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CONSECUENCIAS DE LAS DISCUSIONES DE PAREJA EN LOS HIJOS

La violencia en el entorno familiar no siempre recae directamente sobre el hijo ni está vinculada a la violencia machista. En ocasiones, simplemente, los desacuerdos de pareja se resuelven gritando, insultándose mutuamente e hiriendo al otro. Estas actitudes que están más extendidas de lo que cabría imaginar, tienen una víctima silenciosa en todo el proceso. Se trata del hijo. Recabamos algunos datos de estudios como el de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia de Madrid para acercarnos a los hechos y poder comprobar hasta qué punto los más pequeños son quienes sufrirán las peores secuelas a partir de las discusiones de sus padres.

Los hijos son un reflejo de la salud de la pareja

En este estudio del que nos hacemos eco, se examinaron diferentes situaciones familiares de tal modo que se partió de la base de familias con padres alegres. En estos casos, el 83,4% de los niños se manifestaron felices.

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Los problemas comienzan a surgir cuando hay discusiones en la pareja ya que un 37% de los niños manifestaron que se sentían tristes.
Mientras, un casi un 20% se mostraron preocupados o estresados. Un 14% enfadados y, por último, un 7,5% asustados. Este estudio señaló un curioso 12% de niños que se sentían alegres en situaciones en las que discutían sus padres (seguramente debido a que lo habían normalizado).

No obstante, no todos los niños mostraron por igual su preocupación. Entre niños y niñas, estas últimas mostraban una ligera preocupación por encima de sus compañeros varones (aunque menor a un 3% con respecto a ellos). El mayor medidor fue la edad ya que a los 7 años de edad un 77% de los niños consultados sentía indiferencia hacia las discusiones de sus padres.

Las secuelas que deja en los niños una discusión de pareja 

Las conclusiones a las que llegó este estudio son solo una muestra de hasta qué punto es importante educar emocionalmente a los más pequeños. Estas son algunas de las secuelas que se manifiestan en la vida adulta de los niños que vieron constantes discusiones entre sus padres:

Conocimiento pobre de las emociones en la edad adulta. Si un niño ve como sus padres discuten durante la infancia y, aún así, continúan juntos en una relación que permanece y que no parece sufrir alteraciones, el pequeño aprenderá que las discusiones de pareja son el motor de las relaciones. De ese modo, el futuro adulto manejará sus relaciones personales del mismo modo que le enseñaron involuntariamente a él, con gritos e insultos. No olvidemos que los niños aprenden de sus progenitores el tipo de relación que, seguramente, después tendrán y, aunque el futuro adulto puede desaprender estos esquemas familiares, lo cierto es que sufrirá debido a que así es como aprendió a manejar sus emociones.

Trastornos emocionales y conflictos de parejas con niños. Según varios estudios realizados entre más de 2000 jóvenes en la Universidad de Cambridge, los hijos de padres que discutían a menudo tenían una mayor tendencia a padecer trastornos por hiperactividad, depresión, bipolaridad o esquizofrenia.

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El niño que aprendió que las discusiones de alta intensidad son el método para resolver conflictos. 
Quizás la secuela más visible sea la que se puede ver entre miles de jóvenes adultos que no saben llegar a un acuerdo sin discutir en un tono alto que roza el desprecio hacia el interlocutor. Esta característica es compartida por aquellos niños que normalizaron las discusiones de pareja como la manera de resolver un conflicto. Hay otras secuelas derivadas de esta como la mala gestión de la ira o el comportamiento explosivo.

Porque discutir es positivo … pero solo si se llega a un acuerdo. Esa es la clave según un estudio ya antiguo, de 2009, en el que el investigador Patrick Davies y su equipo de la Universidad de Rochester (USA) descubrieron que los hijos vean discusiones entre sus padres puede ser positivo siempre y cuando estas sean de intensidad moderada y terminen en un acuerdo. De este modo, los niños sí que pueden aprender a manejar el arrepentimiento y la negociación.
La terapia de pareja puede ayudar en casos de parejas “violentas”, que han hecho de las discusiones su modo de “resolver” los problemas. A veces, cuando alguien en la pareja muestra síntomas de agresividad, es probable que al existir ese problema la sesión tenga un carácter individual para la mejora de las conductas agresivas. Pero también se hará un trabajo encaminado a la mejora de la relación de pareja en sí misma.

Autora: Alex Bayorti (colaboradora de nuestro Blog)

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