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Y el árbol rozó tu piel...y abrazó tu alma (Parte 2)

Ya conociste algo sobre los emprendimientos de cultivo en pequeñas parcelas de terrenos para lograr una producción sustentable,

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con rendimientos económicos viables, generación de recursos y extracción de material vegetal útil para la elaboración de infinidad de productos incluyendo medicamentos y cosméticos.
Un ejemplo que trato en la anterior nota es sobre la obtención de la cera de laurel.
Un elemento de color verde amarillento, de textura suave que huele a parafina.

Lo primero a tener en cuenta es que se trata de ejemplares muy valiosos para sostener el suelo.
Es decir, para ser insertados en zonas que sufren o han sufrido erosiones por vientos, por agua, etc… y donde se pretende normalizar la estructura del terreno.
 
Se la considera una planta pionera que modifica el terreno, permitiendo que se normalice la propagación de pastos naturales o insertados.
Esto se logra porque tiene un sistema de raíces muy largo, así como una copa muy densa y muy fuerte que soporta las peores condiciones climáticas.
 
De allí la importancia de plantas como éstas para evitar la erosión del suelo.
Se conoce que ancestralmente fue usado para extracción de cera, la que antes servía para fabricación de velas, jabones y betún.
 
Hoy día, y ya en un estudio presentado en un Congreso Latinoamericano e Ibérico de Químicos Cosméticos en Colombia, 2003, se plantea la utilización del producto céreo en ceras para pisos y para la fabricación de barras labiales, en reemplazo de cera de abeja y otras materias primas sintéticas que otorgan al labial su consistencia.

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Tomando en cuenta que la cera de abejas, proveniente de la producción de mieles en todo el corredor latinoamericano, se ve profundamente amenazada por la contaminación del suelo, aire y acuíferos, debido a los monocultivos y todo el aparato herbicida provisto por las semilleras, la población de abejas va disminuyendo y por consiguiente la cera de abejas se tornaría mas cara.

La extracción actual de la cera de laurel es por destilación por arrastre con vapor.
 
En un proyecto de educación ambiental, llevado a la realidad y conocido como “Laurelito protector”, 
se concientiza a la comunidad sobre la importancia de los ejemplares autóctonos.

En este caso el laurel, para fomentar su cultivo y aprovechamiento de los varios recursos como mejorar la economía de la región, mejoras ambientales, utilización de mano de obra local, protección y rehabilitación de suelos degradados, etc..

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Debido al continuo deterioro del ecosistema de montes naturales, problemas de re-inserción de pobladores locales que ven afectadas su modo  de vida, pérdida de los recursos silvestres, ampliaciones de las fronteras agrícolas que consiguen desvastar y degradar miles de hectáreas para mono-cultivos.

O la apropiación de las maderas autóctonas, y que a su vez trae como consecuencia el desmoronamiento del suelo por falta de contención de las raíces que hacen de sustento, descompensando el caudal y curso de aguas.

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El caso del árbol silvestre de laurel en la zona, es producto de la espontánea diseminación de semillas gracias a las aves, formando zonas boscosas, monte mullido generalmente asociados a las riberas de cauces naturales, protegiendo ese curso, sirviendo como barrera natural contra los vientos.

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La producción de cera se logra procesando el fruto por una simple expresión con prensa y ayuda de calor para que fluya el producto, ya que a temperatura ambiente es sólido.

El calor se consigue “calentando los frutos” sobre una superficie tipo plancha
La extracción actual de la cera de laurel, es realizada por destilación por arrastre con vapor.

Esto sería a tener en cuenta como producto natural industrializado y también podría llevarse a cabo en cooperativas a las que el campesino productor llevaría la carga de frutos maduros en la época de cosecha.

Esto te permite conocer la infinidad de riqueza en cada ejemplar que se desarrolla escondido en el monte o en tu esquina.

Nosotros conocemos un laurel, el que usamos para cocinar.
La planta es parecida en cuanto a sus caracteres (aroma aportado por sus aceites esenciales y cera).

Podría mostrarte una equivalencia o similitud con las características de la hoja que podemos apreciar cuando la usamos en fresco para cocinar a las hojas de laurel.
Ese aspecto ceroso, casi untuoso al tocarlas.
 
Como podemos usarlo en casa?
Desde ya no tenemos todos en casa “esa” variedad de laurel, pero sí nos puede servir el laurel tradicional que es arbusto común en muchos jardines.
 
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Para que nos puede servir?
Viste que cuando lavas una hoja de laurel para usarla en la cocina y luego agregarla a la comida que preparas, se siente una “suavidad lustrosa” al tocarla, bueno eso es cera.
Podemos crear un cosmético casero.
 
Por su consistencia, la protección brindada contra la pérdida de humedad y su acción emoliente puede ser agregada a una loción o crema hecha en casa y que funcione como barrera para que nuestra piel no pierda su humectación natural, además de proveer actividad antiséptica refrescante que la torna ideal para su usos en pies cansados y con asiduidad a producir micosis, axilas y zonas sudorosas.

Si tuviésemos acceso a esta cera si vivimos en regiones cercanas podríamos probarla, mientras tanto hacemos un experimento.

Necesitamos:
2 vasos grandes de vidrio
una balanza para poder pesar las cantidades exactas,
una cacerola con agua caliente que funcione como baño de María,
una porción de cera de abeja que puede ser en láminas o en trozos 100 g

Previamente tenemos preparado un macerado de
4 hojas de laurel frescas o 1 cucharada de frutos maduros (bolitas) en
aceite de olivo entibiado a 40 ºC, orgánico si es posible y de primera prensada en frío (muchos de nosotros ya lo usamos en nuestra cocina) 75/80 g + otro aceite también orgánico si es posible como, rosa mosqueta, girasol, maní o el disponible en tu hogar 25/20 g.
En total los aceites deben pesar 100 g.

El macerado se consigue machacando las hojas frescas del laurel o los frutos en un mortero de piedra (los de madera serían muy difíciles de lavar y de eliminar los olores).

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Debemos calentar a baño María y a fuego lento uno de los vasos conteniendo la cera de abejas hasta que se funda.
Por otro lado medimos en el otro vaso los aceites que se encuentran tibios y filtrados, con la ayuda de la balanza.
Una vez fundida la cera, vamos agregando de a pequeñas porciones el aceite sobre la cera calentada y revolvemos. Hay que tener paciencia y revolver hasta que se forme una emulsión homogénea con cada agregado de aceite. 
Al enfriarse se formará una crema untuosa que al ser anhidra, o sea sin elementos acuosos, durará mucho tiempo.
El producto obtenido rendirá un pote de 200 gramos, cantidad más que suficiente para humectar nuestro cuerpo después del baño.
Por supuesto podemos añadir alguna gota de aceite esencial in situ, es decir tomando la porción a utilizar en la palma de nuestra mano y allí volcar una gota del aceite esencial que más nos guste.

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Es solo una muestra de la enorme cantidad de usos que le podemos dar a un árbol.

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También puedes recostarse un rato a sus pies y cerrar los ojos.

Texto por Andy Pindur
Imágenes: Pixabay 

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