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EL SECRETO DE LA ETERNA JUVENTUD

Creo que no soy la única que piensa que envejecer tiene pocas ventajas. La principal y más importante es, que seguimos cumpliendo años y por lo tanto seguimos vivos. Pero ¿quien no ha pensado alguna vez que le gustaría ser eternamente joven? Lo reconozco, yo bastante a menudo.  No llevo bien lo de envejecer, nada bien.

He leído varias publicaciones, estudios y libros sobre el envejecimiento, y todos tienen varios puntos en común que paso a relataros.

Alimentación sana, rica en frutas y verduras. Ya sabéis a estas alturas que la carne roja cuanto menos, mejor.

No fumar, no beber.

Realizar ejercicio físico moderado. No llevar una vida sedentaria y potenciar las relaciones sociales.

Evitar el estrés.

Mantenerse intelectualmente activo, ya que protegemos nuestro cerebro frenando el deterioro cognitivo.

Y la recomendación que más me gusta de todas: encontrar el sentido de nuestra vida, la razón de vivir o como lo llaman en Okinawa, nuestro IKIGAI.
Es indudable que todos los puntos anteriores son necesarios para una vida saludable que frene nuestro inevitable envejecimiento.

Con respecto a la alimentación, mi conclusión es que una dieta mediterránea como la nuestra es la perfecta. Fruta, verdura, legumbres, pescado y poca carne roja. Limitar el consumo de azucar blanco, ya que es un producto refinado y oxida nuestras células. Y algo de lo que se habla bastante ultimamente, evitar la inflamación de nuestro organismo, en concreto de nuestro aparato digestivo.

Un intestino inflamado por una alimentación inadecuada, tiene alterada la microbiota intestinal (o bacterias buenas), y estas son necesarias para una vida larga, feliz y saludable. Como ya os contamos en otra publicación, nuestro intestino es nuestro segundo cerebro y es responsable incluso de nuestro estado de ánimo.

En el último libro que he leído sobre la piel, se hace mucho hincapié en el consumo de frutos rojos y bayas para evitar envejecer. Son ricos en vitaminas y ácido ferúlico que es un antioxidante natural. Este os sonará por estar presente en la composición de muchas cremas y serúms.

Con respecto al ejercicio físico os diré que es esencial, y más a partir de cierta edad. Cumplir años y llegar a una determinada edad ya no es excusa para no practicar algún deporte. Como bien dicen Valentín Fuster y Josep Corbella en el libro La ciencia de la larga vida: Hay que hacer trabajar a nuestros músculos. No son tejidos pasivos que solo aportan fuerza bruta, sino que, al ejercitarlos segregan moléculas necesarias para el buen funcionamiento del cuerpo humano. Una buena salud musculoesquelética, además ayuda a prevenir dolores cervicales, de espalda, de cadera o de rodilla que merman nuestra calidad de vida.

No hablo de correr maratones con 80 años, aunque hay valientes que lo hacen, sino de andar, bailar, hacer senderismo, yoga, pilates, zumba o lo que se presente. No ser conscientes de la edad cronológica, que tener 60, 70 u 80 años no impida vivir y disfrutar la vida como si se fuese más joven. Este número de años no debe representarnos ni condicionarnos. Hay que vivir con espíritu joven para poder parecerlo.

Y por último y no menos importante, el ikigai  o el sentido de nuestra vida. Hace años leí el libro que antes he mencionado del afamado cardíologo Valentín Fuster. En el cuenta que los habitantes más longevos del planeta están en la isla japonesa de Okinawa. Centenarios saludables que tienen una protección especial ante las enfermedades asociadas al envejecimiento. Tienen una dieta baja en calorías y azúcares. No es que se queden con hambre, sino que evitan llenarse. Son físicamente activos y todos han encontrado la razón por la que se levantan cada mañana. Viven en contacto con la Naturaleza respetandola. Tienen esperanza, son optimistas y han alcanzado su paz interior.

No solo tener unos hábitos de vida saludables, una correcta alimentación y una buena genética son suficientes para mantenernos jóvenes el mayor tiempo posible. No se trata de vivir muchos años, sino de vivirlos con la mayor calidad posible y con la mejor actitud. Y también estoy segura que estos ancianos centenarios no han llevado una vida exenta de problemas ni dificultades, las habrán tenido seguro. Yo me los imagino llenos de energía y con la mirada llena de paz y esperanza. Esa paz que da la sabiduría adquirida por los años y el aprendizaje que aportan las dificultades. Y esa esperanza que se tiene al ser consciente de que uno se puede hacer mayor y seguir viviendo con la ilusión de un niño.

La botica de guardia.

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