comunidades

Enseña y aprende. Mi primer servicio como voluntario en un curso de días Vipassana

Si uno quiere protegerse a sí mismo, entonces debe cultivar la meditación. Si uno quiere proteger a los demás, entonces debe cultivar la meditación.
Quien se protege a sí mismo, protege a los demás, quien protege a los demás, se protege a sí mismo.
Buda. S. 47:19

¿Que qué es Vipassana?

Una goma de borrar lo que no eres.

Si acabas de llegar a mi blog y no sabes qué es Vipassana, pero te gustaría comprender la infinitud a la que tratan de apuntar mis palabras, te sugiero que empieces primero por este capítulo.

Recuerdo que cuando terminé mi primer curso como estudiante pensé que yo no querría servir en uno. ¿Para qué iba yo a querer emplear diez días en eso?

Después, curso tras curso supongo que mi corazón se fue abriendo y ensanchando y una fuerte necesidad empezó a surgir en mí.

Me di cuenta de que no había alegría más alta que la de dar sin esperar nada a cambio más que mi propio crecimiento.

Aún soy un principiante en esto de dar unidireccionalmente y es lo que más me fascina e ilusiona: cuánto camino me queda por recorrer.

Bien, hoy voy a contarte mi experiencia sirviendo un curso, pero empecemos por el final: ayer cuando volví a casa me encontré una nota sobre mi mesa (de hecho me encontré dos, pero esa es otra historia). Era de una amiga que hice durante el curso y a la que le dejé mi casa para pasar unos días puesto que había decidido marcharse antes de tiempo.

Y entre otras cosas, mi querida amiga me escribió: tengo tanto que aprender que casi duele.

No sé exactamente qué la llevó a escribir eso pero sí sé que me conmovió pues yo pienso exactamente lo mismo. Casi duele.

Algún día te contaré lo que he aprendido hasta ahora sobre cómo crear un hogar y sobre cómo ser un buen anfitrión, pero por ahora… hablemos del servicio al Dhamma.

Servir en Vipassana, qué es

Cuanto más descubro la estructura que tienen montada en Vipassana más me sorprende. Es brillante. Pareciera perfecta. Bendecida. Minuciosamente planificada. Como si cientos de personas muy preparadas e instruidas lo hubieran diseñado todo.

Servir un curso, es decir, ir como voluntario a hacer todo aquello que necesite ser hecho para que los estudiantes puedan meditar diez horas al día y comer sin preocuparse de absolutamente nada más, en un entorno de ensueño entre árboles, montañas, aire limpio y Dhamma, cierra el círculo de Vipassana.

Ir como estudiante, por un lado, e ir como servidor de los estudiantes, por el otro, son las dos patas de Vipassana, una no funciona sin la otra.

Veamos las diferencias entre servir y sentarte:

En los cursos como estudiante no haces otra cosa más que meditar diez horas al día, comer, dormir, luchar contra tus demonios y escuchar los susurros de tus dioses. Nada más. Nada menos. Y eso como te puedes imaginar no es muy realista a la hora de volver a casa.

En los cursos como servidor empiezas tu jornada a las 5:30, meditas tres horas diarias como mínimo, comes tres veces (si quieres) y trabajas ocho o nueve. Esto no sólo es posible sino altamente deseable, quizás obligatorio para cualquier persona laica que aspire a su máximo potencial y a tener una vida de amor, comprensión, energía y creatividad sin límites.
Quizás lo más interesante de todo es que gracias a los servicios en el centro puedes empezar a comprender cómo vivir realmente fuera del centro una buena vida, realista, en tu día a día de persona normal, productiva, con quehaceres y obligaciones y amigos y familia y conversaciones y frustraciones.

Mi experiencia

Tuve la enorme suerte y el gran honor de ser nombrado cocinero.

Bueno, además de suerte y honor también hubo un poco de amiguismo pues hace un mes estuve sirviendo tres días y me hice muy amigo del que era cocinero, un rumano llamado Ionuts al que con cariño le llamo Donuts o Coconuts y que además es cocinero profesional fuera del centro.

Cuando la maganer estaba repartiendo las tareas, Coconuts me miró y con los ojos me preguntó: ¿quieres ser cocinero? así que dijo en voz alta que a mí se me daba muy bien y que yo sería perfecto para ese puesto.

