Pero, ¿qué sucede cuando en lugar de expulsar un flujo blanquecino o transparente la mujer observa una secreción amarilla-verdosa, espesa y maloliente? Averigua la respuesta a continuación.
Flujo vaginal amarillo-verdoso: un síntoma común de enfermedad de transmisión sexual
Aunque las variaciones en el color del flujo vaginal son normales antes y después del período, así como durante el embarazo, el flujo notablemente amarillo o verdoso se considera anormal, especialmente cuando se acompaña de otros síntomas como picor, dolor o enrojecimiento.
La secreción vaginal verde suele ser un síntoma común de las enfermedades de transmisión sexual, como la gonorrea, la tricomoniasis y la clamidia. Si el flujo es sólo ligeramente amarillo, pero no tiene mal olor y su consistencia es similar al queso cottage, entonces puedes estar padeciendo la infección por levaduras (candidiasis). Ten en cuenta que en presencia de una enfermedad de transmisión sexual la cantidad de flujo liberado aumenta de forma considerable.
El flujo vaginal amarillo-verdoso durante el embarazo puede provocar aborto involuntario
Si experimentas flujo de color amarillo o verdoso durante el embarazo debes consultar a tu médico inmediatamente. Los cambios repentinos en el color, consistencia u olor de tus secresiones pueden ser causados por vaginitis o vaginosis bacteriana. Si no se tratan inmediatamente, aumenta el riesgo de abortos espontáneos y nacimientos prematuros, entre otras complicaciones no deseadas.
¿Cómo prevenir el flujo vaginal verdoso?
El flujo vaginal anormal de color amarillento-verdoso se puede prevenir siguiendo algunos cambios en tu estilo de vida. Algunos de estos cambios incluyen:
Evitar el uso de jabones u otros “productos de higiene femenina” muy perfumados que puedan afectar el ph vaginal.
Añadir un ciclo de enjuague adicional al final del lavado de la ropa interior si el detergente es particularmente irritante para la piel.
Usar ropa interior 100% de algodón o con entrepierna de algodón.
Limpiar los genitales de adelante hacia atrás después de ir al baño.
Lavarse bien las manos antes y después de tocar las partes íntimas.
Evitar las relaciones sexuales de riesgo sin protección. Mantener una única pareja sexual.
No fumar (varios estudios sugieren que fumar hace que las mujeres sean más propensas a la vaginosis bacteriana).
Evitar el uso de duchas vaginales porque pueden afectar la microflora vaginal.