograba ver a Juanjo.

– Buenas, estoy buscando a

– A ver, por favor señora un poco de educación –dijo la mujer de rojo dirigiéndose a Alicia–. Si entra usted a una consulta en la que se está celebrando una reunión lo mínimo es disculparse por interrumpir, presentarse y explicar sus motivos. 

– Tiene toda la razón, ocurre que estoy nerviosa porque no encuentro a mi marido. Discúlpenme. 

– Eso está mejor. Ahora dígame de dónde viene y a dónde va.

– Buenas tardes, me llamo Alicia. Vengo de la consulta del señor…bueno del señor con la sonrisa tan grande. Y como he dicho antes, quería saber

– Aquí nadie sabe más que yo.

Alicia se quedó cortada. Las demás personas asintieron con la cabeza agachada. 

– Estamos iniciando un juicio y yo hago las preguntas. Hagan pasar al acusado.

La puerta que había detrás de ella se abrió y ahí estaba Juanjo. Pasó y se sentó frente a la mujer.

– ¡Es mi esposo!

– ¡Sileeeeeencio! Continuemos por favor.

– La Consulta de la Fase Posoperatoria a Nivel Domiciliario contra Juan José López Garrido. Preside la honorable doctora Reina– dijo una voz por la megafonía–. Se acusa al reo de alta traición al intentar que su esposa sea tratada en su domicilio tras la ATC sin cumplir uno solo de los criterios que se citan a continuación:
Para que un paciente acceda a fisioterapia en el hogar, se debe cumplir al menos uno de los siguientes criterios:

El paciente está confinado en casa, no salía anteriormente y participar en un programa de rehabilitación ambulatorio afectaría negativamente a su progreso.

Deterioro cognitivo de tal manera que participar en un programa de rehabilitación ambulatorio impactaría negativamente en su progreso.

La lista de espera para la rehabilitación ambulatoria no permite proporcionar acceso oportuno a la rehabilitación como lo recomiendan las mejores prácticas.

Otras circunstancias atenuantes que se revisarán de forma individual.

La dificultad para encontrar transporte no se considerará, por sí sola, una razón para autorizar la fisioterapia en el hogar.

– Es cierto que algunos pacientes pueden requerir fisioterapia en el hogar durante un tiempo debido a barreras físicas en el entorno, por ejemplo escaleras –dijo la doctora Reina–. Pero en general, los pacientes que reciben rehabilitación en el hogar deben ser reevaluados regularmente para determinar si sus objetivos funcionales se pueden cumplir en un entorno ambulatorio/comunitario fuera del hogar.

– Sabias palabras doctora Reina –dijo Juanjo–. Sin embargo todo esto se trata de un error. Entré aquí por curiosidad. Mi esposa fue al baño y quise adelantarme para ver qué nos depararía esta consulta. Jamás quise importunarles. 

– Yo ya conocía la existencia de su esposa y tenía muy claro que no necesitaba atención domiciliaria –dijo ella.

– Nadie sabe más de lo que usted sabe, majestad –aseguró Juanjo.

– Así es querido, ¿listo para oír la sentencia? Córrrrtenle la

– Oiga, oiga doctora Reina, no han declarado los testigos. ¿Podríamos llamar a uno o dos? ¿Eh, podríamos? 

Un hombrecillo con bigote había impedido que la doctora Reina acabase la frase. Era el doctor Reynols.

– Ohhhh, acepto –dijo la mujer un tanto chafada–. ¡Pero pronto! 

– Que pase el primer testigo –dijo Reynols atropelladamente. 

Dos enfermeras entraron en la consulta acompañando al señor Lieberman, taza de té en mano.

“Estamos apañados”, pensó Alicia.

– ¿Qué sabe usted de este lamentable caso? –le preguntó Reynols.

– ¡Nada! 

– ¿Nada de nada? –dijo la doctora Reina.

– ¡Nada de nada! –exclamó Lieberman.