¿Que se me da bien ? Soy el típico tío que quema las tostadas todas las veces posibles. Oh mierda, ¿otra vez? ¿en serio? pero bueno, aprendí a base de prueba, amor, y error.

Preparar la comida para 120 personas se ha posicionado rápidamente como una de las grandes y más importantes experiencias de mi vida.

Cocineros del mundo, tenéis mi más profunda admiración.

Como sugerencia culinaria, apunta estos consejos:

Las lentejas de tu abuela vegana


Ten preparado y picado ajo, cebolla, pimientos rojos, zanahorias, tomates batidos o tomate frito, hojas de laurel, pimentón dulce de la vera, romero en polvo y/o tomillo.

Con el aceite no muy caliente, sofríe el ajo y las cebollas hasta que se doren y échales sal y pimienta.

Echa las hojas de laurel, echa las zanahorias picadas y mézclalo todo.

Cuando las zanahorias estén mitad crujientes mitad blanditas, echa los pimientos rojos y el tomate y mézclalo todo. Apunte: en la cocina, se echa primero lo más duro y después lo más blando (ejemplo: zanahorias → pimientos → tomates picados).

Echa las lentejas (escurridas) que previamente han estado en agua y revuelve todo hasta que no quede una sola lenteja sin haberse apareado con una zanahoria.

Wait. Don´t panic.

Echa agua hasta cubrir todo ese tinglao.

Espera 30-40 minutos probando un sorbito de caldo cada rato si eres normal, o probando una cuchara rebosante cada dos minutos si eres como yo.

Las hamburguesas veganas venidas para libertarte


Ten preparadas las sobras del día anterior (rissoto, garbanzos, lentejas, lo que sea), remolacha y/o zanahoria picada, un montón de pan duro rallado.

En un gran cuenco, mezcla todo bien con las manos.

Haz la forma de la hamburguesa.

Pinta con aceite la base de una bandeja y pon las hamburguesas encima.

Al horno a 160 grados unos 10 minutos. Sácalas y dales la vuelta.

Al horno hasta que veas que están a tu gusto.
Bueno después de este minuto con Arguiñano, volvamos a los aprendizajes.

Durante diez días, he dado unos pasos más en la senda de:

Planificar

Prevenir

Ser ordenado, meticuloso, limpio

Seguir las instrucciones de un manual

Entender cómo crear instrucciones precisas para un manual

Dar instrucciones a personas (delegar y aprender a liderar)

Recibir instrucciones de personas (comprender cómo te gusta que te hablen, aprender humildad)

Reuniones diarias de treinta minutos para saber qué ha ido bien, qué ha ido mal, cómo nos sentimos, y qué podemos mejorar al día siguiente, abriendo y cerrando cada sesión con un minuto de meditación
Y ¿sabes qué? que en estos puntos están algunos de los secretos para tener una empresa de éxito y con posibilidades de ser escalable y delegable al 100 %.

No es casualidad que muchos de los profesores (quizás todos los que he conocido), sean ricos. No sólo abundantes y libres y con mentes oceánicas. Ricos.

Cada día que pasa encuentro más sentido al nombre de este blog; Cocineros y libres. Digo Ricos y Libres.

Bien, ahora hablemos de cosas aún más serias.

Quien tiene tristeza, reparte tristeza

La manager de cocina resultó ser una mujer un poquito gruñona y mandona, así que casi desde el primer instante empecé a generar ira y malos sentimientos hacia ella.

Los viejos fantasmas del pasado volvían a mí. Cuando compartes ambiente laboral con una persona dominante/gruñona y tú no sabes cómo reaccionar, te mata poco a poco, pero gracias a Buda en esta ocasión estaba más preparado: la meditación y especialmente la meditación en mettā bhāvanā.

Aunque durante las horas de trabajo estaba molesto, cada vez que meditaba (unas cinco veces al día) reiniciaba mi mente y desplegaba amor hacia ella.

Sobre el cojín de meditación mi mente encontraba la calma, y fuera del cojín mi mente trataba de recordar que era perfectamente posible estar en calma ante cualquier situación pues todo dependía de mi capacidad de no reaccionar y de ver las cosas tal como son, y no como parece que son.

