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La trampa de la autoexigencia destructiva

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Pensar “Si me exijo más, alcanzaré mayor éxito” es un error que comúnmente nos va a llevar a sentir emociones desadaptativas, como frustración, ansiedad, tristeza y una insatisfacción permanente en las diferentes áreas de nuestra vida. Aquí entra la autoexigencia con nosotros mismos.

La autoexigencia puede entenderse como una forma insana de relacionarnos con uno mismo. Se traduce en un diálogo interior caracterizado por críticas hacia uno mismo, autoevaluación negativa y búsqueda constante de una perfección que no existe. Normalmente, malentendemos la perfección como la mejora de nuestras potencialidades, sin darnos cuenta de que realmente estamos persiguiendo lo peor de uno mismo.

Es cierto que hay una parte sana de la exigencia. El esfuerzo y la motivación son necesarios para ponernos en acción y conseguir nuestras metas. Sin embargo, cuando se convierte en un diálogo rígido, controlador, con metas inalcanzables y aparece un intenso miedo al fracaso, hacen que la vida sea un continuo sufrimiento.

¿A quién quiero impresionar? ¿Soy una persona demasiado autoexigente?

Una persona autoexigente tiene un patrón cognitivo habitual que se ha adquirido en sus primeros años de vida a través de las relaciones primarias, figuras de apego y experiencias posteriores.

Además, nuestro entorno juega un papel muy influyente en esta relación que mantenemos con uno mismo. La sociedad actual fomenta la idea de que lo más importante es alcanzar el éxito de forma inminente, impulsando unas altas expectativas de rendimiento, midiendo el valor de las personas por lo que adquieren materialmente y no por lo que son.

Cuando caemos en esta trampa, dejamos de lado nuestros sentimientos y/o deseos, para buscar la aprobación externa, sin darnos cuenta de que no es necesario autocastigarse para llegar a ser exitoso. No es justo que seas la persona que más se juzga, castiga y culpa debido a querer seguir unos esquemas e ideas rígidas.

Algunos mensajes que indican una autoexigencia destructiva son:


Sé perfecto/a:


“necesito que me vean profesional” “tengo que ser el/la mejor”, “no te puedes equivocar”, “tengo que ser el/la primero/a”, “necesito ser efectivo/a”

Sé fuerte:


“no seas tan sensible”, “puedes con todo”, “aguanta un poco más”, “no necesitas a nadie”, “que te van a decir que ya no sepas”

Sé productivo/a:


“no lo dejes para mañana si lo puedes hacer hoy”, “ya descansarás otro día”, “no debo parar”

¿A quién queremos demostrar?

Normalmente pensamos que es a nosotros mismos, pero realmente queremos agradar y gustar al resto para conseguir la aprobación externa.

En realidad, no necesitas ser perfecto, fuerte y productivo siempre. Necesitas ser feliz. A veces solo se trata de disfrutar del camino, por ello, haz las cosas adecuadamente, no perfectamente.

Cuando la autoexigencia pasa de ser constructiva a ser destructiva

Parece que ser una persona autoexigente no tiene repercusiones más allá del estrés que supone. Sin embargo, cuando la autoexigencia pasa de ser constructiva a ser destructiva, puede afectar a las diferentes áreas: personal (autoestima, autoconcepto, desarrollo personal), familiar, social, laboral y salud mental y física.

Es probable que una persona con una alta autoexigencia se muestre insatisfecha y le cueste encontrar el bienestar en su día a día. Normalmente, cuando se obtienen buenos resultados nunca llega a ser suficiente, por lo que no consigue disfrutar ni valorar los logros que son conseguidos.

Al no cumplir las metas que se fijan (con cierta frecuencia rígidas e irreales), se tiende a infravalorar las propias capacidades y el esfuerzo que se ha empleado, lo que hace que la autoestima se muestre inestable.

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¿Cuáles con las consecuencias de la autoexigencia?

Esto puede hacer que la persona sufra mayores niveles de estrés, ansiedad o incluso depresión. Existe un miedo excesivo acerca de sus capacidades y desempeño, lo que a la vez le hace más vulnerable a posibles somatizaciones, debido a la tensión y al aumento de secreción de las hormonas vinculadas al estrés. Una mala gestión de esta ansiedad a la vez puede derivar en conductas altamente perjudiciales y/o peligrosas.

La salud de personas con una autoexigencia destructiva puede estar afectada, sufriendo abatimiento, déficits en la memoria, calambre muscular, migrañas, problemas gastrointestinales, fibromialgia y llegar a adquirir enfermedades crónicas como las cardiovasculares.

