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Cuando los sueños tardan en llegar

Claves del artículo:

20 de Noviembre de 2016, sábado. Mi marido Carlos y yo nos levantamos antes de costumbre: a las 7:00 de la mañana. Llevamos 2 días de retraso en el lanzamiento del curso SelfCoaching y todos los afiliados están esperando a que les demos luz verde para empezar a promocionarlo. Nos esperan los últimos retoques que no conseguimos realizar la noche anterior, después de una jornada maratoniana de 18 horas trabajando non-stop sin apenas pausas para comer en los días anteriores. Finalmente a eso de las 9:00 le damos al botón de publicar y emocionados, ilusionados, nerviosos pero muy contentos porque el trabajo está por fin terminado, nos vamos a tomar un merecido desayuno a nuestra cafetería favorita con vistas a la sierra.

Aquel 20 de Noviembre nacía el curso más bello, más profundo, más transformador tanto para mí como para los más de 200 alumnos que pasaron por él, un curso que iba a durar 40 días en un principio y finalmente duró 40+5 semanas. Una experiencia que cambió muchas cosas en mí y por la que siempre estaré inmensamente agradecida. A través de él conecté con mi verdadera misión y propósito. En aquel entonces no podía imaginar que justo un año después otro gran cambio llegaría a mi vida.

20 de Noviembre de 2017, lunes. 7:00 de la mañana. Carlos y yo nos levantamos temprano, nos duchamos y nos dirigimos en coche a Madrid en una mañana fría de mediados de otoño. Dejamos el coche en el aparcamiento de Ciudad Universitaria y vamos andando a la Fundación Jiménez Díaz, un hospital público cercano. Recojo mi turno y espero a que aparezca en el monitor. Me dirijo a uno de los muchos puestos en fila que corresponde a mi número. Me siento, desnudo y extiendo mi brazo preparándome para un pinchazo incómodo, al tiempo que cierro los ojos y visualizo una playa paradisíaca.

Una hora después volvemos a casa con muchos nervios e ilusión. Cada cierto tiempo nos conectamos a la web de pacientes del hospital para ver si han salido los resultados. Nada. Las horas pasan con lentitud. Comemos y sobre las 16:00 Carlos me llama: ¡ya están!, me dice. Me siento cerca de él en la silla, abrimos juntos el documento y una cifra que jamás olvidaré capta nuestros sentidos: 273. Curiosamente no lloro como lo pensé siempre, simplemente sonrío y abrazo a mi marido. ¡Vamos a ser padres! 

Cuatro años después de muchos intentos fallidos, de diagnóstico de infertilidad, de pasar por consultas de diferentes clínicas de reproducción asistida, pruebas y más pruebas, llegando a suministrarme hasta 3 inyecciones de hormonas diarias con una medicación carísima, muchísimo dinero gastado, así como acudir a terapias alternativas como la kinesiología, acupuntura y hasta el “toque mágico” de Suzanne Powell (quien asegura tener el don de tocarte la tripa para que te quedes embarazada), cuando nada de todo esto había funcionado y en el último tratamiento nuestro ginecólogo nos avisó de que no íbamos a conseguirlo con mis propios óvulos, llegó nuestra última opción: por fin me llamaron de la Seguridad Social para realizarme lo que para mí sería mi último intento.

Y esta vez, contra todo pronóstico, funcionó. Pero sé que no sólo se debió a eso. Funcionó porque conocí a una maravillosa mujer y persona, y una grandísima profesional con la que realicé un proceso de terapia transgeneracional enfocada en mis miedos, creencias inconscientes y traumas de la infancia con el método de descodificación biológica. Un trabajo intenso de varios meses de duración con mi niña interior herida, la que tenía miedo a repetir viejos programas heredados de mis antepasados, con la que me reconcilié y a la que pude dar su espacio. Millones de gracias, Patricia, por permitirme sanar y abrirme a algo que tanto deseaba pero tenía bloqueado dentro de mí.

La mayoría de las cosas importantes se me resistieron en esta vida

¿Y por qué te cuento todo esto? Básicamente porque me habrás escuchado en más de una ocasión decir que la mayoría de las cosas se me han resistido toda mi vida. Prácticamente desde que nací y fui criada por mis abuelos. Se me resistió el poder ir a una misma escuela, tener un círculo de amigos de toda la vida, vivir en un mismo lugar, casa, ciudad o país que pudiera considerar mío.

La vida nos pone a prueba en numerosas ocasiones, quizás es una forma de preguntarnos si estamos preparados para vivir de verdad nuestros sueños

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Lo mismo me sucedió con el amor: parejas que no me valoraban ni me tomaban en serio haciéndome sentir que no merecía relaciones estables. Se me resistió el escoger una carrera para toda la vida; como era de esperar, me equivoqué y al final ni siquiera conseguí trabajar de lo mío. Se me resistió el poder ganar un sueldo digno o independizarme (no sucedió hasta pasados los 30 años de edad).

