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Experiencia con mindfulness. Respirar y seguir adelante

Me encanta que los amigos y amigas de Plenacción (y quien lo desee también) nos cuenten su experiencia con mindfulness.

Desde Plenacción, trato de dar a conocer las “herramientas” que la práctica de mindfulness o atención plena nos ofrecen para nuestro desarrollo personal y profesional, desde la idea de dar a conocer que, realmente, lo extraordinario está en lo cotidiano y que es posible gestionar tu vida de forma serena, feliz y congruente con tus deseos, metas y objetivos.

En esta ocasión, es Esther Ontiveros, amiga y blogera que lleva adelante su web y blog www.vivirenlapiramide.com, quien nos cuenta su experiencia con la práctica de mindfulness o atención plena. Confieso mi especial aprecio por ella y por su querida familia. Trabajamos juntos hace muchos años y las carambolas de la vida nos volvió a unir en el camino del desarrollo personal en estos asuntos de blogueros en la nueva era digital.

Te invito a que entres en su web porque te va a ser de gran ayuda también.

Vivir en la pirámide, como Esther dice, es “construir una pirámide con una alimentación saludable, ejercicio físico responsable y atención plena” y de eso, ella sabe lo suyo y nos lo muestra de forma más que acertada. Pasión, cercanía, proyectos, retos y profundo amor por la vida.

La vida es tuya. Tú mandas!

Son las “Experiencias con mindfulness”

Mi experiencia con mindfulness.


Como casi todo lo bueno que llega a mi vida para quedarse, la experiencia con mindfullness entró en mi ‘casa’ por la puerta de atrás, casi sin permiso.

En esto de la experiencia con mindfulness, llevaba siguiendo las publicaciones en las redes sociales de Juan Carlos Montoya sobre meditación y atención plena desde hacía tiempo, por amistad más que por interés en la temática.

Soy una persona muy ajetreada que tiene el vicio de complicarse la vida siempre que encuentra un resquicio de tranquilidad, pero en el verano de 2014 alcancé mi tope y dejé de disfrutar con el ritmo frenético que me había impuesto.

Tenía un carácter irritable, apenas conseguía relajarme en mis ratos de ocio con la familia y los amigos y me costaba conciliar el sueño. En general, hacía un balance negativo de mi rutina diaria y quería cambiarla pero ante la imposibilidad de hacerlo (uno siempre piensa que para cambiar su vida tiene que cambiar lo que le rodea: trabajo, amigos, pareja, aficiones…) empecé a poner más atención en el fondo de los mensajes que lanzaba Juan Carlos desde su blog de Plena Acción cuando hablaba de la experiencia mindfulness.

Por curiosidad, me inscribí en el Programa 40. Leía las prácticas cada mañana y los artículos sobre mindfullness cada noche y trataba de encontrar un hueco a lo largo del día para llevarlas a cabo.

Teníamos un grupo de whatsapp donde el resto de participantes comentaba sus avances y reflexionaban sobre cómo les estaba influyendo la práctica de mindfullness en sus vidas.

Yo no solía participar, me limitaba a observar cómo funcionaba la experiencia con mindfulness en l@s demás. El primer hallazgo personal que saqué de aquel primer programa fue terrorífico: no tenía cinco minutos ‘libres’ al día. Aunque puede parecer muy poco, este pequeño paso fue en realidad un paso de gigante.

Tras aquel primer programa llegaron las vacaciones de verano y le comenté a mi pareja mi intento fallido de meditar y de lo revelador que había resultado para mí ‘darme cuenta’ (esta capacidad es lo más preciado que me ha dado el midfullness) de que no tenía ni siquiera un momento al cabo del día para respirar y tomar consciencia de mi existencia durante al menos unos instantes.

Afortunadamente, él también sintió que estábamos haciendo algo mal y decidimos repetir (yo, él lo haría por primera vez) el programa. En la segunda ocasión todo fue distinto.

Aun así costó trabajo seguir las prácticas pero tratábamos de decirnos a nosotros mismos que si no éramos capaces de reservar entre cinco y diez minutos de nuestro día a enfocar nuestra realidad, distorsionada por tanto ‘ruido’ a lo largo del día, corríamos el peligro de perder de vista el verdadero sentido de nuestra existencia: tratar de ser felices.

Simplemente disfrutando de lo tenemos. Que es mucho.

Hubo una tercera participación para mí (además, mi chico y yo hicimos el programa Vivo Ahora). Esta vez quería aportar mi experiencia en el Programa 40 a los nuevos participantes.

La experiencia con mindfulness en el PROGRAMA VIVO AHORA

Fue mucho más relajado, yo seguía leyendo la bibliografía recomendada por Juan Carlos para seguir aprendiendo del tema y practicaba con audiomeditaciones guiadas.

Ahora me levanto cada mañana 45 minutos antes de lo habitual para practicar 15 minutos de yoga y 20 de meditación. Para cuando el resto del mundo empieza a despertar yo he conseguido afrontar el día desde la serenidad que te aporta sentir que no hay nada más importante que en cada momento que lo que te está ocurriendo, sea lo que sea: tomar una taza de café, besar a los enanos para que se despierten, saludar con un ¡buen día! al dueño del bar de la esquina, sentir el frío en las mejillas cuando sales a la calle, … Y aunque me irrito y me ofusco varias veces al día, siempre trato de que esa sensación sea lo más pasajera posible para volver a enfocarme en lo realmente importante: sentirme bien.

La vida no es fácil para tod@s, por supuesto que no, pero tampoco tiene sentido darle una y mil vueltas a esa realidad si con ello no conseguimos más que enredarnos más en una madeja sin fin.

Respira, mira hacia dentro, saca lo que te oprime con una exhalación y sigue viviendo.

Esther Ontiveros

www.vivirenlapiramide.com

vivirenlapiramide


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