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Insuficiencia renal crónica

Consejos para prevenir, retrasar y mejorar su evolución

medico


La insuficiencia renal crónica (IRC) ocurre cuando se produce una disminución de la capacidad de filtrado del riñón, aproximadamente un 60% de la función normal del riñón. En sus estadios iniciales  la insuficiencia renal crónica evoluciona sin dar síntomas clínicos, por lo cual cuando se detecta suele estar en un estadio avanzado y con limitadas opciones de tratamiento para poder revertir la insuficiencia renal.

Nuestros riñones son muy importantes ya que, entre otras funciones, favorecen la eliminación de sustancias tóxicas de nuestro organismo, mantienen la presión arterial, contribuyen al mantenimiento de la estructura ósea (evitando la osteoporosis) y a la correcta producción de glóbulos rojos (evitando la anemia).

Según el estudio EPIRCE (Epidemiología de la Insuficiencia Renal Crónica en España), el 6,8% de la población adulta, aparentemente sana, con una edad media de 49 años presenta una insuficiencia renal oculta o sin detectar, es decir, que aproximadamente 2,3 millones de personas en España padecen este problema y no están diagnosticadas.

El Dr. Manuel Angoso, nefrólogo del Hospital Nisa Virgen del Consuelo, afirma que los principales procesos médicos asociados a la presencia de una insuficiencia renal crónica son la obesidad, el colesterol alto, el tabaquismo, diabetes mellitus, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares. Existe un mayor factor de riesgo en personas con antecedentes familiares y mayores de 60 años.

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Nefrología diabética

En ese sentido, la Sociedad Española de Diabetes (SED) advierte de que entre el 35 y 40% de las personas con diabetes desarrollan daño renal, por lo que se convierte en la causa más frecuente de insuficiencia renal terminal en nuestro país. “La nefropatía diabética es responsable del 30% de los enfermos de diálisis y la primera causa de trasplante renal en los países occidentales” comenta la Dra. Sonia Gaztambide, presidenta de la SED.

Esto es así, ya que los niveles elevados de azúcar en la sangre, característicos de la diabetes, pueden dañar los vasos sanguíneos de todo el cuerpo, incluyendo los de los riñones, y sobre todo los glomérulos renales donde se realiza la principal función del filtrado renal. Al inicio por alteración de la membrana de filtrado se pierden pequeñas cantidades de proteínas que aparecen en la orina (microalbumuniria) y que con los años de duración de la diabetes puede evolucionar a un deterioro progresivo pasando por las diferentes fases de la enfermedad renal crónica hasta el estadio terminal que precisa diálisis o trasplante  renal.  Tanto en el desarrollo como en la progresión de la nefropatía diabética, además de la importancia del control glucémico desde el inicio de la diabetes y con los años de evolución, otros factores como la hipertensión y el hábito tabáquico,  influyen de forma notable en la progresión de la patología.

La diabetes también puede causar daños en los nervios del cuerpo, que son los que transportan mensajes entre el cerebro y otros órganos como la vejiga. Si los nervios de la vejiga están dañados, es posible que el cuerpo no reconozca cuándo está llena y  de lugar a una vejiga neurógena con tendencia a la retención de orina. Además, al permanecer la orina mucho tiempo en la vejiga, hay más infecciones de las  vías urinarias facilitadas a su vez por los niveles elevados de azúcar.

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Consejos para diabéticos

La Sociedad Española de Diabetes aconseja seguir una serie de recomendaciones, sobre todo en caso de padecer diabetes para prevenir o retrasar la evolución de la insuficiencia renal:

  Controlar los niveles de glucosa en sangre desde el inicio de la diabetes y con los años de  evolución de la misma. 

  Controlar la presión arterial. La presencia de hipertensión arterial es el factor de riesgo en los diabéticos más importante para el desarrollo de nefropatía.

  Controlar los niveles de colesterol y triglicéridos, ya que los niveles altos de lípidos en sangre contribuyen a obstruir los vasos sanguíneos.

  Evitar la obesidad y sobrepeso.

  Reducir el consumo excesivo de proteínas. Para ello, se debe acudir a un profesional que le indique la dieta más adecuada  y saludable.

  Limitar la cantidad de sal en la alimentación para controlar la presión arterial. 

  Mantener otras medidas saludables: dejar de fumar y realizar ejercicio con moderación.

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Consejos para la población general

A la hora de cuidar y mejorar la salud renal el Dr. Angoso recomienda para el resto de la población:

  Incrementar el ejercicio físico, andar, caminar deprisa o apuntarse a un gimnasio, todo bajo supervisión médica.

  Cuidar la alimentación para llevar un control adecuado del peso

  Cuidar la ingesta diaria de sal, no superando los 5gr de sal, cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

  Control médico para prevenir o atenuar la progresión de la insuficiencia renal crónica.

  Control de la tensión, que debe estar entre 130-139/80-85 mmHg, se recomienda un nivel más bajo en diabéticos y otras patologías médicas.

  El colesterol LDL (colesterol malo), debe estar por debajo de 130 mg/dl.

  El colesterol HDL (colesterol bueno) por encima de 40 mg/dl.

  Los triglicéridos por debajo de 150 mg/dl.

  Control de glucemias con la hemoglobina por debajo del 7%. 

Consecuencias



La insuficiencia renal crónica empeora los posibles riesgos cardiovasculares, como el infarto o la angina de pecho, y problemas cerebrales, como el infarto cerebral, que están asociados con lesiones en la pared de las arterias que alteran el flujo normal de la sangre y por tanto, la oxigenación y nutrición de esos órganos.

Agradecimientos: Dr. Manuel Angoso, nefrólogo del Hospital Nisa Virgen del Consuelo y Dra. Sonia Gaztambide, presidenta de la Sociedad Española de Diabetes (SED).

Imágenes (por orden de aparición): Alex E. Proimos/Flickr, AlishaV/Flickr, newslighter/Flickr y lululemon athletica/Flickr.

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