Si la sociedad o las personas nos causan estrés y nos envenenan, la meditación es el antídoto.

El caso es que el segundo día, durante la reunión de la noche un compañero dijo que no le parecía bien cómo se nos estaba hablando, y explicó con mucha calma que había mejores maneras de liderar para que todos estuviéramos contentos y fuéramos lo más productivos posible.

Y ahí, es cuando comprendí.

Quien tiene fortaleza, protege al débil

Ella, la manager, en lugar de defenderse, en lugar de explicar, simplemente empezó a hablar y sin venir aparentemente a cuento empezó a llorar y de su boca se derramó la historia de cómo perdió a su hijo de dieciocho años. Cómo ella le vio morir. Cómo le dijo adiós. Cómo se rompió su corazón.

Al terminar se quedó inmóvil, abatida, cabizbaja, pequeñita.

Ante sus palabras comprendí que todo ser humano tiene un trauma, un cuerpo dolor como diría Eckhart Tolle, una herida lacerante en su interior que no sabe curar y que ante circunstancias que no controla, supura tristeza, ira, y miedo.

La meditación Vipassana te conduce inevitablemente hacia la compasión por los demás y hacia la tuya propia.

Al exponerte a tu dolor, a tu pereza, a tu valentía, a tus contados logros y a tus infinitas derrotas, al surgir y resurgir de tus Samskaras acumulados, al batallar a pecho descubierto contra tu pasado y contra tu presente, comprendes a los demás al menos durante unos segundos como tocado por un chispazo de luz, y al salir de la meditación vuelves a olvidarlo, vuelves a tus demonios, vuelves a la ignorancia y vuelves a tu caverna.

Como dije hace no mucho.

Yo sufro. En mi interior hay una batalla durante años inapercibida que ahora empieza a cobrar nitidez, entonces, él, ella, también sufre, también tiene una batalla en su interior esperando ser vista, comprendida, apaciguada, y erradicada.

La importancia de la práctica de meditación reside en cuánto puedes recordar al salir de ella. Cada vez un poco más. Un poco más. Gota a gota llenando tus vasijas, tus paramis.

En el cojín entrenas. Fuera de él, el universo te hace examen. Una y otra vez. Una y otra vez hasta que lo aprendes.

Lo que es impermanente es el sufrimiento. Lo que es sufrimiento no es el yo.
S. 35. 1 22.46

Si estás pensando abandonar, lee esto

Al servir un curso he tenido la oportunidad de enterarme de aquellas personas que abandonaban antes de terminar, y verles y hablar con ellos me afectó más de lo que pensaba.

Los que abandonan son estudiantes que hacen su primer curso y, por una u otra razón, piensan que no pueden soportarlo y se van. Algunos el segundo día. Algunos el quinto, etc.

Yo pensaba que podría incidir en su decisión hablando con ellos, pero reconozco que apenas pude hacer un clic en la mente de una estudiante.

Futuro estudiante, futura estudiante, lee esto:

Vipassana es más grande de lo que puedas imaginar, concebir, sospechar. Esta práctica es como un regalo que, a medida que lo vas abriendo, a medida que vas quitando lazos y envoltorios, van apareciendo más y más tesoros en el interior.

Uno tras otro. Regalo tras regalo.

No temas si te sientes sin fuerzas, si sientes que no puedes más, si parece que eres la única persona que no puede soportar. Sólo necesitas recordar esto: haz lo que puedas. No tienes que meditar las diez horas del día, sólo tienes que hacer lo que puedas.

¿Hoy puedes meditar cinco? fantástico.
¿Mañana cinco y media, o cuatro? fantástico.

Tienes que comprender que el sistema está estructurado para que parezca muy rígido, para que parezca que sí o sí tienes que meditar diez horas al día como un Buda con tres adhiṭṭhānas diarios, pero eso es así porque los profesores saben que somos como niños pequeños que necesitamos unos horarios y un poquito de disciplina para que no nos desmadremos.

Su tarea es parecer rígidos. Nuestra tarea es hacer lo que podamos. Paso a paso. Gota a gota. Meditación a meditación.