– Eso es muy importante –dijo ella–. Tomen nota de esto. Si nadie sabe nada, yo les voy a ilustrar. A nivel domiciliario la valoración se centra en la capacidad física y funcional, el desempeño en las AVDS, el riesgo de caída y la seguridad en el hogar. Con esta información diseñamos intervenciones para lograr los objetivos acordados con el paciente. Tomamos muy en cuenta el estado cognitivo de la persona y su posible impacto en los resultados.

– Tengo claro que no voy a necesitar sus servicios –insistió Alicia desde su bancada.

– ¡Sileeeeeencio! ¡Otro testigo!

– El señor Somerset –anunció Reynols.

Somerset entró en la consulta haciendo malabares con el juego de té y se paró frente a la doctora Reina.

– ¿Dónde estaba usted cuando este horrible crimen se cometió? –inquirió Reynols.

– Estaba en mi consulta tomando té. Hoy celebro mi NO intervención en este proceso de rehabilitación.

– Mire qué bien doctora –dijo Reynols–. Nosotros tampoco atenderemos a esta señora. 

– ¡Vivaaa! –gritaron Lieberman y Somerset al unísono–. ¡A brindar!

La doctora Reina estaba radiante por ello. Pero no quiso perder la oportunidad de mostrar sus vastos conocimientos sobre el tratamiento posoperatorio en el hogar.

– Aún así ha de saber, Alicia, que el tratamiento comenzaría dentro de los 7 días posteriores al alta en función de sus necesidades o circunstancias. Si es identificada como paciente de alto riesgo el inicio sería cuanto antes. Como ya habrá aprendido, se miden los rangos de movimiento, la fuerza y la velocidad de la marcha para la valorar su estado funcional. También rellenaría el cuestionario WOMAC y haría la prueba Timed Up and Go.

– Qué pronto se empieza en este nivel –apuntó Alicia antes de que la doctora prosiguiera.

– Lo habitual son sesiones una vez por semana durante las primeras semanas y después se harían ajustes en base al progreso, el cual es siempre compartido con usted. Además le alentamos y habilitamos para fomentar su autocuidado. 

– Excelente exposición –dijo Juanjo mientras guiñaba un ojo a Alicia–. Explique ahora cuánto dura el tratamiento.

La doctora Reina estaba encantada. Adoraba las alabanzas. 

– La duración depende del logro de los objetivos relacionados con la independencia funcional o de una estabilización en la progresión. Por tanto es variable y tiene en cuenta las necesidades del paciente. Lo habitual es un máximo de 12 semanas, si el paciente no ha podido incorporarse antes a un programa ambulatorio. 

– No deje de iluminarnos doctora, ¿en qué consiste el tratamiento? –preguntó Juanjo para complacerle.

– Se asemeja a lo que ya les han contado. Será atendido por un fisioterapeuta con el que llevará a cabo un programa de ejercicio para mejorar el rango de movimiento y la fuerza. Entrenarán actividades funcionales: marcha, escaleras, transferencias y equilibrio. Si lo necesita se aplicará terapia manual. Y sobre todo, repitan conmigo, el entrenamiento de fuerza progresivo con intensidad y dosificación suficiente debe inducir efectos fisiológicos y ser un esencial componente. 

Todos los asistentes entonaron la frase y Alicia captó rápidamente el mensaje. La doctora Reina sintió que se le escapaba algo, mas no tuvo tiempo de finalizar.

– Que pase el tercer testigo –dijo Reynols.

El señor Lyrion accedió a la consulta con su cara de haber dormido 3 días seguidos y no haber sido suficiente. 

– ¿Y tú qué tienes que decir acerca de esto? –dijo la doctora–. ¿Acaso estabas despierto cuando sucedió?

Toda la corte le rió la gracia.

– Estimada doctora Reina, solo he sido testigo de una cosa: se ha olvidado de explicar lo relacionado con la educación al paciente y su familia.

