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Hoy, 6 de diciembre, es mi cumpleaños número 42 y con honestidad no tengo idea cómo es que he llegado a estas alturas de la vida.
En estos últimos días, he estado pensando en lo mucho que he cambiado en solo unos cuantos años y en todas las lecciones que he aprendido. No es mucho,pero es algo.
Cuando miro fotos y publicaciones de antes, me doy cuenta de que ahora soy una persona distinta a la que era hace unos años. No mejor ni peor, solo diferente.
Lecciones de vida
Esta era yo hace 7 años.
En ese entonces, daba clases de inglés freelance. Disfruta la enseñanza, aunque a veces era estresante. Dar clases era algo que encontré que podía hacer bien, así que se convirtió en mi trabajo.
Ya había comenzado a hacer ejercicio y había mejorado mi dieta. Incluso, ya había bajado varios kilos. Aunque esto me agradaba, aún no me quería demasiado ni apreciaba mi cuerpo.
Mi perspectiva de la vida era en extremo positiva. En realidad, no pensaba que algo malo pudiera sucederme.
Me gustaba usar colores encendidos. ¡Nada de negro!
Me gustaba mucho mi cabello y había jurado nunca pintármelo.
Tenía dos hijos y no pensaba tener más.
En general, me sentía feliz y confiada en que todo iba a salir bien.
Esta soy yo ahora.
Ya no doy clases de inglés. En vez de eso, me encargo del marketing y la publicidad de nuestro negocio familiar y escribo en mi blog. De hecho, me encanta escribir. Esto había sido el sueño de mi vida pero nunca me había animado a escribir nadad, hasta ahora. Y me doy cuenta de que es algo que en realidad me gusta hacer.
Sigo haciendo ejercicio y llevando una dieta saludable. Soy más fuerte que antes y estoy en mejor forma, lo cual me enorgullece.
Resulta que siempre sí tuve otro bebé. Ahora tengo una hija y ha sido una hermosa experiencia. Nunca pensé que fuera a tener una niña, pero ella está aquí conmigo y me ha cambiado la vida.
En primer lugar, después de tenerla, logré bajar 25 kilos en base a mi propio esfuerzo. Este logro cambió la manera en que pensaba acerca de mi cuerpo. Ya no lo odio.
Además, mi hija me ha hecho cuestionarme todo. Ya no tengo la misma opinión de la maternidad, ni del feminismo, ni del ámbito profesional, ni del bien ni del mal.
Lo mejor es que me he esforzado por tener una actitud positiva hacia mi cuerpo porque quiero ponerle el buen ejemplo a mi hija. No quiero que crezca con complejos.
Por otro lado, ahora me ocupo en casa. Nunca había pensado quedarme en casa hasta que tuve a mi hija. Pensé que era hora de hacer las cosas de forma distinta. Así que en vez de hacer que creciera en guarderías, decidí disfrutar mi tiempo con ella. Y disfrutar de mis otros hijos antes de que crecieran demasiado.
Decidí disfrutar de la maternidad porque eso es algo que nadie me va a compensar.
Pero también ha pasado por épocas difíciles y eso ha cambiado mi perspectiva de la vida.
El año pasado, mi hermana perdió la batalla contra la leucemia y esto fue devastador para mí. Perdí mi fe en Dios y ya ni siquiera podía rezar. Poco a poco, he ido recuperando la fe y he ido superando el dolor, pero mi perspectiva de la vida es distinta.
He cambiado en la superficie. Me pinté el cabello y uso mucha ropa negra, pero el cambio principal ha sido por dentro.
Ahora estoy muy consciente de mi mortalidad, lo cual es algo que antes nunca había pensado. Es curioso, pero de alguna forma piensas que vas a estar aquí para siempre hasta que un día te das cuenta de que no es así.
Ya no pienso que un cumpleaños es otro año de vida, sino uno menos. Tengo un años menos para vivir, así que tengo que disfrutar de ese tiempo lo más que pueda.
Por eso ahora aprecio más las cosas. Y disfruto del día de hoy. También disfruto más del tiempo que paso con mi esposo, con mis hijos y todos mis seres queridos. Y no extraño las horas de trabajo que me mantenían alejada de ellos.
Trato de pasar más tiempo con mis seres queridos porque ese es el único tiempo que vale la pena gastar.
También quiero seguir escribiendo. Quizá pueda convertir esto en mi modus vivendi. ¿Por qué no? No tengo nada qué perder.
Se podría decir que aprecio la vida un poco más.
¡Feliz cumpleaños a mí!
He aprendido algunas lecciones de vida en unos cuantos años, aunque a veces parece todo una eternidad. Todo es tan distinto ahora.
Ahora, mi padre está enfermo. Tiene diabetes y sus riñones ya están dañados. Necesitará diálisis y un trasplante. Es una situación difícil que tendremos que enfrentar como familia y necesitaremos mucha fuerza para eso.
Mi mamá también ya es mayor, y pronto nos necesitará más a mi otra hermana y a mí.
Y mi hijo mayor ya es casi un adulto. Pronto, se irá de casa a vivir su vida. Es extraño ya no verlo como un niño pequeño.
La vida cambia y nosotros también. Los retos llegan y hay que enfrentarlos, y se aprenden algunas lecciones valiosas en el proceso.
Ya no tengo el ciego optimismo de antes, peor sí soy más fuerte y más sabia. Sé que se aproximan nuevos retos, pero creo que podré salir adelante. O por lo menos aprenderé otras nuevas lecciones.
Solo estoy agradecida de estar aquí en este momento y de poder aprender estas lecciones de vida.
¡Feliz cumpleaños a mí!
¿Cuál ha sido tu mayor lección de vida?