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Los Gegos (Cap. X)

No supe cuanto tiempo pude dormir después de que toda mi pasión y deseo se desbordasen a raudales, tal vez una hora, dos, pero desperté como si de un niño se tratase en su primer día después de la visita de los Reyes Magos. Feliz. Notaba el bien estar en todo mi cuerpo, en cada una de mis células, aunque una sensación de reproche cubría tímidamente ese bienestar.

Eve estaba despierta, desnuda, a mi lado. La volví a mirar, Dios mío, era preciosa, me sonrió sabiendo lo que acababa de pasar entre nosotros, una sonrisa que implicaba que ya no éramos solamente compañeros de aventuras, habíamos hecho el amor y ya había algo más.

-¿Crees que los Gegos nos buscarán? –ya habíamos hablado del tema pero yo quería volver a hablar de ello, mas bien, no quería hablar para nada de lo que acababa de suceder, aunque hubiese sido lo más maravilloso que me había sucedido en mucho tiempo.

-Persiguen a tu hermano porqué les ha robado al bebe y nosotros nos interponemos en su camino, pero tal vez pierdan el interés.

Tenía claro que Eve mentía en sus últimas palabras, quería darme ánimos, pero yo tenía claro después de todo lo sucedido, que aquel grupo de delincuentes que predicaban extrañas teorías sobre el Universo y que traficaban con bebes, no perderían el interés tan facilmente.

Eve hizo un ligero movimiento y la manta dejó nuevamente al descubierto sus pechos ante mí, sus pezones aún erguidos e hinchados, acababa de disfrutar de ellos y no quería ni volver a mirarlos.

-Cuéntame algo de ti Eve –dije intentando no mirar directamente a sus senos-, ¿dónde están tus padres?

Eve entonces, y mirándome con unos ojos que no conseguían calmar mi calor interior, fue narrándome episodios de su vida, como había crecido y había tenido una infancia más o menos feliz, al igual que otros muchísimos niños, hasta que con doce años nació su hermana, la niña que le acompañaba cuando la conocí, y desde el nacimiento de la pequeña, los problemas aparecieron entre sus padres, la felicidad de sus progenitores pareció estancarse; apenas su hermana pequeña cumplió los dos añitos, su madre decidió llevarlas a ambas a un casting como modelos publicitarias, no me costó mucho imaginar a Eve con 13 o 14 años, guapísima, y a su pequeña hermana encandilar y hacer babear a cualquier director publicitario, me contó con naturalidad, como su cuerpo se había transformado en el de una modelo, mezclando los rasgos finos de su edad, con otros muchos más desarrollados, lo que le hacía poseer una explosiva sensualidad juvenil; las pruebas salieron bien y Eve y en menor medida su hermana, se vieron abocadas en una vorágine de trabajo publicitario; tan solo eran dos niñas, pero el dinero llovía, más que sobre ella, sobre los bolsillos de sus padres y en particular en el de su madre.

Pero después de un año y muy pocos meses, Eve, tomó la decisión de que no quería seguir haciendo aquello, se negó, lo que provocó la ira de su madre, sin embargo, su padre la apoyó, por lo que su madre se vio sola en aquella guerra familiar y su ira aumentó al infinito hasta provocar un camino de agrias discusiones que terminó en una sangrienta pelea que irremediablemente desembocó en tragedia, su ambiciosa madre disparó varios tiros sobre su marido ante la presencia de las dos niñas.

Comprendí que la ambición había perdido a aquella mujer. Eve se volvió a tumbar tapándose nuevamente y dejando de nuevo fuera de mi vista sus pechos. Me relajé y la miré pudiendo ofrecerme más comprensivo, desde luego debió de ser una situación muy dura para ella, alargué mi mano y acaricié su suave mejilla con toda la ternura que pude, una ternura que desde luego salió de lo más hondo de mi corazón.

Su madre fue a la cárcel, por supuesto, y su padre no murió, pero una de las balas partió su columna dejándole completamente inválido, para toda la vida; no me extrañé cuando Eve me dijo que invirtió todo el dinero que su madre había ganado explotándolas como modelos en facilitar la vida de su padre.

