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No, no son superpoderes

No, no son superpoderes


Encontrarse a menudo con personas que por su condición de altamente sensibles, como yo misma soy en casi un 100%, creen que son “especiales” o que tienen algún tipo de don más allá de lo que las propias siglas PAS (Personas Altamente Sensibles) o condición de HSP establecen, es cada vez más fácil. Pero no sólo eso, sino que la mayoría confunde ideas y sentimientos, sin tener para nada claro conceptos vitales para la propia supervivencia como son el respeto por uno mismo, la autoestima, el amor propio y el ajeno, la sensibilidad, la creatividad, el miedo y un largo etc.

Hasta tal punto es la cosa que, aparte de que seamos personas PAS y por ello tengamos una percepción muy desarrollada, seamos altamente intuitivos, reflexivos o creativos, entre otras muchas características más, eso no nos hace mejores que nadie. Al contrario, si algo he aprendido todo este tiempo es que o pones límites, primero contigo mismo y luego con el resto, o lo único que te traerá será dolores de cabeza, ya que el resto de la gente, que desconoce y tampoco tiene porqué conocer dicho rasgo tan personal, tratará de aprovecharse de ti por lo que ellos consideran “eres tonto”, que tampoco es el caso.

Yo, que me muevo en círculos de personas PAS, lo que más encuentro son gente asfixiada por su propio “don”, con muchísimos más miedos e inseguridades que el resto por el temor de ser dañados en exceso y no saber controlar sus emociones y las sensaciones que ello comporta. Encuentro también gente que ha tenido vidas muy difíciles y complicadas, pero que no hace nada ni pone de su parte para arreglar su situación amparándose en la condición de altamente sensible como si fueran niños con pataletas, niños de 40, 50 y muchos más años; desde eso hasta gente que no sabe cómo negociar en una reunión y acaba perdiéndolo todo por no saber decir que no, por no nombrar a otro importante grupo de personas que cree “ver a los demás por dentro de un solo vistazo” con sólo mirarlos, distinguiendo luminosidades, colores y hasta auras que el resto no percibe.

Desde mi humilde punto de vista, como psicoterapeuta y como misma persona PAS, me parece que deberíamos tomarnos este tema más en serio y hablar de ello no como si estuviéramos bendecidos o marcados por una especie de profecía o don que nos hace estar por encima de la media, sino como personas altamente conscientes de detalles sutiles de nuestro propio entorno. Dicho esto, precisamente porque nosotros percibimos esos detalles, deberíamos volcarnos en trabajar esas cualidades (o defectos, según se mire) para poder hacer de nosotros mismos personas más fuertes, más capaces, en vez de personas débiles que se amparan en una extrema sensibilidad que les hace casi rozar los márgenes de la sociedad.

Lejos de lo que pueda parecer en un primer momento, mi única intención es animar a la gente PAS a sacar coraje, a sacar fuerza de su interior, a entenderse mejor a sí misma y reforzar todas sus cualidades, en vez de todos sus defectos. Quiero que sepan el gran potencial que tienen y no que se desborden a la mínima de cambio cuando la vida es transformación constante y diaria. Una persona PAS es alguien con un maravilloso interior, con una alta capacidad de percepción, capaz de dar amor a raudales y eso, en este mundo actual, es justamente lo que necesitamos: otras sensibilidades que integren, no que separen haciendo guetos del tipo que sean.

Ayudando a las personas con PAS


Ser PAS implica una responsabilidad (con uno mismo y con la sociedad de la que formamos parte) y no es ningún tipo de trastorno, de hecho es un rasgo que muchos especialistas califican de neutro. Entre un 15 y un 20% de la población poseemos esta característica. No son actitudes que tengamos que “curarnos o tratarnos” y no debemos esconder bajo esta característica otros comportamientos que sí requieren tratamiento y/o sanación porque sí son trastornos. Únicamente lo que necesitamos es conocer nuestros propios límites y saber hasta dónde podemos llegar. Se trata de encontrar un equilibrio, el equilibrio interno, el propio equilibrio, pero como también tienen que hacerlo el resto de seres aquí abajo.

Nota: El artículo ha sido publicado originalmente en Saludterapia.

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