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Cómo superar el dolor, mirarlo de frente y abrazarlo sin miedo

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A estas alturas, imagino que estarás más que familiarizado con la idea de que el mundo en realidad no es como es, sino que es como tú lo ves.

Seguro que entiendes la importancia de ser consciente del modo en que percibes las cosas, e incidir sobre esto, para aprender a vivir mejor.

Otra cosa es aplicarlo de verdad. Hoy vamos a fortalecer en ti el 'músculo de la percepción optimizada'. ¿Te parece?

Hoy vengo a hablarte del filtro a través del cual observas tu mundo.

Del modo en el que te cuentas las cosas que te pasan. De las 'gafas' que te pones para ver todo lo que te rodea.

Voy a invitarte a reflexionar a fondo.

Voy a proponerte que te atrevas a experimentar que puedes cambiar tu vida cambiando primero lo que sientes sobre ésta (tal cual es ahora) y no al revés, como siempre nos enseñaron.

Nos entrenaron para cambiar nuestras circunstancias y así alcanzar (supuestamente) felicidad y bienestar.

Yo te digo: Aprende a convertir esto que te ocurre ahora mismo en algo bueno (o en algo con sentido para ti) y todo se moverá ofreciéndote una oportunidad de crecimiento que superará tus expectativas previas.

Esto es cambiar desde dentro. Esto es, en realidad, el único cambio posible.

Cuando cambias tu forma de mirar las cosas, las cosas que miras, cambian.

Wayne Dyer

Sé que suena abstracto y difícil de aplicar. Y sé que me propongo algo ambicioso.

Posiblemente ya se han movido tus primeras resistencias. Déjame decirte algo:

Yo lo he hecho (y mucha más gente, seguro que tú también alguna vez).

Yo personalmente lo he hecho con varias cosas, pero mi mayor logro fue la superación algo muy concreto y tangible: una enfermedad considerada crónica.

Sí, convertí mi dolor en una oportunidad de aprendizaje y autodescubrimiento. Superé límites mentales, hice cambios palpables en mi vida “real” (o externa) y la enfermedad y sus síntomas desaparecieron.

Te lo voy a contar todo en este artículo. Sigue leyendo.

El dolor

Hay aspectos de tu vida que te duelen, ¿verdad?

Quizá estás viviendo una etapa dulce y bastante agradable en estos momentos y la suerte parece sonreírte. Tal vez, en cambio, estás atravesando una de esas noches oscuras del alma

En todo caso, seguro que hay cierto grado de dolor ahora mismo en tu vida.

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Puede que se trate de algún tema concreto que te atormenta, un recuerdo que prefieres evitar, un asunto sin resolver y que te pesa, una parte de ti de la que no estás orgulloso.

Puede que este dolor emerja en algunos momentos inesperados y luego desaparezca, al menos en apariencia O puede que parezca estar persiguiéndote a todas horas.

En todo caso, lo que sé seguro es que sientes dolor.

Y lo que sé casi seguro también, es que intentas evitarlo.

Intentas rehuir las experiencias dolorosas, y acercarte a aquellas que te hacen estar bien. Sentir sólo aquellas sensaciones que te son agradables.

Y sé también, que esta tendencia es gran parte del problema.

Puede que no parezca tener sentido a priori.

No me malinterpretes, sé que es lo que parece lógico. Y no digo que, hasta cierto punto, esto no sea lo más sensato.

Peeerooo como digo, hasta cierto punto. Hay matices y de éstos quiero hablarte.

Nos han 'vendido' como normal esta actitud y todos los mensajes que recibimos por activa y por pasiva de nuestro entorno, van en esta dirección.

En este post hoy quiero romper un poco (o al menos, empezar a resquebrajar) ese mito. Voy a 'asomarte' a un enfoque o modo de ver las cosas distinto. Mucho menos popular.

Quizá no siempre evitar el dolor sea lo mejor.

Puede parecer contraintuitivo al principio. Sólo te pido que le des una oportunidad, ¿de acuerdo?

Míralo así: el modo en el que has hecho las cosas hasta ahora, te ha llevado a la situación exacta en la que te encuentras hoy. Si crees que hay cosas en tu vida que pueden mejorar Está claro que hay errores que se pueden subsanar. ¿Por qué no probar algunos cambios en tu modus operandi?

Te aclaro cómo entiendo yo el dolor

Antes de seguir avanzando, quiero hacer una pequeña aclaración.

