En la revista ?Integral? correspondiente al mes de mayo de 2014, venía una interesante entrevista con Kenneth Nowack. Este psicólogo, Director General y Co-fundador de la Consultora Envisia Learning Inc, que es líder de un sector en evolución, capacitación y desarrollo de herramientas para empresas, coach y consultores, decía que ?si no nos estresáramos, no habríamos sobrevivido como especie?.
Y entonces, la gran pregunta que surge es ¿y para qué luchamos contra el estrés?. En este caso, la respuesta es contuindente y clara; y es que hay dos tipos de estrés: el distrés y el eustrés. Abreviando, que hay un estrés bueno y un estrés malo.
Obviamente, el estrés bueno o eustrés, es ese que sentimos cuando tenemos, por ejemplo, un reto por delante, mucho más si sentimos el discurrir del tiempo pegado a nosotros; un estrés que nos facilita la motivación y hace que ?nos pongamos las pilas?. Un estrés que nos alerta de algo ante lo que nos hemos de poner en guardia, pero que desaparece cuando los elementos estresores han desaparecido.
Sin embargo, el distrés o estrés malo, es ese estrés que nos persigue durante más tiempo del normal y que nos pone en constante tensión, incluso cuando esos ?normales? elementos estresores han pasado o, simplemente, o no son reales ya o han sido producto de nuestra constante rumia mental.
Es un estrés distorsionado que ataca nuestro estado anímico, que nos hace negativamente hipersensibles, provocando una grave disminución de nuestras naturales defensas y rompiendo el natural equilibrio de nuestro cuerpo.
Se atrapado por el distrés, es también consecuencia de una vida puesta constantemente en piloto automático, por eso, contra ese estrés malo, la práctica de mindfulness es un buen antídoto para saber poder encontrar la buena salida hacia el estrés bueno. Aprender cómo combatir el estrés no es flor de un día, sino un trabajo continuo que ha de convertirse en un hábito saludable.
Ya no hay tiempo si no se responde bien. El mundo en el que vivimos, el sistema que hemos creado, nos hace tender a correr cada vez más aprisa, pero se puede ralentizar. No es fácil, lo sé, pero os aseguro que se puede.
No se trata sólo de ser conscientes, a través de la práctica de la atención plena, del estado de estrés en el que nos encontramos, sino ser conscientes de cada uno de nuestros actos y movimientos físicos que suponen cada uno de esos actos cotidianos sobre los que no ponemos atención.
Nowack tiene toda la razón; el estrés nos ha hecho sobrevivir como especia, pero no saber cómo combatir el estrés malo, tiene la capacidad de atacar esa especie nuestra. Todo porque ?la loca de arriba?, como la llamaba Santa Teresa de Jesús, nos sitúa en el descontrol cuando creemos que esos pensamientos automáticos que rumia nuestra cabeza somos nosotros. Y te preguntarás, ¿pero esos pensamientos que circulan por mi cabeza no soy yo?. Pues no, tu yo esencial es otra cosa, y eso, precisamente, nos enseña mindfulness, a cómo combatir el estrés sin que mueras en el intento. Eso sí, nada se hace si no pones de tu parte.
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