-¿Y dónde está tu padre ahora? –pregunté, pues desde luego no estaba en la casita donde yo estuve y desde luego, no me dio la impresión de aquél fuese un lugar lo suficientemente adaptado para ofrecer una mínima comodidad a una persona en las condiciones en las que debía de haber quedado su padre.

-Está en nuestra casa de toda la vida, en Valencia –dijo-, de vez en cuando vamos a verle pero yo prefiero vivir en la casita donde estuviste.

No soy un gran lector, aunque a lo largo de mi vida sí que he conseguido terminar algunas novelas, y en aquel momento, llegó a mi cabeza, nuevamente y de improvisto, algo que había leído en uno de esos libros, recordaba perfectamente al autor, cómo no, García Márquez, aunque en aquella oración el escritor colombiano citaba a la vez a otro autor, "desde muy pequeño tuve que interrumpir mi educación para poder ir a la escuela", algo así; identifiqué aquella frase citada por Gabriel García Márquez con Eve y la historia de su vida, comprendí que todo el dinero que hubiese quedado de la época en la que ella y su hermanita habían hecho de modelos publicitarias, la joven lo debía de estar empleando íntegramente en que a su padre no le faltasen atenciones, pero ella había decidido tomar un camino distinto, tal vez guardaba en su mente el hecho de que su padre no impidió que su madre la metiese en aquel mundo, su cerebro adolescente recién salido de aquella tragedia familiar, había optado por decidir que todo el dinero ganado fuese para ayudar a su padre invalido y que el camino para ella, lo más normal para una adolescente, fuese el de engancharse a los designios de la súper y todopoderosa Madre Inteligencia de la que me había hablado.

Tal vez todo aquello fue lo que la interpuso en el camino de los Gegos.

No quise preguntarle más y esperé a que ella continuase hablando, pero no.

-¿Y cómo encontraste a los Gegos? –pregunté ansioso de saber más sobre aquella jovencita en vista de que ella no parecía muy dispuesta a decirme nada más, desde luego ya me interesaba bastante la vida de Eve y mucho más después de haber compartido con ella momentos de una fascinante intimidad, además, todo lo relacionado con los Gegos también era de mi interés. Me sentí un poco egoísta.

-Después de que mi madre fuese a la cárcel y mi padre se recuperase muy lentamente en el hospital –dijo moviendo sensualmente su cuerpo y haciendo que la manta se moviese peligrosamente a punto de volver a dejar al descubierto sus senos-, me convertí en una joven oscura, pasé de ser una bella y prometedora modelo, a ser una joven solitaria, empecé a sentir interés por temas que los jóvenes de mi edad no suelen prestar demasiada atención, "El bien y el mal. Dios y el diablo". ¿Y si fuesen lo mismo? –me sonrió con cierta picardía-, me dediqué a mi hermanita y apenas salía de casa, me relacioné con gente que tenía mis mismas inquietudes, a través de internet, góticos y esa clase de gente, me gustaban, ellos hacían que me sintiese más cerca del nivel espiritual de la vida, quería sentir algo mas místico, conocí a Nika.

No me atreví ni siquiera a mirarla. Supe que sufría al recordar a su amiga, pero también adiviné, sin saber por qué, que el sufrimiento de aquella joven especial, era distinto al de la mayoría de los humanos que yo conocía.

-También conocí a algún chico y con uno de ellos hice una buena amistad, me gustó bastante. Me hice novia de uno de aquellos chicos que vivía bastante cerca.

Esta vez sí la miré y en la penumbra pude apreciar en sus ojos cierta nostalgia.

-Me enamoré de él –continuó-, me enamoré de verdad, o mejor dicho, como se enamora una joven de 17 años por primera vez, una joven sin el amparo y los consejos de sus padres, incluso se vino a vivir con nosotras.

Ya sí que no me cabía duda de que la notaba algo desconcertada hablando de su ex novio, no obstante no debía de haber pasado mucho más de un año o un par de años de lo que me estaba contando. Sentí un poco de rabia por lo que presentí que iba a decir.

-Él fue quien me llevó a las reuniones de los Gegos –aquellas palabras parecieron reanimarla nuevamente-. Mas que reuniones, eran autenticas fiestas, donde se mezclaban las charlas que nos daban sobre la teoría de la Determinación del Universo, con una increíble diversión, el paraíso para los jóvenes, yo disfrutaba también, claro, y además estaba enamorada de mi novio, hasta que descubrí que él sólo me quería por el sexo y tenía la orden expresa de los Gegos de dejarme preñada, como al resto de la chicas. Él sólo me usaba para los intereses de la secta.