Y así, si tienes paciencia contigo, si te mimas, llegarás al final, al último día. Y ese día, y te lo digo con toda la honestida que tengo encima, tu sonrisa será la más grande que hayas visto en tu vida, pues habrás empezado a ver, un poco, al menos.

Sólo los que tienen visión ven.

El ego

Voy a confesarte algo. Un día estaba fregando una cazuela gigante y tuve que ausentarme unos segundos así que la dejé ahí a medio fregar. Cuando volví había otra persona fregándola.

Y pensé: ¿será cabronazo? ¡me está quitando mi trabajo! ¡esa era mi cazuela!

Tras ese pensamiento me di cuenta de que había dado un pasito más en la comprensión del ego.

The unaffected is hard to see, it is not easy to see truth.
To know is to uncover craving, to see is to have done with owning.

Conversaciones

El servicio te da la oportunidad de conocer en profundidad a personas increíbles. Todas ellas. No hay meditador vipassanero que no tenga un millón de historias detrás, pues como escuché una vez, para que te sea mostrado el Dharmma has tenido que caminar.

Te contaré algunas.

El millonario.

Una tarde caminaba con un compañero. ¿A qué te dedicas fuera del centro? —le pregunté—. A los bienes raíces. Compro, vendo y alquilo propiedades.

¿Ah sí? ¿dónde?

En varios paises de tres continentes.

Con el pasar de los días, aquel meditador me contó que tenía edificios, restaurantes, hostales, y además también me regaló algunas historias y consejos.

No busques el dinero, Antonio. Busca el despertar de la conciencia. Busca disfrutar debajo de un árbol. Busca la buena amistad. Busca contentarte con un plato de arroz. De lo único que me arrepiento en mi vida es de haber tardado tantos años en comprarme una autocaravana barata para que no me la rallen y viajar donde quiera sin preocupaciones.

Cuando gané mi primer millón de dólares lo celebré comprándome un Ford Fiesta antiguo y yéndome de vacaciones con mi hijo.

Si quieres ganar dinero por las razones correctas, está bien: ponte como objetivo tu primer millón de dólares, después, el segundo vendrá sólo, y después, tendrás que aprender a frenarte para no querer el tercero.

¿Cómo saber cuándo parar? fácil. Tus ojos te lo dirán. Tu caminar te lo dirá. Sigue caminando como lo haces ahora, Antonio, no cambies tu paso. El caminar de muchos millonarios es diferente. Sus ojos son diferentes. Tristes. Ansiosos. Vacíos. En eso no cambies, llévalos siempre contigo.

El dolor

En un curso de veinte días comprendí que no aceptaba mi dolor como parte de mí y por eso me dolía tanto. En el momento en que lo acepté, que lo abracé como diría Jung, empecé a sentir menos, mi ecuanimadad creció. El dolor es parte de mí, no tengo que rechazarlo.

El desapego

La gente que no tiene nada dice que lo hace porque es muy desapegada, pero en realidad es porque no saben tener algo y no estar apegados a ello.

El profesor que camina lento

Una tarde, uno de los profesores asistentes se sentó junto a nosotros en la comida.

Por si no lo sabes, un profesor de Vipassana es alguien bastante sobrenatural, una rara excepción de la naturaleza. Una persona que, así entre tú y yo… ha visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión… Alguien que ha pasado muchos meses, durante muchos años, sentado consigo mismo observando su universo interior.

El caso es que le pregunté: profesor, tú que has caminado tanto por el Dhamma, ¿podrías decirme a qué distancia estaba Buda, a dónde llegó?

Y el profesor, tras casi atragantarse con mi pregunta, me respondió:

No tengo ni idea. Yo no he caminado mucho. Yo he caminado sólo un poco más que tú. Yo he llegado sólo hasta aquella esquina. El camino es muy largo.

Así que si estás leyendo esto, mi obligación es decirte:

Lo que debe hacer por los discípulos por compasión un maestro que busca su bienestar y es compasivo, eso he hecho por vosotros. Hay raíces debajo de los árboles, hay habitaciones que están vacías: meditad, bhikkhus, no os demoréis para no arrepentiros después. Esta es nuestra instrucción para vosotros. M 8. M 152

El profesor compasivo

Otra tarde, otro profesor que pasaba por ahí vino a cenar con nosotros y nos dio unos regalos.