Ya que este artículo versa básicamente sobre tu relación con el dolor, me parece interesante puntualizar lo que entiendo yo por este término, al menos en lo que a este artículo se refiere.

Durante el resto del post, cuándo hable de dolor, ten claro que me estoy refiriendo al dolor en cualquiera de sus formas. Me parece que la base es la misma, independientemente de sus manifestaciones.

Es decir, me refiero a dolor cuando eludo cualquier tipo de insatisfacción o malestar: ya puede ser sufrimiento, miedo, sensación de vacío, decepción, ansiedad

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Pero, es más, puesto que no creo en la separación total de ninguno de los aspectos que conforman nuestra vida, voy a meter en el mismo 'saco' otros factores de posible malestar, que no son directamente emocionales. Posibles ejemplos de esto pueden ser la carencia económica, los problemas laborales o la salud física.

Creo que todas las áreas de nuestra vida tienen relación entre sí y que una influye y es reflejo de la otra.

Quiero hacer énfasis en el tema de la salud porque es el ejemplo que voy a exponerte con mi historia.

Quiero aclarar, por ejemplo, que observo una obvia relación del desarrollo de una enfermedad física con la existencia de un conflicto interno (a menudo inconsciente) sin resolver.

Esta idea, puede levantar muchas ampollas, aunque también me consta que ya empieza a ser aceptada por muchos.

Aún así, sé de la dificultad que entraña sufrir una enfermedad o dolor físico incapacitante, y comprender y aceptar de qué modo tú te estás haciendo eso a ti mismo.

Así que aportarte mi experiencia sobre esto, puede servirte especialmente si sufres o has sufrido alguna dolencia física importante.

Lo que te cuento, no me lo ha explicado nadie. Lo he vivido en mi propia piel, por eso me parece que tengo cierta responsabilidad para propagar un mensaje que aún está bastante por descubrir.

En todo caso, seguiremos hablando de esto en este post.

Por ahora, sólo quería matizar que, cuando estoy hablando de dolor, también puedes incluir un dolor del cuerpo, si es que lo tienes.

Nuestro instinto de supervivencia, es a veces, un freno

Si te fijas, has estado toda la vida condicionado para que tus decisiones y los pasos que das en la vida, te alejen del dolor y te acerquen al bienestar.

Como ya decía antes, hasta cierto punto, esto es razonable. Es una cuestión de supervivencia.

Sin embargo, somos seres complejos con necesidades más allá de nuestra supervivencia.

Tenemos necesidades más sutiles que evolucionan con nosotros. Necesidades como la de realización, necesidad de dotar nuestra vida de sentido, de superarnos, de dejar nuestra huella en el mundo

Si quieres vivir en coherencia con este otro tipo de necesidad que, por otra parte, puede que no deje de crecer en ti, necesitas trascender tu instinto de supervivencia.

Y observa que no digo 'obviar'. Ese instinto tiene su función y merece nuestra atención. Sin embargo, si dejas que domine todas tus decisiones, te estará limitando enormemente.

¿No te has fijado que a veces tu miedo se dispara ante una situación desconocida, aunque no haya un riesgo real? Sin embargo, tu instinto de huida es tan potente como si lo fuera.

Si, en ese momento, obedecieras a ese instinto sin más criterio, estarías, literalmente, renunciando a tu libertad y a tu potencial de superación y crecimiento.

Bien, dicho esto, es hora de cuestionarse si siempre es recomendable evitar el dolor.

La evitación el dolor

Intentar evitar el dolor constantemente es una reacción instintiva. Como acabamos de comentar, reaccionar automáticamente, es renunciar, en gran medida, a tu libertad y al desarrollo de tu máximo potencial.

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Más aún, teniendo en cuenta que la mayoría de las veces, no existe un peligro como tal.

Así pues, creo que es interesante que te plantees en serio hasta qué punto tienes interiorizado este hábito de evitar el dolor, en qué áreas se manifiesta y te cuestiones a fondo si realmente es necesaria esa conducta.

Me explico: imagínate que has de decidir si marcharte a vivir lejos de tu hogar o no (es algo con lo que yo estoy lidiando personalmente en estos momentos).

Seguramente, hay montones de factores a tener en cuenta. Y está genial que hagas una revisión de todo ello e intentes elegir lo mejor para ti.