Por un momento imaginé a un niñato al servicio de aquellos malévolos Gegos aprovechándose de Eve en la cama y sentí mucha rabia. Demasiada.

-Pero no me importaba -la miré, sus ojos en la penumbra volvían a recuperar su brillo natural-, seguí acompañándole a las fiestas de la secta y acostándome con él, pero por supuesto sin permitirle que me dejase embarazada, dejé de estar enamorada de él, pero aquellos lugares y todo lo que envolvía a los Gegos me atraía, mejor dicho, me atraía la energía que manaba de ellos, no su secta, pensaba que ellos eran lo que yo andaba buscando en mis últimos años de vida, pero descubrí que tan solo eran servidores del mal.

-Me alegro que no te quedases con ellos –expresé tontamente.

-Sí, no creo que perciba la misma energía que ellos, pero ellos pensaban lo contrario porque comenzaron a invitarme a reuniones, digamos, un poco más selectas, donde no íbamos tantos jóvenes y había personas más adultas, mas misteriosas, eran otra clase de reuniones, mi novio estaba en la gloria pensando que era por él por lo que asistíamos a aquellas importantes reuniones y ya se veía como uno de los lugartenientes de los Gegos.

-Pero no era por él por lo que os invitaban a esas reuniones.

-No, claro que no, era por mí, ellos notaron algo en mí. Entonces fue cuando descubrí lo peligrosos que eran, cuáles eran sus actos y como a través de jóvenes como yo traficaban con bebes, y lo mas macabro de todo es que lo hacían de tal forma que todo parecía ser correcto, tenían abogados, asesores, todo lo hacían de forma que pareciese legal, todas las chicas eran voluntarias para ofrecer sus bebes.

-A ti no te pareció bien.

-Como me iba a parecer bien, yo creo que hay un nivel superior de energía por encima de nosotros, de todos los seres vivos, algo que controla nuestros actos tal vez, pero todos los seres humanos estamos de paso en este mundo, todos nacemos y morimos en las mismas condiciones y nadie tiene derecho a hacer el mal ni a aprovecharse de los demás, empecé a asistir a menos reuniones, a distanciarme y ellos, por supuesto, notaron algo en mi. Me expulsaron de la secta y terminé la relación con aquel chico, ya no le quería, pero a los pocos días tuve noticias de él, se había matado con una moto, a él le gustaba bastante la velocidad, pero yo tuve la certeza de que habían sido ellos, una advertencia, un aviso de que me dejarían en paz si yo no hacía nada contra ellos, y esa advertencia perduró dentro de mí hasta que te vi, allí, en la puerta de mi casa peleando con el Candy.

-¿Y por qué decidiste ayudarme si sientes que estás advertida y puedes correr peligro?

-Pues…, tenía claro que me volvería a encontrar con ellos, tarde o temprano -sentí como la joven se envolvía en un meditado silencio-, pero no pensé que fuese tan pronto.

-Ha sido el destino –dije con decisión-, el destino ha hecho que tú y yo nos encontremos.

-Sí –contesto indiferente. A veces Eve me desconcertaba, parecía estar en otro mundo, como si yo no estuviese con ella, como si me ignorase y le importase tres pepinos.

Pero ahora sabía mucho más de ella. La conocía mucho mejor.

-Pero tú no crees en el destino, según tus propias palabras la súper inteligencia lo tiene todo programado, no deja nada al azar -Entonces se giró hacia mí. La manta se deslizó sobre su cuerpo dejando al descubierto todo su torso y sus morenas y perfectas curvas. Nos miramos y yo puse tontamente mi mano en su mejilla-. Eve tengo miedo, toda esta situación me está superando, no sé hasta dónde podré aguantar…, pero al menos tú estás conmigo.

-Claro que tienes miedo, es normal que lo tengas, pero estás siendo muy fuerte –puso su mano sobre la mía y la apretó con una suavidad exquisita sobre su mejilla.

-Todo es tan extraño para mí, ya no sé si son fantasmas, hombres, todas esas teorías sobre misteriosas energías de las que me hablas…, yo sólo quiero encontrar a mi hermano Eve.