La idea de vivir es crecer mientras enseñas a los demás el Dhamma. Quizás en otra vida, esa otra persona la que te lo enseña a ti.

El arte de morir es ir desde una vida, a la siguiente vida, a la siguiente vida.

Libros recomendados durante el retiro


Sacred Economics. Charles Eisenstein (Profesor Giorgio)

The great disciples of the Buddha. Nyanaponika Thera y Hellmuth Hecker. (Profesor Giorgio)

The Great Chronicle Of Buddhas. Mingun Sayadaw (Profesor Giorgio)

The Manuals of Dhamma. Ledi Sayadaw (Profesor Giorgio)

The Life of the Buddha: According to the Pali Canon. Bikkhu Ñāṇamoli

The daily rituals. Mason Currey

El yoga de Jesús. Paramahansa Yogananda

La búsqueda eterna. Paramahansa Yogananda

El club de las 5 A.M. Robin S. Sharma

Conversaciones con yoguis. Ramiro Calle

Experiencias meditativas que no deberían contarse y que escuché


Cuando sientes el corazón desde dentro bombeando sangre, palpitando, entrando la sangre y saliendo… puede llegar a ser desagradable.

El cerebro está compuesto por miles, por millones de cajitas que se abren y se cierran, como pestañas haciendo pi pi pi.

Hay un momento en el que llegas a un estado de Sukha. (Preya = felicidad o gozo transitorio. Sukha = fecilidad o gozo permanente). Durante la meditación, si estás en Sukha, si surge un pensamiento feliz, sientes una descarga que irradia todo el cuerpo como de colorines, felicidad, éxtasis, como fuegos artificiales. Un sólo pensamiento bondadoso produce esa explosión dentro de ti.

La mejor respuesta que he escuchado

En una ocasión le pregunté algo a Pier, un permacultor francés que entre otras cosas había vivido diez años en la India. Creo que Pier era el tío más sabio y silencioso del centro.

— Pier. Tú como crees que es la tierra, ¿redonda, o plana?

No lo sé. Me han dicho que es redonda.

En fin… podría seguir contándote más y más historias pues son infinitas, pero no quiero aburrirte.

Han sido diez días en los que he cocinado, picado, pelado, fregado, limpiado, ordenado, planificado, meditado, amado, odiado, reconciliado, abonado, acolchado, pintado, barnizado.

He aprendido lo que significa ser útil y lo que significa para una persona el sentirse útil. He aprendido la importancia de rotar las tareas a los trabajadores para que aprendan todo, para que pierdan el ego, para que sepan que son prescindibles e imprescindibles.

Cada vez me siento más preparado para llevar a cabo un experimento que pensé hace tiempo y que, de lograrlo, mi vida pegará un salto cuántico.

¿Cuál? El experimento del Dhamma: vivir fuera, como vivo dentro del centro.

Algún día lo contaré, espero.

Ah, antes de despedirme te cuento algo curioso. Una noche desperté a las 3:59 de la mañana con un pensamiento y, como tenía el boli y el cuaderno al lado, lo apunté: A medida que el ego desaparece, en su lugar aparece la pregunta: ¿cómo puedo ser útil?

Gracias por leerme.

Fuente: este post proviene de Ricos y Libres, donde puedes consultar el contenido original.
¿Vulnera este post tus derechos? Pincha aquí.
Creado:
¿Qué te ha parecido esta idea?
Esta información nunca debe sustituir a la opinión de un médico. Ante cualquier duda, consulta con profesionales.

Esta idea proviene de:

Y estas son sus últimas ideas publicadas:

Estábamos dando nuestro habitual paseo cuando mi querido vecino me contó qué era para él el éxito: Detenerse a oler las flores. Se han escrito innumerables libros sobre este tema y se han fundado reli ...

Imagino un río caudaloso de agua cristalina y pura en mitad de un bosque originario de la antigua Europa, fluyendo, tan lleno de vida en su interior que atrae la vida exterior en forma de pájaros de c ...

Lo primero que tenemos que saber sobre un ser humano, es que es muchísimo más de lo que parece a simple vista. Esto es importante, pues si crees que lo que ves, es todo lo que es, no buscarás aquello ...

Etiquetas: Blog

Recomendamos