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Mis 10 pistas para saber que voy a comer es un buen sitio

¿Cuántas veces te ha pasado que tienes ganas de ir a comer a un bar o restaurante pero no sabes a cuál ir y acabas probando con uno que te han recomendado o has oído que es fantástico?

Yo muchas.

¿Y cuántas el experimento ha acabado siendo una gran decepción?

Unas cuantas también. La última hace no mucho, por lo que pensé que sería útil hacer este post.

comer en un buen sitio


Por supuesto si preguntas al sabelotodo de Google sobre las características que debe tener un restaurante o sitio para comer para ser bueno, te van a salir en torno a 19 millones de respuestas. Exactamente, 19.900.000 de respuestas me ha dado a mí.

¿Pero qué pueden hacer 19 millones de respuestas frente a nuestra propia experiencia personal y nuestras conclusiones?

Así que voy a obviar tal dato y te voy a contar mis 10 pistas.

1. Valoran tu presencia

Si hay algo que dice mucho de un sitio es que cuando entras, aunque esté lleno de gente hasta rebosar, muestren una actitud de bienvenida. Incluso si van a decirte que no tienen una mesa libre hasta dentro de un año, el hecho de que te hagan sentir bienvenido dice mucho.

No hace falta hacer muchos aspavientos ni que te pongan una alfombra roja. Basta con una mirada amable o incluso una sonrisa si el camarero o camarera en cuestión quiere ya bordarlo. Tan sencillo como eso.

Hace unos meses entramos en un bar-restaurante con muy buena pinta de mi ciudad, Sevilla, donde casi hay más lugares para comer que habitantes.

Era el tipo de sitio que ha proliferado en los últimos años; uno de esos donde se mezcla el bar de tapas de siempre con el restaurante moderno donde todo el personal puede ser catalogado como hipster.

Sin embargo, salimos despavoridos. La actitud del maitre cuando entramos parecía ser de irritación. Algo entre "¿es que no hay más sitios en esta calle?" y "no sois lo suficientemente modernitos como para comer aquí".

Perdone usted, que es que me he dejado las gafa-pastas en casa.

Así que nos dimos media vuelta y fuimos a buscar otro con la clara idea de que ya no volveríamos a entrar allí.

2. Vienen rápido a atender la mesa

No hay nada peor que entrar a comer en un sitio y estar esperando mucho rato para que te atiendan. Comprendo que a veces el establecimiento puede estar hasta los topes, pero pienso que si se acomoda a un cliente es porque se prevé que se va a poder cubrir sus necesidades sin detrimento de la calidad.

Es decir, que o atiendes al cliente que has dejado entrar con la misma calidad o mejor decirle que no tienes mesa para él y que decida por él mismo si le merece la pena esperar o prefiere invertir su tiempo en buscar otra cosa. Tener a alguien sentado esperando largo rato no solo implica estar descuidando al cliente, sino que además se le priva de la posibilidad de estar comiendo en otro lugar.

Si hay un sitio en Sevilla ante cuyo personal me quito el sombrero es el bar-restaurante Eslava, (c/ Eslava), toda una institución del buen comer y por supuesto uno de mis sitios predilectos.

Este es uno de esos bares en los que vayas a la hora que vayas siempre está lleno de gente, lo cual no es difícil teniendo en cuenta que es prácticamente un largo pasillo con una pequeña sala al fondo.

Como pude descubrir hace años, es un sitio recomendado en la guía Time Out (o lo era, porque hace mucho que no veo una de estas guías) , por lo que en las horas más tempranas para comer está lleno de guiris y en las últimas horas de los españoles.

Pero no importa, esté como esté, si consigues llegar hasta la barra, los camareros que allí están te atenderán rápidamente. Incluso de vez en cuando te preguntarán si necesitas algo más, si está todo bien y hasta se acordarán de qué estabas tomando.

3. Que los camareros sepan lo que venden

A veces la atención en los establecimientos gastronómicos deja mucho que desear porque la rotación del personal contratado es muy alta y no da lugar a que puedan formarse y conocer bien la oferta gastronómica del lugar en el que trabajan. 

Otra cosa que ocurre a veces, es que no se da al personal a probar los distintos platos, por lo que difícilmente pueden hablar con conocimiento sobre los mismos. 

