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¿Consciencia?

Ser consciente
Cada época histórica ha sufrido o disfrutado de paradigmas. Cierto es que en tiempos ya pretéritos, como la Edad Media, algunos de estos modelos eran transversales e imperativos, muy dominantes, como el teocentrismo que invadía y definía toda la vida y la muerte.

Hoy existen lo que llamamos “creencias”, quizás más diversificadas e incluso opuestas entre sí, aunque algunas como el dominio de lo bello, o el poder del dinero sí son transversales e imperativos.

Uno de los paradigmas al uso es un conglomerado de prácticas, afirmaciones y teorías que han venido en llamarse “New Age”. Y la “New Age” nos habla de “Ser consciente”. Curiosamente no observamos unanimidad ni uniformidad en el concepto.

Por nuestra parte, intentaremos de una forma operativa, poder definirlo. Creemos que afinando la idea, aportaremos al mismo tiempo caminos y orientaciones para la persona que siente este interés, por más que, como decimos, parece confuso.

¿Qué es consciencia?

Consciencia aplicada y operativa:

Desarrollar y mantener consciencia supone disponer de una buena capacidad mental de atención. Es decir, cuando uno decide que un objeto (situación, sensación física o mental, ser viviente o inanimado, recuerdo o emoción, etc.) requiere aprenderlo, intervenir etc., necesitas disponer de la fuerza de la concentración para hacerlo. En caso contrario, la dispersión impide la intervención de quien dice ser consciente.

A la sazón, la observación es una práctica que colinda con la atención. Sin atención no puedo observar, y sin observación no soy consciente. Ser consciente implica no solo “mirar”, sino “darse cuenta”, “poner en mi ámbito de decisión” aquello que me rodea o que nace dentro de mi. Coloquialmente, “estar al tanto” de lo que focalizó como observador, forma parte importante de la consciencia.

Y tiene que ver con la visión real de las cosas, harto compleja de lograr, pues una maraña de sensaciones que se mezclan con mi parte cerebral primitiva, constantes en la percepción en sí y mi educación y ambiente social, en milésimas de segundo, se añaden al objeto. Si, efectivamente observo con atención lo que ocurre dentro y/o fuera de mi, y sin embargo lo que en origen solo es un hecho, persona o recuerdo jamás se identifica solo, recortado de todo lo demás, sino que aparece generosamente acompañado de lo que creo o siento sobre lo que observo. La visón real o cabal consiste en poder, como con unas tijeras, recortar la parte seminal, la raíz sin más, de lo observado. De lo contrario soy un observador que ya ha mediado sobre el objeto. Cierto es que forma parte de nuestra mente asociar, recordar, simplificar etc., pero si quiero ser consciente, debo observar libremente, seminalmente.

Ser consciente requiere cualidades que normalmente sí forman parte de las culturas humanas, como la constancia, la firmeza y el propósito de serlo. Y si es así, ello pasa por tomar un punto de partida, evaluando dónde se encuentra uno mismo en la práctica de ser consciente e inmediatamente buscar los medios y oportunidades para desarrollarse. Hay muchos medios, lo que importa es aplicarlos y hacerlo a fondo. Aquí no sirve aquello de “ir a la esencia”, sino que debes conocer muy bien los resortes y mecanismos de la mente, y los tuyos en particular y practicar, ensayar y profundizar. Es mucho el ruido mental provocado por la propia actividad fisiológica y la sobrestimación actual y fliparse, conectarse a lo que quiera que te conectes, puede darte mayor vibración y mejora, si, pero no desarrollar tu conciencia.

Ser consciente necesariamente incluye el conocimiento de la naturaleza de tu mente. Como observador tomarás nota de qué ocurre en los momentos de máxima atención, qué produce tu mente y qué repite. En ese momento habrás encontrado un patrón o tendencia y más tarde, además de consciencia, deberás tomar decisiones y empoderarte de aquello que sientes constructivo y minorar lo que no lo es. Además saber cómo produce tu propia mente, te permite recortar mejor el objeto en sí. No importa lo que sienta o piense sobre mi observación, sino lo que realmente ES.

Del mismo modo, incluye el conocimiento de la clase del mundo en el que vives. Podrás comprender su naturaleza, qué ocurre y qué tiende a repetirse. Como hemos escrito antes, en ese momento los hechos o seres intervinientes, son percibidos por lo que SON, sin más juicio por tu parte. Así igualmente más tarde determinarás cómo comportarte en ese medio.

Conforme avanzas en la consciencia y observación, surgirán objetos sutiles, más difusos, normalmente sobre tu propia producción mental. Pueden provenir del no consciente, al relajar la línea de censura, como en un sueño, accederás al material inconsciente, y en ese momento puedes aplicar todo lo descrito: observa atentamente, sin enjuiciar, recorta los asociados que deben también formar parte de otra observación posterior, y habrás accedido al mundo del instinto y lo inaceptable en ti. Tomar consciencia de eso (que aconsejamos compartir), es adueñarse más de uno mismo y por lo tanto, ser consciente.

Finalmente, es muy posible que si profundizas en la naturaleza de la mente y del mundo exterior, te apercibas que es un escenario y además que es impermanente. Es un buen grado de consciencia desengancharse pues del propio objeto observado, pues no va a quedar, no es totalmente real. Compruébalo, estudia y consulta cómo está estructurada la materia, y verás con claridad la mátrix experimental en la que participas. Ser consciente en medio de la vorágine impermanente, es dejar de lado la ilusión y disfrutar de la consciencia.

Y por abreviar, entiendo que hay una decisión sobre lo que uno desea, un propósito, y educarse en él, ser observador del mismo proceso decisorio, comprometerse y ser una contribución, resultaría el colofón de la consciencia.

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