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Cómo encontrar el amor verdadero del que tanto se habla

¿Buscas el amor? ¿Eres de los que se pregunta de qué va eso del amor verdadero? ¿Te aterra encontrarte con él cara a cara? ¿Piensas que es un cuento de Disney o Hollywood?

Hoy es 14 de febrero, al parecer día de los enamorados. Curiosamente y sin planearlo, el post de hoy de Marta B. va sobre AMOR, pero del que se escribe con mayúsculas. Y yo, antes de dejarte con ella, tengo que decir que es uno de los posts que más me ha gustado de los que ha escrito hasta ahora. 

Felicidades amiga. Realmente sabes remover cimientos.

Vamos con Marta.



Llevo semanas queriendo escribir sobre una de las mayores fuentes de motivación que tenemos las personas: El AMOR. Hasta hoy no me he decidido. Allá voy.
Hace unas semanas acudía a trabajar, como de costumbre, sin esperarme que una de las sesiones que tenía programada me pondría de nuevo frente a una encrucijada clásica para el hombre desde que tomó conciencia de su existencia: Iba a sentarme frente al MIEDO AL AMOR.

Os pongo en contexto.

Recibo a la persona que esperaba, la saludo y la invito a sentarse y a continuación un largo silencio retumbaba en mi despacho:

- Marta B.: ¿Qué tal estás?

- XZ: Bueno. Bien. Como siempre... Lo de siempre. Nada más.

- Marta B.: ¿Qué es lo de siempre?

- XZ: Pues levantarte con pocas ganas, irte a trabajar, volver a comer a tu casa, volver al trabajo, acabar el día, cerrar el negocio y a casa a cenar y ver algo en la tele. Alguna cerveza con algún amigo si surge y poco más. No tengo novedades que contarte.

- Marta B.: ...

- XZ: No tengo problemas de los que hablarte.

- Marta B.: ...

- XZ: Es verdad. Mi vida es siempre lo mismo. Nunca pasa nada nuevo.

- Marta B.: Si te pasaran cosas diferentes tal vez sería mucho desorden...

- XZ: No te entiendo.

- Marta B.: Hace unos días me contabas las comodidades con las que cuentas en tu vida: Vives con tus padres pero en una zona apartada de la casa, por lo que parece que vives solo. Tienes compañía cuando te apetece charlar y soledad cuando la eliges. Puedes disponer de todo el espacio que tienes para poner tu equipo de música, televisor, tu colección de discos... Y nadie invade tu espacio.

- XZ: Sí, es así. Tengo bastantes comodidades... Aunque a veces me siento muy solo.

- Marta B.: Quizás estar rodeado de más gente suponga asumir ciertas incomodidades. No sé cómo lo ves tú...

- XZ: No estoy preparado para tener una relación, si es a lo que te refieres.

- Marta B.: Bueno, no me refiero necesariamente a eso. Ya sabes las incomodidades que puede generar el mero hecho de pertenecer a una familia.

- XZ: Sí, te salpican muchas cosas, pero de ahí no te puedes escapar.

- Marta B.: ¿Por qué dices que no estás preparado para una relación?

- XZ: Porque no sabría llevar todo lo que eso implica: relacionarme con la familia política, convivir juntos, tener hijos...

- Marta B.: Bueno, quizás por eso estás siempre en lo mismo.

- XZ: Es que me sale sin darme cuenta. Sin querer.

- Marta B.: No lo pongo en duda. Precisamente lo que te planteo es que puede que para que las cosas cambien, sea necesario que uno quiera que así sea. En parte, tiene que ver con querer.

- XZ: No sé si yo podría querer a alguien.

- Marta B.: No me refería exactamente a eso, pero fíjate de qué manera has escuchado la palabra "querer".

- XZ: ¡Ah! Tú te referías a querer hacer algo, ¿no? Me ha salido sin pensar.