Yo soy de las que habitualmente pregunto a los camareros/as sobre los platos e incluso pido alguna recomendación porque me encanta descubrir cosas nuevas. Pues no hay cosa que me dé peor sensación en un bar o restaurante en el que el camarero/a me diga que no tiene ni idea sobre los platos de la carta o que intente salir del paso inventándose la información.

Los dueños de los bares y restaurantes deben pensar en sus camareros como en comerciales, así que deberían asegurarse de que estos conozcan bien lo que tienen que vender e incluso transmitan a cocina la opinión de los clientes para mejorar la oferta.

4. Los baños

¡Ay amigo! ¿Cuántos baños no habrán estropeado la imagen y calidad de un bar o restaurante? 

No voy a decir que no sea posible comer super bien en un sitio porque el baño sea un desastre. No, porque alguna que otra vez he vivido tal experiencia. Pero todo depende también del tipo de sitio al que vayamos.

Si estamos hablando del típico bar antiguo al que vas porque la comida es superior y muy barata pero donde sabes que al baño mejor ni entrar, pues lo perdonamos. Pero si hablamos de un establecimiento en el que te gastarás algo más de dinero y con cierto nivel de imagen, un baño sucio o en malas condiciones es una malísima tarjeta de presentación. 

Una de mis últimas experiencias en este aspecto fue que ¡¡la puerta del baño de mujeres no se podía cerrar!! Y eso que el sitio no era precisamente de aspecto "cutre".

5. Hay cierto espacio para la intimidad

Este punto puede tener cierta controversia, sobre todo en una ciudad como Sevilla, con tantos bares diminutos pero pintorescos. 

Aquí hay cientos de sitios donde el espacio para comer es tan reducido que tendrás la sensación de estar compartiendo mesa o barra con decenas de personas más. Sin ir más lejos, el bar Eslava es uno de esos sitios, pero cuando entras allí sabes a lo que te expones. 

Sin embargo, al igual que pasa con el tema de los baños, todo depende del lugar del que hablemos. Si entramos en un restaurante donde los precios ya no son los del bar de tapas, es imprescindible que haya cierto espacio entre las mesas para la intimidad. Sobre todo teniendo en cuenta que los españoles somos unos gritones y que seguramente podremos oír las conversaciones de los demás clientes sin dificultad.

Y volviendo al ejemplo del bar Eslava, justo al lado de este, está el restaurante. Un lugar pequeño también pero con espacio para la intimidad. Eso sí, los precios nada tendrán que ver con el bar de tapas. Prepárate para el arponazo en el pecho y la cartera aunque merecerá la pena.

6. Toda la carta es de elaboración propia

Si me plantease que voy a comer algo precocinado o salido de un bote o paquete en un restaurante te aseguro que ni entraría en el mismo y mejor me quedaría en mi casa comiendo algo cocinado por mí.

Pedir la carta de postres y ver que no hay nada casero es una absoluta decepción. Pedir un plato y darte cuenta de que por ejemplo la salsa es de bote, es decepción y enfado por saber que estás pagando tal vez cinco veces el precio del bote entero.

Si todo o casi todo es elaborado en la cocina, mucho mejor. En algunos sitios donde no tienen reposteros, una solución muy buena es comprar los postres a alguien de fuera. Por ejemplo, en otro de los que han sido durante años uno de mis lugares favoritos, el mini restaurante Anká, encargan las tartas a otra persona y generalmente siempre están muy buenas.

7. Te cobran lo que tomas y no te toman el pelo

No me importa pagar un buen pico en un restaurante si he comido bien, pero sí me molesta que me cobren cosas que no he pedido, menos aún que no he probado y menos aún que me tomen el pelo por ello.

Hemos estado varias veces en Canarias y dos de ellas cenamos en un restaurante bastante bueno en Las Palmas, Pantalán. Un sitio precioso y con una comida y postres buenísimos. 

Sin embargo, hubo algo que nos pareció un timo. Nos pusieron una cesta con cuatro mini piezas de pan (éramos dos) nada más sentarnos y sin preguntarnos si queríamos tomar pan. Pues nos cobraron 12 euros por esto, es decir, 3 euros cada mini pieza. Lo cual nos fastidió tanto por el precio como porque nosotros nunca tomamos pan comiendo. Creo que es una forma de hacer beneficios un poco desmesurada.

Por supuesto esto nos pasó la primera vez que comimos allí. La segunda, nada más sentarnos avisamos de que no queríamos el pan. 