Sin embargo, si tienes muy automatizada la reacción de evitar el dolor, es posible que todo lo que te sea desconocido y te dé cierto miedo, quede rápidamente descartado, o casi.

Puede que existan muchos puntos a favor y muchas oportunidades si tomas la decisión de adentrarte en la incertidumbre. Sin embargo, esto implicará cierto grado de dolor y avanzar en esa dirección, va de la mano con aceptar y tolerar ese dolor.

No hay atajos en esto. Casi siempre (en realidad creo que siempre) todo crecimiento implica dolor, en mayor o menor medida. Implica traspasar nuestros límites, afrontar miedos

Cuando crecemos y evolucionamos es porque algo nuevo dentro de nosotros ha nacido. Para que esto nuevo nazca, seguramente algo viejo ha de morir primero. Y esa “muerte”, indefectiblemente, causa dolor.

¿Es malo esto? No necesariamente.

Así que ¿por qué no revisas en los próximos días cuántas de tus decisiones se basan en evitar el dolor, y te las replanteas un poco?

Si, dentro de ti, late la inquietud de crecer, de desarrollarte y descubrir mundos desconocidos en ti Si sientes dentro la pasión de vivir intensamente Te invito a que desafíes tu automatismo de evitar el dolor en cada decisión que tomes.

De hecho, creo firmemente en la importancia de revisar a fondo el modo en que tomamos nuestras decisiones para ir poniendo cada vez más coherencia entre nuestros anhelos ocultos y nuestra vida 'real' o física.

Es por esto que centro mi trabajo en la toma de decisiones consciente, para que aprendas a dirigir tu vida desde tu sabiduría interna y no desde los condicionamientos que recibiste del exterior.

Pero volvamos al dolor. Voy a contarte cómo trascendí mi dolor dejando de huir de él y teniendo el coraje de “abrazarlo” de una vez.

Mi dolor y yo

Obviamente, te voy a contar mi historia de forma muy resumida, sólo para que entiendas la idea que quiero transmitirte y aprendas a relacionarte con tu dolor de un modo nuevo que te lleve más allá de tus límites.

Si quieres saber más sobre cómo viví yo todo este proceso de transformación, te dejo por aquí un artículo en el que lo cuento todo: Mi Gran Decisión.

Esto ocurrió a principios del año 2014, hace ahora unos tres años.

Hacía unos diez años que sufría unos dolores de huesos incapacitantes, concretamente en las articulaciones de las caderas. Y hacía unos cinco que me habían diagnosticado una enfermedad “crónica”: espondilitis anquilosante.

Entré en el circuito médico tradicional, empecé a tomar un montón de medicación (toda únicamente paliativa, pues no había cura) y a estar todo el día en la consulta de diferentes especialistas.

Con todo esto, en realidad no hice más que empeorar y cada vez me sentía más enferma. No podía desconectar de mi enfermedad y me había identificado gradualmente con el papel de víctima en todo este asunto.

Físicamente estaba mal y me veía cada vez más limitada. Los dolores eran insoportables.

Finalmente me empecé a dar cuenta de que había entrado en una especie de rueda de hámster y, cuando llevaba unos dos años de tratamiento, lo dejé todo: dejé de acudir al médico sin dar explicaciones, dejé de tomar medicación y dejé de escuchar los consejos de la gente de mi entorno que me decía que estaba loca.

No empeoré. De hecho, mejoré un poco. Empecé a cuidar mis hábitos y a responsabilizare de mi bienestar.

Sin embargo, la enfermedad y el dolor estaban presentes y me impedían a menudo hacer una vida “normal”.

Yo indagaba sobre desarrollo personal y espiritualidad desde los doce o trece años, así que había leído mucho sobre la relación entre los conflictos emocionales y las enfermedades físicas.

Otro asunto, no obstante, era trasladar toda esa teoría a la práctica.

¿De verdad me estaba yo haciendo esto y estaba en mi mano curarme?

Cada vez veía más claro que la respuesta era sí, pero ¿Cómo?

Y llegó lo que tenía que llegar: Una crisis tan grande para la que no tenía respuesta, que tuve que “rendirme”.

Esa palabra (rendirse) está estigmatizada en nuestra sociedad. Sin embargo, bien entendida, es una puerta a un mundo de opciones nuevas.

No hablo de resignarse. Hablo de una rendición humilde y sincera. Hablo de un estado en el que sueltas lo que crees saber y te abres de verdad a encontrar nuevas respuestas.

