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¿Se puede pensar de más?

 Menuda pregunta: que si se puede... ¿pensar de más?

Veamos.

¿Sueles hacer un mundo de cualquier asunto? ¿todo te preocupa?

¿Tiendes a analizarlo todo una y otra vez sin conseguir dar con la solución, y eso no te deja actuar ni disfrutar de la vida? Porque entonces sí, entonces quizá estés pensando de más.

Y a esto se le llama rumiar. Sí, "rumiar", dar vueltas y vueltas a las cosas del mismo modo que algunos animales dan varias vueltas a los alimentos en su aparato digestivo.

Y si sólo fuera eso... Obsérvate a ti mismo:

¿cuántas veces te has sorprendido a ti mismo con tu cerebro ocupado en cualquier pequeño conflicto que hayas tenido con alguien, manteniendo un diálogo interno desagradable, agotador e improductivo, como una obsesión que no puedes detener?

Pero? ¿qué es el pensamiento excesivo?

Pensar de más no es lo mismo que pensar en profundidad, que meditar las cosas. 

La diferencia entre una y otra forma de pensamiento es la capacidad para llegar a una solución a los conflictos. De hecho, pensamos de más cuando a pesar de darles vueltas y más vueltas a las cosas:

1º.- acabamos como caminando en círculo

2º.- distorsionamos la realidad, y 

3º.- finalmente, adoptamos una visión generalmente fatalista de todo

No vemos más que lo que nuestro estado de ánimo nos permite ver

 Y algunas personas son especialistas en pensar de más, en complicarse. 

Las personas que continuamente hacen suposiciones, elucubran sobre las posibles causas de las cosas que les ocurren, sin atender a hechos reales. 

Las personas que se obsesionan con encontrar el porqué de todos sus males, y terminan confundidas, abrumadas, paralizadas? 

Tambien, como veíamos en el post anterior sobre el complejo de Pepito Grillo (ir), las personas muy perfeccionistas e hiperresponsables

pensamiento excesivo, rumiar y pensar

ilustración creada por Adarve Photocollage, retoque fotográfico
 ¿Cómo librarnos del pensamiento excesivo? 

Lo primeroes darnos cuenta de que pensar de más sólo nos conduce a tener una especie de visión de túnel en el que el final casi siempre es oscuro, sombrío. Que en esos momentos nos acabamos creyendo que realmente tenemos motivos para sentirnos tristes o irritados, cuando la realidad es que nos sentimos así precisamente porque sólo le damos vueltas a la parte negativa de las cosas.

De alguna manera, por tanto, podría decirse que para nosotros el pensamiento excesivo es como una especie de droga, un mal hábito que debemos abandonar. Y para eso necesitamos determinación, y poner en práctica algunos trucos: los que os mostraremos en el próximo post (ir)

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