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Cuando el próximo 21 de junio finalice el Estado de Alarma decretado en España por la pandemia del Covid-19, habrán pasado casi cien días que hemos vivido subidos en un carrusel de sentimientos. Preocupación, expectación, indignación, sorpresa o hartazgo han sido algunos de ellos. Hasta ahora, que nos invitan a entrar en la que se ha denominado “nueva normalidad”.

Lo cierto es que nada puede ser normal cuando la vida se rige por determinadas reglas a las que nos vemos obligados para prevenir el contagio del virus, sobre todo ante el riesgo de un rebrote que planea como una sombra permanente sobre nuestras cabezas. Si de ello
dependiera el comportamiento de algunas personas, estaría garantizada la continuidad de la pandemia.

En cualquier caso, el coronavirus se ha convertido en un compañero no deseado con el que tenemos que aprender a convivir y que ha obligado a algunos cambios. De nosotros depende que estos cambios sean transitorios o permanentes.

El confinamiento obligó a practicar la convivencia familiar, a la que se ha dedicado ese tiempo que todo el mundo lamenta no tener nunca. Además, despertó unas inesperadas ganas de cocinar hasta entre quienes no habían frito un huevo en su vida. Y también convirtió
al vago en vigoréxico, ya que el personal se entregó al ejercicio físico en casa y se echó a la calle a andar, a correr o a montar en bici en cuanto comenzó el proceso de desescalada. Nunca antes se había visto tantas personas haciendo deporte al mismo tiempo. Y seguramente nunca más se verán.

Dicen que toda crisis ofrece una oportunidad, así que os invitamos a aprovechar esta para llevar cambios permanentes a vuestra vida. Llevar una alimentación equilibrada, dormir bien y practicar ejercicio no tienen que ser hábitos que se adopten en situaciones extremas.
Hay que incorporarlos a la rutina. Están más que demostrados los beneficios que todo ello conlleva en mente y cuerpo.

Nuestra propuesta es que la pandemia también tiene que servirnos para cambiar otras cosas. La realidad nos ha demostrado que en momentos como el que vivimos sale lo mejor y lo peor de las personas. La acción desinteresada, generosa y altruista tiene una “cara b” egoísta, oportunista e interesada, porque así es la condición humana. Pero los cambios surgen de uno mismo, del hombre y de la mujer que vemos reflejado cada día en el espejo.

A lo mejor ahora te apetece estar más con tus padres, a los que no ves mucho. Tal vez quieras pasar más tiempo de calidad con tus hijos y hacer cosas con ellos. Puede que sea el momento de colaborar con esa ONG que piensas que lo merece; de dejar de fumar; de cumplir
con el sueño de tocar bien el piano; incluso de dejar de lamentarte porque las cosas nunca van como quieres y, en su lugar, plantearte si estás haciendo todo lo posible porque eso no sea así.

¿No crees que ha llegado el momento de resetear?

Fuente: este post proviene de La Botica de Guardia, donde puedes consultar el contenido original.
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