La mujer enardeció pero Reynols contuvo su ira y pidió a Lyrion que continuara.

– Los temas de educación no se distinguen mucho de lo ya aprendido. Haré un resumen para no extenderme: 

educacion en rehabilitation protesis cadera


“Es raro que nadie hable sobre el dolor. Deberían medirlo con herramientas validadas e integrar su manejo dentro de mis cuidados para que pueda ser parte activa de mi rehabilitación y retornar a las AVDs”, pensó Alicia.

– Y proporcionarle a usted educación y recursos para el manejo del dolor multimodal –le dijo una voz al oído a Alicia. 

Miró a su derecha y allí estaba sentado el hombre sonriente. Había vuelto a leerle la mente.

– Juguemos un poco con la doctora Reina –le dijo él en voz baja–. No me gusta que sea tan marisabidilla. 

Alicia llamó la atención de Juanjo para mostrarle con quién iba a seguir el proceso de rehabilitación ambulatoria. Cuando fue a señalarle, el hombre de la sonrisa ya no estaba.

– Esta señora ya cumple con los criterios para que le den el alta –dijeron por la megafonía–. Ella y su marido son libres.

– ¿Cómoooo? ¿Es eso cierto? –exclamó la doctora Reina. 

Alicia reconoció la voz del hombre sonriente y vio su oportunidad. Buscó en su memoria todo lo aprendido y probó suerte.

– Así es alteza. Mis rangos de movimiento y fuerza son funcionales. Puedo caminar independientemente en interiores y exteriores con mi producto de apoyo. Las transferencias en mi hogar y vehículo son seguras. Soy capaz de usar las escaleras. La herida y el hinchazón están controlados así como el dolor. Y si necesito equipamiento más adelante sé cómo adquirirlo y usarlo.

– Se cree usted muy lista –dijo la doctora acercando su cara a la de Alicia–. Pero no se irá de rositas. Aunque lo que ha dicho fuera cierto, no debió haber recibido todas las sesiones en el domicilio. Seguro que llegó un punto en que usted era capaz de entrar y salir de su casa y su vehículo sin problemas. Y en ese momento usted debería haber iniciado la rehabilitación ambulatoria.

Alicia no sabía dónde meterse. 

– Conque¿tiene algo más que añadir antes de la sentencia?

– Ah, simplemente que eres una doctora altiva, presumida y maleducada, jajaja –sonó por la megafonía.

La doctora Reina explotó.

– ¡Cóoooortenle la cadera! 

La situación de desbordó. Alicia comenzó a correr apoyada en el hombro de Juanjo. Lieberman y Somerset les ofrecieron un té, no podían irse sin celebrar la sentencia. Lograron esquivarles. Lyrion quiso mostrarles una impactante infografía con los resultados del último metaanálisis sobre educación del paciente tras una ATC. Casi pasaron por encima de él. Al llegar a la puerta de salida seguía trabada. Cuando parecía que iban a darles caza, la puerta se abrió. Al otro lado, el hombre sonriente hizo una reverencia.

– Hasta pronto –dijo.

Y desapareció por arte de magia. Juanjo cerró la puerta y ambos salieron pitando a la consulta de pre-habilitación. 

De vuelta a pre-habilitación


Todo el equipo estaba allí cuando entraron sin llamar. 

– Vaya cara de susto traéis –dijo Andrés, el terapeuta ocupacional. No hay de qué preocuparse, son inofensivos.

Claudia y Laura sonreían tapándose la boca. La doctora Esperanza invitó a Juanjo y Alicia a que se sentaran.

– ¿Qué tal os ha ido? ¿Habéis sacado alguna conclusión? –les preguntó. 

– Os lo pasáis pipa por aquí, ¿eh? –dijo Alicia. ¡Qué guasa tenéis! Sí que hemos aclarado muchas dudas y aprendido sobre el tratamiento posoperatorio. Lo haré de forma ambulatoria, ¿verdad?

