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Cáncer de piel: carcinomas

Cuando el tumor no es melanoma

Vademecum
El melanoma es el tipo de Cáncer de Piel más agresivo y popular que existe, no obstante existen otros que se pueden agrupar como carcinomas cutáneos que son igualmente peligrosos y merece la pena prevenir. Se tratan de los carcinomas de células escamosas, epidermoides o espinocelulares, y los carcinomas de células basales o basocelulares.


Tipos

El carcinoma espinocelular se produce como consecuencia de la aparición masiva de unas células malignas, conocidas como queratinocitos. Aunque entre sus características se encuentra la capacidad de producir  metástasis, sobre todo a nivel ganglionar, esta circunstancia se da en raras ocasiones y únicamente cuando el tumor se encuentra en una fase avanzada.

Se trata de un tumor relativamente frecuente, aunque su incidencia es menor a la del otro tipo de carcinoma cutáneo. Según datos aportados por la Asociación Española Contra el Cáncer (aeec), el carcinoma epidermoide o espinocelular supone entre un 20 y un 25% de los casos de tumores malignos cutáneos, tasa que ha ido aumentando a nivel mundial en las últimas dos décadas.

Piernas


El carcinoma basocelular, por su parte, se origina en las células basales que le dan el nombre, situadas en una capa inferior de la epidermis. Al igual que el tumor anterior, su incidencia ha aumentado en los últimos años (un 10% anual según la aecc). Sin embargo, existe entre ellos una diferencia fundamental, éste no tiene capacidad para producir metástasis, aunque puede llegar a ser muy invasivo localmente como consecuencia de su crecimiento lento pero progresivo. Es particularmente común en las personas de raza blanca.

Factores de riesgo


  Edad: la incidencia de estos tumores es directamente proporcional al paso de los años. De hecho es muy poco frecuente que una persona menor de 45 años lo sufra.

  Raza: las personas de piel blanca son aquellas que tienen una mayor predisposición a sufrir un carcinoma cutáneo.

  Luz ultravioleta: se trata de la causa más importante. Sin embargo, a diferencia del melanoma, no importan que la exposición se lleve a cabo en horas de mayor o menos intensidad, si no que depende del tiempo que dure.

 

Tomando el sol


 

  Radiación ionizada: es un factor de riesgo importante implicado, sobre todo, en la aparición de los  carcinomas basocelulares.

  Enfermedades que causan inmunosupresión como por ejemplo el Sida aumentan el riesgo de sufrir estos tumores. Así como el uso crónico de esteroides o el tratamiento inmunosupresor por trasplantes de órganos.

  Enfermedades o lesiones inflamatorias de la piel de larga duración como escaras, quemaduras, úlceras… aumentan el riesgo de desarrollar un carcinoma epidermoide. Al igual que otras muchas enfermedades cutáneas consideradas precancerosas.

  Síndrome de Nevus de células basales: es una enfermedad poco frecuente pero que predispone la aparición de tumores basocelulares.


Síntomas

Los carcinomas cutáneos se localizan en las zonas que se exponen con mayor frecuencia a los rayos del sol. Según informa la aecc, en un 55% de los casos estos tumores se localizan en la cabeza y el cuello (casi un 70% en el caso de los carcinomas de células basales), en un 18% en el dorso de las manos y los antebrazos y en el 13% restante en las piernas.

En cuanto a los síntomas, antes de la aparición del carcinoma cutáneo invasivo, las lesiones solares de la piel pasan por diferentes etapas aumentado, poco a poco, su agresividad:

1) Queratosis actínica: se trata de una lesión ligeramente elevada, benigna, y de aspecto de placa eritematosa con tendencia a la descamación. Es importante mencionar que no todas estas lesiones evolucionan a tumor, únicamente entre un 1 y 8% de ellas se convierten en carcinoma epidermoide o espinocelular. Se sabe que, aproximadamente un 80% de los carcinomas de este tipo tienen su origen una queratosis actínica o una zona próxima a esta.

Dolor



2) Tumor ‘in situ’:
en esta etapa la lesión ya se considera maligna. El aspecto  de un carcinoma epidermoide ‘in situ’, tal y como describe la aecc en su web es “de una placa, nódulo o pápula eritematosa, dura, hiperqueratósica, fija e infiltrada”. Los expertos advierten que puede aparecer aislada o como múltiples lesiones.

3) Otra apariencia que puede adquirir el carcinoma epidermoide invasivo es, al igual que en el caso anterior, el de un nódulo o placa dura eritematosa, con la diferencia de que su tamaño oscila entre 0.5 y 1.5 cm y puede ulcerarse y sangrar. Por lo general no produce síntoma alguno, aunque en algunas ocasiones puede provocar cierto picor.


Diagnóstico y tratamiento

Ante cualquier duda lo más aconsejable es acudir a un dermatólogo para que realice una dermatoscopia, gracias a ella podrá encontrar signos característicos de tumor y diagnosticar de qué tipo de tumor se trata. Finalmente, una biopsia ayudará a confirmar con rotundidad el diagnóstico. En cualquier caso, salvo que exista algún tipo de sospecha clínica, no será necesaria ningún tipo de exploración de imagen para descartar una posible metástasis, ya que sólo se da en casos excepcionales.

Dependiendo de cada caso, el tratamiento recomendado por el especialista será uno u otro. No obstante, en todos ellos será local:

  Tratamiento quirúrgico: es el más utilizado, generalmente no precisa de la hospitalización del paciente ya que puede realizarse bajo anestesia local, es extremadamente eficaz y permite estudiar por completo la extensión del tumor y asegurar la eliminación del mismo.

 

Médico


 

  Radioterapia: está especialmente indicado para tratar a personas mayores o a aquellas a quienes no se consideran adecuadas para tratar quirúrgicamente. También lo está en aquellos casos de tumores primarios que no se resecan por completo o cuando los ganglios se han visto afectados. No obstante, hay algunos casos en los que no puede recurrirse a este tratamiento.

  Tratamiento tópico: es muy útil para tratar las queratosis actínicas, los carcinomas ‘in situ’ o incluso los carcinomas superficiales, sin embargo expone al paciente a múltiples efectos secundarios.

  Crioterapia: se trata de una técnica que, mediante el uso de nitrógeno líquido, destruye las células tumorales por congelación. Lamentablemente, no permite el estudio histológico de la lesión una vez tratada.

  Electrocirugía: conocida igualmente como curetaje o electrocoagulación, puede aplicarse a pequeñas lesiones, bien delimitadas y con escaso riesgo de reaparición, como en el caso anterior, y tampoco permite su estudio histológico.

 

Fuente: Asociación Española contra el Cámcer (aeec)

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