- Marta B.: Claro, como la vida cotidiana. La repites de una forma que no te gusta sin darte mucha cuenta. Te propongo una hipótesis, a ver que te parece: Quizás tener una relación no entra ahora mismo en tus esquemas porque se te plantea como la obligación de asumir un cúmulo de incomodidades que desordenarían tu rutina. Bueno, puede que exponerse a los demás tenga estas cosas: uno se arriesga a que lo desordenen, le hagan cambiar de opinión, se sienta vulnerable o, en otras ocasiones, entendido, acompañado, querido... Supongo que en esto de querer tiene que haber una voluntad de pérdida.

- XZ: ¿Perder el qué?

- Marta B.: Pues parte de la comodidad que otorga la soledad para dejarle un hueco a otro.

Y allí se quedó. Sentado frente a mí y con un gesto en su rostro que recordaba al asombro y al momento en el que entiendes alguna cosa nueva y haces un descubrimiento.

Lo que hoy os traigo, además de este extracto clínico, es una manera de entender el AMOR diferente a la gestada por Disney, Hollywood y en gran medida el romanticismo literario. Vengo a hablaros de aquello del AMOR que espanta a muchos: ESTAR A LA ALTURA.

Estamos educados en amores sinónimos de belleza, cortejo, perfección y en el amor de nuestra vida. 

Un único amor tendría que poder colmar todas esas exigencias para reconocerlo como tal. Si no, sería otra cosa.

Y, en un momento dado, si te acercas a escuchar a la gente, aparece una pregunta que se repite en muchos lugares:

¿DÓNDE ESTÁ ESE AMOR DEL QUE TANTO HABLAN?
¿QUÉ HA SIDO DE LA MEDIA NARANJA?



Cantautores, músicos, poetas y artistas en general escriben alrededor de esta cuestión intentando cercarla, resolverla, pero casi siempre sin éxito.

Tal vez es que lo sentido como perfecto, lo que encaja, se acerque más a eso del ENAMORAMIENTO. Eso de: "Como aún no te conozco, te invento". Y cuando ese maremoto de endorfinas y pasión se aplaca, empieza uno a darse cuenta de quién tiene delante y es entonces cuando se da o no la opción de amarlo.

En alguna ocasión leí que el AMOR escondía un secreto en su apariencia de armonía. Y es que, en el fondo, es profundamente desarmónico.
¿Qué quiere decir esto? Pues que llamamos AMOR a aquello que nos cuadra y tiene apariencia de perfecto. Lo que deslumbra a los ojos. Pero hay teorías que sustentan que Amar es precisamente admitir el desorden, que falte una pieza, que tus tiempos no coincidan con los míos y que a veces tenga ganas de matarte.

Proponen un AMOR que no muera cuando pone un pie en la Tierra y se hace carne. Un AMOR humano, realista, de andar por casa. Un AMOR por el que no hubiera que morir, sino con el que se pudiera vivir.

Que no requiera de artificio y grandes galas y por ello sea sublime.

Un AMOR que admita el desencuentro ("A veces no estás"), el "hay cosas de ti que no me gustan",  y que no tenga que poder con todo.

Un AMOR que, al no tener que cumplir tantas órdenes, me dé la libertad de elegirte y que salga el sol por dónde quiera.

Tal vez XZ lo que tiene pendiente, antes de enfrentar las vicisitudes de una relación, es decidir si quiere arriesgarse. Arriesgarse a tener a alguien tan cerca que surja un:

"Te quiero con todo lo que conlleva esta cercanía, y con mis ojos bien abiertos, sabiendo quién eres, admito las incomodidades de esto de querernos. Admito el riesgo de que a mi cuerpo le falte el tuyo.



Asumo la posibilidad de quedarme sin ti"

Tal vez sea la única forma de que el AMOR nos transporte A LAS ALTURAS.



Miles de besos.
Nos leemos pronto.
Marta B.
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Fuentes de las imágenes
Amantes: Magritte
Pera manzana: Magritte
Diario de una volátil: Agustina Guerrero
Fuente: este post proviene de La Sana Motivación, donde puedes consultar el contenido original.
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