Y el dolor se convirtió en un puente hacia mí misma

Ahora que lo miro con retrospectiva, puede decir que, en todo el proceso de mi enfermedad, hubo lucha y resistencia.

Interpretaba mi dolencia como algo malo e injusto y toda mi conducta iba dirigida a evitarla o minimizarla. No quería pensar en ella, evitaba las situaciones en las que se evidenciara mi incapacidad, planificaba mis actividades para evitar el dolor y, en definitiva, cada vez estaba más condicionada por mi enfermedad.

¿Conclusión rápida? La resistencia a algo le da más fuerza a ese algo. Hace que te obsesiones con ello, que le tengas miedo

Si miro más profundamente (aunque este post no da para adentrarme en esto) puedo ver que los conflictos de fondo que yo arrastraba inconscientemente dese la infancia, también se basaban en evitar el dolor (en este caso, emocional).

Llegó un momento (en marzo de 2014) que toda mi vida pareció hundirse: Tuve una crisis de pareja, me quedé sin trabajo, problemas familiares, y, como no, sufrí un brote de la enfermedad que me tuvo en cama tres semanas seguidas.

Ya no pude resistirme más y sentí el dolor (físico y emocional) en toda su crudeza.

Dejé de buscar alternativas para encontrarme mejor. Incluso pensé que no había solución para mí. Llegué a plantearme tramitar la invalidez permanente (cosa que nunca había hecho).

Desde ese dolor tan enorme, emergió algo distinto: una fuerza desconocida. Si ya no tenía nada que perder, podía probarlo todo.

Resumiendo, te diré que cogí una mochila y, en cuestión de unos días, me largué a hacer el Camino de Santiago.

Cojeaba y rabiaba de dolor y me cargué trece kilos a los hombros (hacía frío y necesitaba bastante equipaje) para caminar sola durante ochocientos kilómetros. Por supuesto, no había entrenado previamente.

Fue mi manera de decirle a mi dolor que ya no le tenía miedo.

Por supuesto, todos me dijeron que estaba loca. Pero yo me sentí más libre que nunca.

Caminé durante más de un mes, sufrí muchísimo dolor los primeros días. Pero me sentía feliz como nunca. Es difícil de explicar.

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Poco a poco, el dolor fue disminuyendo.

Me dio tiempo de reflexionar a fondo, darme cuenta de muchas cosas y decidir cambios grandes en mi vida.

Volví siendo otra persona y sanada por dentro y por fuera.

Emprendí una vida nueva, formé una familia y mi proyecto online se empezó a fraguar en mi mente.

Ahora tengo mis cosillas, mis miedos y algún síntoma suelto de vez en cuando. Pero ahora ya conozco la fuerza que tengo dentro. Y eso me acompaña y me empuja en cada decisión que tomo.

Es lo que quiero para ti.

Conclusión

Cuando tienes el coraje de mirar de frente a tu dolor y abrazarlo sin miedo, le estás diciendo a la vida y a ti mismo que tú eres más grande que él. Estás elevándote por encima de su sombra y, en ese transcurso, desarrollas fortalezas y capacidades que hasta ahora ni tú mismo sabías que tenías.

Cuando todo ya ha pasado y miras hacia atrás, te das cuenta que ese dolor vino a tu vida para enseñarte algo, para hacerte crecer.

Yo puedo decir bien alto que mi enfermedad es lo que mejor que me ha ocurrido en mi vida. Me empujó a elevarme por encima de ella y de la persona que había sido hasta ese momento.

Esto abrió ante mi infinidad de puertas que, de otro modo, hubieran permanecido cerradas.

Seguro que sabes de lo que hablo. Seguro que lo has experimentado en cierta medida.

Y mi pregunta ahora es: ¿Te atreves a desafiar tus límites y dar un paso hacia tu dolor para descubrir en quién eres capaz de convertirte?

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Soy Cristina Hortal, experta en Autoconocimiento y Conciencia.

Acompaño a personas en la toma de decisiones conscientes y valientes para que puedan guiar su vida hacia una coherencia mayor. Autora de este blog  y de tres libros de temática afín.

Ahora es tu turno

¿Qué te ha parecido la historia de Cristina? ¿Estás de acuerdo con que muchas veces hay que atravesar el dolor para superarlo? ¿Quieres compartir tu experiencia?

¡Te espero en los comentarios!
 

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