Personas ansiosas: 10 claves para convivir con ellas
La ansiedad puede llegar a ser un problema muy difícil de manejar, y no solo para la persona que la padece sino también para quienes están a su alrededor y comparten su día a día.
Vivir con una persona ansiosa puede ser agotador, ya que a menudo es demasiado exigente y responde con irritabilidad o se frustra fácilmente. En muchos casos, su falta de planificación y su tendencia a la impulsividad también pueden generar problemas en las relaciones.
Por eso, si convives con una persona ansiosa, es importante que comprendas cómo se siente y por qué reacciona de determinada manera en ciertas situaciones. La capacidad para ponerse en el lugar del otro es fundamental para evitar discusiones innecesarias y, por supuesto, para poder ayudarle.
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Hay mucho más detrás de la ansiedad. Ninguna persona se puede definir exclusivamente a través de una característica. Es una verdad de Perogrullo pero lo cierto es que cuando estamos ofuscados, tenemos la tendencia a centrarnos solo en las cualidades negativas, obviando las positivas. Por eso, es importante aprender a mirar más allá de la ansiedad y valorar todas las cualidades de la persona que tienes a tu lado.
El agobio puede sentar casa rápidamente. La persona ansiosa está pendiente de todo lo que sucede a su alrededor ya que su cerebro no es capaz de desconectar. Ese estado de híper activación termina siendo abrumador y agobiante. Por eso, si quieres hablar tranquilamente sobre un tema importante, es mejor que elijas lugares tranquilos. De esta manera no solo lograrás captar mejor su atención sino que también disminuirás las fricciones en la conversación.
Existe una conciencia de que la ansiedad es irracional. La mayoría de las personas que sufren ansiedad, saben perfectamente que se trata de un estado irracional. La persona ansiosa no pierde el contacto con la realidad, solo le resulta difícil manejar ciertas sensaciones, emociones y pensamientos. Por tanto, enfatizar en lo irracional de su estado o de sus preocupaciones a menudo no ayuda, al contrario, hace que la persona se sienta incomprendida o que incluso se culpe por lo que está experimentando.
Dejar ir es una cuestión complicada. La ansiedad está vinculada, indisolublemente, a los pensamientos recurrentes e indeseados. La mente de la persona ansiosa se ve bombardeada por las mismas ideas, que le atemorizan o angustian, una y otra vez. Por eso, dejar ir algunas cuestiones o pasar página, puede ser muy complicado. No le presiones para que "olvide" o piense en otra cosa porque mientras más importancia le des a esos pensamientos, más se anclarán en su mente. Solo dale tiempo y ayúdale a distraerse.
Los cambios, aunque mínimos, son un gran reto. La persona ansiosa vive en un estado de zozobra y angustia casi permanente, esperando que al minuto siguiente suceda algo malo. Por eso, es normal que cuando encuentre una zona de confort, se aferre a ella y no sea amante de los cambios. Hay que tener mucha paciencia porque en su mente, los cambios pueden significar desestabilización, caos y, por supuesto, malestar. Esto no significa que los cambios no sean positivos, al contrario, pueden ser muy beneficiosos, pero es necesario ser pacientes y respetar su ritmo.
Estar plenamente presentes es un lujo. La persona ansiosa no siempre logra estar plenamente presente, su mente es muy activa y a menudo la empuja lejos, por lo que es común que se pierda en sus pensamientos. Obviamente, no lo hace a propósito, casi siempre se trata de algún estímulo del medio, como una frase, un olor o un objeto, que su cerebro ha asociado con una experiencia pasada, disparando así una serie de pensamientos. No te molestes, haz que vuelva suavemente a la realidad.
El agotamiento es pan cotidiano. La ansiedad es, simplemente, agotadora. Imagina que pasas todo el día expectante y angustiado, a menudo sin saber por qué. Ese estado de alerta agota tanto a nivel físico como mental, por lo que es normal que las personas ansiosas necesiten descansar más y se sientan sobresaturadas más rápido. A esto se le suma que suelen tener problemas para lograr un sueño reparador y que no logran relajarse con facilidad. Por tanto, no le recrimines ni le empujes a ser más productivo porque añadir una dosis extra de ansiedad y tensión no ayudará, al contrario, solo puede empeorar la situación.
La impulsividad conduce a tomar malas decisiones. Las personas ansiosas pueden responder de manera impulsiva ante determinadas situaciones. Por ejemplo, un experimento realizado en la Universidad de Illinois evidenció que las personas ansiosas sacan conclusiones apresuradas sobre los estados emocionales de los demás, lo cual les lleva a cometer errores en sus relaciones interpersonales. Esa falta de reflexión está determinada por una híper activación de su cerebro emocional, no lo hacen a propósito. Por consiguiente, la mejor ayuda es ser pacientes y ayudarles a reconducir su pensamiento.
La inquietud y la impaciencia son caballos de batalla cotidianos. La persona ansiosa experimenta un estado de activación interior que le impide mantenerse tranquila. Expresa esa activación moviendo pies y manos mientras está sentada o cambiando continuamente de actividad. En algunas de estas personas, las técnicas de relajación funcionan pero en otras provocan una mayor inquietud. En ese caso, realizar actividad física puede ser mucho más beneficioso. Por tanto, quizás en vez de ir al cine, es mejor planificar un paseo por el parque. Se trata de adaptarse a las necesidades del otro y planificar actividades que hagan sentir bien a ambos.
Hablar de los sentimientos es liberador. La persona ansiosa puede encontrar un gran alivio en alguien que la escuche y se interese realmente por lo que siente. Por eso, a menudo la mejor cura no son los medicamentos ni la psicoterapia sino el amor y la comprensión. Pregúntale cómo se siente e intenta comprender, poniéndote en su lugar. La escucha activa fortalecerá vuestra relación, creando vínculos afectivos mucho más fuertes.
Por último, no olvides que compartir la vida con una persona ansiosa puede ser una gran aventura, solo es necesario centrarse en los aspectos positivos.
Fuente | Rincón de la Psicología
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