-Y lo vamos a encontrar.

Entonces no puede aguantar más, la deseaba nuevamente, miré directamente a sus pechos que como si reaccionasen ante mi mirada, temblaron con una suavidad extremadamente sensual y de improvisto, como si otra vez fuese capaz de leer mis pensamientos, se sentó encima de mí, con sus labios rozando mi boca, sonriéndome de manera provocativa, sentí su sexo caliente y húmedo acoplarse con suavidad sobre el mío y el mundo volvió a detenerse, me invadió el mayor regocijo del mundo mundial que jamás pudiese sentir un pobre mortal, supe que ella también quería volver hacer el amor y yo lo deseaba más que nada en el mundo en aquel momento; me preparé para disfrutar de unos nuevos y fantásticos momentos, al diablo con todo, todos los problemas podían esperar hasta el día siguiente, o hasta el siglo siguiente, entonces sonó mi móvil, los dos nos miramos y ante mis dudas de cogerlo, Eve lo recogió por mí de la mesilla y me lo entregó.

Era mi mujer, como si el destino hubiese cumplido en aquel mismo instante con un mínimo plazo que nos hubiese dado para disfrutar de nuestros deseos carnales y nos recordase que estábamos sujetos a rígidos mandatos morales, contemplé absorto, anonadado, abobado, el numero conocido que se dibujaba en la pantalla de mi teléfono.

Eve se levantó de encima de mí y se fue al cuarto de baño.

Contesté a mi mujer que parecía enfadada y angustiada, me decía que tenía malestar por el embarazo y no sé cuantas cosas más, entendí que tenía razón en sus quejas.

-Escúchame cielo, estoy siguiendo una pista que ha descubierto el detective del que te hablé, mañana intentaremos seguirla por si nos conduce a algo serio y te prometo que pase lo que pase, por la tarde regresaré a casa.

Me despedí con mi estomago revuelto y un sin fin de sensaciones diferentes luchando cruelmente dentro de mí. Mi momento de pasión con Eve había pasado, la joven volvió a salir del cuarto de baño ya vestida con parte de la ropa que yo le había comprado.

-Tiene razón –dijo haciendo referencia a la conversación que había oído con mi mujer-, te necesita a su lado, debemos apresurarnos e intentar averiguar de una vez algo sobre tu hermano, para eso hemos venido.

Claro que tenía razón, me levanté y yo también me vestí, en silencio, totalmente desanimado. Volví a sacar el trozo de papel que encontré detrás de las motos de los árabes y junto a Eve, lo volvimos a estudiar. Sólo era una dirección escrita a bolígrafo (yo tenía la certeza de que era la letra de mi hermano) de algún lugar de Granada, no nos decía nada más. Eve metió el nombre de la calle en el buscador de su móvil y apareció una pequeña calle señalada en el plano, se encontraba en pleno corazón de la Alcaicería, el mercado árabe lleno de puestos y tiendas de toda clase y que yo recordaba vagamente y de una manera un poco cansada de mi anterior visita a la ciudad hacía ya algunos años, debía de ser un callejonzuelo incrustado en el laberinto que formaba aquella zona de la ciudad en torno al mercado.

-Vámonos, parece que no pilla muy lejos de aquí –dijo Eve.

Yo no tenía ni pizca de ganas de salir de aquella habitación, pero Eve nuevamente tenía razón, no debíamos de alargar mas la aventura que nos había conducido hasta allí, eran poco mas de las diez de la noche y al ser una zona comercial y turística, seguramente aún habría algo de gentío, lo prefería mejor que un lugar solitario. Echamos un vistazo por la ventana, parecía haber dejado de nevar pero el frio en el exterior debía de ser intensísimo, nos abrigamos todo lo que pudimos, Eve seguía estando preciosa a pesar de la pequeña señal que la trifulca en la tetería había dejado en la comisura de sus labios, el pantalón que le había comprado se ajustaba a sus piernas de exquisita manera.

Me miró y me sonrió esta vez con más sobriedad mientras colocaba en su cabeza el gorrito de lana que había llevado puesto casi todo el viaje y que aún conservaba a pesar de todo.

Su rostro moreno resaltaba pícaro y excitante. Estaba hermosa.

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