– Cierto, ¿cómo lo sabes? 

– Me pareció ver un lindo gatito y me lo contó.

– Verás, la rehabilitación multidisciplinar después de una ATC primaria puede optimizar los resultados a nivel de actividad y participación. Esta se puede proporcionar más fácilmente en un entorno ambulatorio, que en un entorno domiciliario. 

– Parece lógico –dijo Alicia.

– La evidencia sugiere que (a) los equipos de atención integrada, (b) el manejo coordinado de los factores biopsicosociales del paciente y (c) las intervenciones en las que concurre el ejercicio y el fomento del autocuidado pueden reducir el dolor, optimizar los resultados y mejorar la función.

– También he intuido que el tratamiento será grupal ya que produce resultados similares a la terapia individual. 

– Y es más costo-efectivo –apuntó Laura.

– Eso es –dijo Esperanza–. Permite ofrecer más sesiones a menor coste.

– ¿Y cuántos pacientes forman los grupos? –consultó Alicia. 

– El consenso de los expertos y los informes de satisfacción del paciente sugieren que los grupos pequeños, de 3 o 4 pacientes, son los mejores –afirmó Esperanza.

– Muy bien, ¿algo más que deba saber? – dijo Alicia mientras se levantaba. 

– Todo lo que has aprendido hoy está basado en el “Marco de mejores prácticas de atención de rehabilitación para pacientes con reemplazos de cadera o rodilla” desarrollado por la Rehabilitative Care Alliance de Ontario (7). No significa que en todos los países o ciudades se sigan exactamente estas directrices, ni mucho menos. Esta historia pretende dar a profesionales, pacientes y familiares una referencia acerca de qué puede suceder en cada una de las fases y niveles de atención. Ofrece información sobre aspectos fundamentales como la valoración, el tratamiento, el dolor, la educación del paciente y familiares, la transición entre niveles y las herramientas de medición de resultados. Las personas candidatas o sometidas a una artroplastia total de cadera y los profesionales de la salud implicados tienen aquí un punto de encuentro sobre el que construir su propia experiencia. 

Alicia le miró extrañada. 

– ¿A quién le estás hablando? 

La cámara se fue alejando. El plano se fue abriendo hasta que apareciste tú, querido lector/a. Tú estabas detrás de todo esto. Está en tu mano hacer el mejor uso de ello…desde el otro lado espejo (8). 

Referencias

(1) Okafor L, Chen AF. Patient satisfaction and total hip arthroplasty: a review. Arthroplasty 2019;1(1):1-7.

(2) Ageberg E, Link A, Roos EM. Feasibility of neuromuscular training in patients with severe hip or knee OA: The individualized goal-based NEMEX-TJR training program. BMC musculoskeletal disorders 2010;11(1):126.

(3) Dargel J, Oppermann J, Brüggemann G, Eysel P. Dislocation Following Total Hip Replacement. Dtsch Arztebl Int 2014;111(51-52):884-890.

(4) Barnsley L, Barnsley L, Page R. Are Hip Precautions Necessary Post Total Hip Arthroplasty? A Systematic Review. Geriatr Orthop Surg Rehabil 2015;6(3):230-235.

(5) van der Weegen W, Kornuijt A, Das D. Do lifestyle restrictions and precautions prevent dislocation after total hip arthroplasty? A systematic review and meta-analysis of the literature. Clin Rehabil 2016;30(4):329-339.

(6) Smith TO, Jepson P, Beswick A, Sands G, Drummond A, Davis ET, et al. Assistive devices, hip precautions, environmental modifications and training to prevent dislocation and improve function after hip arthroplasty. Cochrane Database Syst Rev 2016;7:CD010815.

(7) Rehabilitative Care Alliance. Rehabilitative Care Best Practices for Patients with Hip & Knee Replacement. 2019.

(8) Geronimi C, Luske H, Jackson W. Alicia en el país de las maravillas. 1951.

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