8. Hacen cambios en los platos dentro de lo razonable

Está claro que para un chef o para cualquier cocinero es un fastidio tener que hacer cambios en los platos cada vez que a un cliente se le antoja. Pero hay que ser razonables y aprender a ceder en ciertas situaciones. 

Hay personas con alergias alimentarias, intolerancias, dietas especiales o que simplemente no soportan el sabor de determinado ingrediente a pesar de que el resto de la receta le parezca deliciosa. Hacer ciertas concesiones según las necesidades del cliente es algo que habla muy bien de un sitio. 

Estos son los detalles que hacen a un cliente volver o que por otro lado te hacen jurar que no pones un pie más allí.

9. La carta ofrece opciones para distintas dietas

Hoy en día ya no ocurre tanto porque hay muchísima más información sobre el vegetarianismo y otras alimentaciones, pero hace años, cuando era vegetariana, salir a comer era a veces aburrido e incluso problemático porque o me tenía que limitar a unos pocos platos o simplemente no podía comer nada de lo que había en la carta.

Todavía me río recordando diálogos como:

- ¿Tiene algo que no lleve ni carne ni pescado?




- Sí, claro, tenemos lasagna de pollo o brochetas de gambas.

Siempre me entraban ganas de preguntarle al camarero que en qué grupos de alimentos clasificaba al pollo y las gambas. Tal vez eran verduras y yo no lo sabía.

Un establecimiento que incluye en su carta platos para dietas algo especiales y una pequeña leyenda que indique si son vegetarianos, sin gluten, sin lactosa o que puedan contener elementos potencialmente alergógenos como los frutos secos, se marca un punto de diferencia con respecto a los demás.

Esto hace la elección de los clientes más cómoda y además denota que se interesa por el cliente, algo que seguro hará que este vuelva. Y si no, volvemos al punto 8, ofrecer la opción de adaptar el plato.

10. Si hay fallos, los enmienda

Todos somos humanos y todos cometemos fallos. Puedes entrar en el mejor restaurante del mundo y que tengas la mala suerte de que haya algún tipo de percance que estropee tu experiencia gastronómica. Ahora, lo que marca la diferencia entre un sitio mediocre y un buen sitio es la forma de gestionar el problema y el consecuente descontento del cliente.

Lo primero y fundamental es que el cliente casi siempre tiene la razón. Y digo casi siempre porque evidentemente hay casos excepcionales. Pero por lo general, aunque la queja del cliente sea absurda e infundada, está en su derecho de criticar su experiencia.

Lo segundo y consecuencia de lo primero es que no debe haber discusión con el cliente. Un personal que porfía o discute con el cliente aunque este no tenga razón da la sensación de ser un personal poco cualificado y experimentado.

Y lo tercero, se intenta resolver la situación de la forma más rápida y si ha habido errores se enmiendan y compensan.

Hace un par de semanas fuimos a comer a un restaurante de comida mejicana. Es un sitio al que llevamos muchísimos años acudiendo por lo que ya conocemos al dueño, aunque solo vamos un par de veces al año.

El caso es que la camera que nos atendió tomó mal la comanda y nuestro entrante se retrasó como 30 minutos, de forma que gente que había llegado mucho después que nosotros empezó a comer antes.

Evidentemente la llamamos y le preguntamos por la situación, a lo que ella nos dijo que no habíamos pedido el entrante pero que si lo queríamos lo pedíamos.

La vimos que entonces hablaba con el dueño quien se acercó amablemente con ella a la mesa para preguntarnos si habíamos pedido el entrante y explicamos que sí. La camarera, volvió a recriminarnos que no lo habíamos hecho ante la cara de estupor del dueño.

Minutos más tarde, veíamos al dueño comprobar las comandas y luego nos trajo personalmente el entrante puntualizando que no nos lo iban a cobrar. Entonces nos explicó que había comprobado la comanda y que la camarera sí había anotado el entrante en su libreta, pero que no lo había metido en el ordenador y que sentía el error.

Por supuesto le dijimos que no pasaba nada. Es más, nos sentimos un poco mal porque el pobre hombre tuvo que pasar vergüenza al ver que su empleada reaccionaba así con los clientes cuando además había sido un error de ella.

Pues estas son mis 10 pistas. Por supuesto hay muchísimas más pero para mí son las fundamentales para saber si un sitio es bueno o no.

¿Tú en que cosas te fijas cuando sales a comer?

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Ana


Fotos:
Eslava restaurante
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