En muchas ocasiones, suelen mostrarse exigentes también con los demás, lo que genera más conflictos y por lo tanto se ven afectadas también las relaciones personales, no encontrando tampoco la satisfacción en estas interacciones.

En cuanto al ámbito laboral y/o académico, el miedo intenso a equivocarse o fallar, facilita que la persona con estas características tienda a la procrastinación, posponiendo así las tareas para evitar posibles errores.

¿Cómo podemos trabajar la autoexigencia destructiva?

No existe una única solución para la autoexigencia destructiva. Esta parte nuestra no va a desaparecer de un día a otro, pero es importante trabajarla debido a las consecuencias negativas que conlleva.

Para empezar, es importante aceptarla como tal y en vez de luchar contra ella, tenemos que conocerla y reconducirla de tal forma que nos sume, siendo un impulso hacia el crecimiento y bienestar personal. Por lo que es importante explorar las creencias de uno mismo, el diálogo interior, las metas fijadas y la historia de vida.

Este patrón es aprendido, por lo que podemos modificarlo para mejorar la calidad de vida. La idea es validarnos a nosotros mismos por el simple hecho de existir, por ello principalmente lo más importante es trabajar la autoestima.

Los puntos que nos ayudan a trabajar la autoexigencia son:

Atiende a tu diálogo interior: lo que nos decimos a nosotros mismos influye directamente en las emociones que sentimos y las conductas que llevamos a cabo. Por ello es importante detectar esta exigencia en nuestro diálogo y empezar a cambiar nuestro lenguaje. Utilizar imperativos puede convertir tu vida en un martirio.
Debería limpiar la casa hoy -> Me gustaría dejar limpia la casa hoy.

 

No puedo dejar esta parte del trabajo sin hacer -> Me gustaría terminar este trabajo, pero puedo organizarme para terminarlo mañana.

 

Tengo que hacer deporte sí o sí -> Me gustaría hacer deporte hoy.

 

Debo ganar esta competición -> Quiero hacerlo lo mejor posible porque esta competición es muy importante para mí.

 

No puedo suspender este examen -> No me gustaría suspender este examen, por ello voy a esforzarme.

 

Debería hacerlo yo solo -> Podría necesitar ayuda para hacerlo.

He hecho mal el ejercicio, soy un fracasado ->  Me equivoqué en el ejercicio porque estaba muy cansado y me costaba mantener la atención. Quiero ver en qué he fallado para mejorar.

Cuando nos proponemos un objetivo no tenemos que plantearlo desde la obligación, sino más bien desde la intención.

Detecta creencias y patrones de pensamientos rígidos e inflexibles. Ten en cuenta que no hay nada absoluto ni extremo. Nada es blanco o negro, no tienes por qué definirte como exitoso o fracasado, no tienes por qué ser inteligente o tonto, capaz o incapaz, nunca o siempre, todo o nada Valora otras interpretaciones alternativas para darle flexibilidad a tu modo de ver las cosas. No conviertas el éxito o reconocimiento en un valor. Si solo te centras en conseguir algo extremo, te olvidarás de disfrutar del camino.

¿Qué es lo peor que puede pasar si cometes un error? Permítete equivocarte y deja de observar en ti solo lo malo. Si solo te concentras en tus errores, nunca verás los logros.
Lo mejor es aceptar cuando no cuentas con las capacidades y/o instrumentos necesarios para conseguir lo que te habías propuesto.

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Reformula objetivos de forma realista. Si hay una distancia muy amplia entre tu “yo ideal” y tu “yo real”, será más difícil alcanzar tu objetivo y con mayor facilidad aparecerán sentimientos de frustración e inseguridad. Por lo que es importante ajustar tus habilidades y capacidades de forma realista para lograr tu fin, ya que, si te exiges un fin sin poseer lo necesario, se volverá una tortura. Todo aquello inalcanzable solo te traerá frustración y la sensación de que no consigues lo que te propones.
Trabajar la autoexigencia destructiva, consiste en trabajar de forma constante.

El trabajo de la autoexigencia destructiva es cotidiano. Cada día tenemos la oportunidad para ser amables, autocompasivos y tolerantes con nosotros mismos. Si tu valía personal depende de logros, reconocimientos y factores externos, quizás no te quieras tanto.

¿Te has identificado con alguna de estas características y/o dificultades?

¿Serías tan exigente con una persona a la que quieres?

Si piensas que la autoexigencia forma parte de ti y está interfiriendo en diferentes ámbitos de tu vida en Psicólogos Ansiedad Málaga podemos ayudarte con este problema para reducir el malestar ocasionado y aumentar tu calidad de vida.

María Luisa García Lemus

Psicóloga Colaboradora en Psicólogos Ansiedad Málaga

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