Se me resistió saber cuál es mi misión, mi propósito. Y cuando todo aquello parecía que estaba llegando por fin a mi vida, tras muchas pruebas vitales, vivir y trabajar en otros países como Alemania u Holanda, enfrentándome a mis miedos y aventurándome a salir de mi zona de confort, abrir mi blog y decidir dedicarme al coaching, casarme con el hombre de mi vida y sentirme realizada en lo profesional y personal, llegó un nuevo obstáculo: no podía ser madre.

Han sido 4 años de búsqueda con muchos altibajos. Momentos de impotencia en los que ves que ni probándolo todo llegan los resultados. Y eso duele, duele mucho. Ver cómo tus amigas, algunas mayores que tú, se quedan embarazadas sin problemas. Sentirte como un bicho raro o tener que responder a la incómoda pregunta de: ¿y vosotros, para cuándo? Como si una parte de la vida te hubiera sido negada...

Cómo el coaching me ayudó a superar situaciones que no podía cambiar

Afortunadamente el coaching me ayudó como ninguna otra cosa a superar esos momentos tan duros. En lugar de preguntarme constantemente ¿por qué yo? (algo que confieso haber hecho en más de una ocasión), decidí enfocarme en el ¿para qué me está sucediendo esto, qué puedo aprender de toda esta situación?

En lugar de preguntarte «por qué yo», enfócate en el «¿para qué me está sucediendo esto, qué puedo aprender de esta situación?»

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Una de las grandes enseñanzas que me llevaba era ésta: porque tienes que formarte, conectar con tu misión, con tus sueños, tienes mucho que ofrecer al mundo y necesitas tiempo para poderlo hacer; necesitas sanar por dentro, hacerte fuerte, aprender a amarte al fin y al cabo, porque si no te amas plenamente, ¿cómo vas a poder amar a los demás?

Ahora echando la mirada hacia atrás me doy cuenta de que si esto de ser madre hubiese ocurrido justo cuando me casé y abrí mi blog en Holanda, probablemente no me habría formado como coach (o quizás sí, quién sabe), pues no tendría suficiente tiempo para ello (en esa época vivía en Holanda y me tocó volar cada dos semanas a España para realizar el postgrado). Posiblemente no me habría decidido a emprender un negocio digital, porque es algo que requiere de mucha dedicación y paciencia, además de incertidumbre. Evidentemente no puedo saberlo con certeza, pero ¿y si todo este tiempo de espera lo necesité precisamente para crear lo que tengo a día de hoy?

En realidad, el buscar respuestas en todo tampoco es la solución. Sí, puedes encontrarlas (o no), pero de lo que se trata es de vivir cada día, de vivir de la mejor forma posible, incluso si sientes que no lo tienes todo (todavía). En más de una ocasión me pregunté qué pasaría si nunca llegara a tener hijos —porque nadie podía garantizarme el resultado— por más que lo intentara, por más dinero que invirtiera.

En realidad no tenemos control absoluto de nuestra vida

No podía saber cómo sería mi futuro, pero de alguna manera entendía que yo no soy la que dirige las cosas, yo no tengo el control. Dejar de buscar el control ha sido lo que más me ayudó en estos momentos difíciles. Y sustituir la seguridad ansiada de ser madre algún día por la confianza de que algún día llegaría serlo.

No tenía seguridad de ningún tipo. Es más, si me fiaba de la opinión de los médicos, aquélla era prácticamente nula. Pero decidí confiar. Confiar sabiendo que nada ni nadie podría garantizarme un resultado.

No tienes control absoluto sobre tu vida o situaciones que te toca vivir. Sólo te queda confiar, incluso sabiendo que nada podrá garantizarte el resultado.

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Incluso cuando comencé mi proceso de terapia con Patricia Bartolomé (a la que por cierto y por supuesto recomiendo a cualquier persona en una situación similar a la mía), le dije algo muy importante al poco tiempo de comenzar: Patricia, incluso si no consiguiera quedarme embarazada después del trabajo contigo, siento que esta terapia que estoy realizando es tan importante para mí, que con sanar a mi niña interior habré dado un grandísimo paso.

Desapegarse del resultado

Desapegarse del resultado... ¿Qué difícil es cuando nuestros sueños no llegan, verdad? No te voy a mentir que no esperara resultados positivos, en ello está la confianza. Esperaba lo mejor, pero también sabía que el resultado podía ser el de siempre: esos negativos a los que tan acostumbrada estaba.

Si ahora sientes que tu vida te pone trabas, se te resisten tus sueños, no llegan por más que luchas por ellos... sólo puedo decirte que no te rindas por un lado, pero que sueltes el control, la necesidad de seguridad absoluta, porque es irreal, sólo nos hace daño. Nadie puede garantizarnos nada en esta vida, ni siquiera que mañana sigamos con vida. Pero ¿acaso dejamos de confiar en que mañana y pasado la vida seguirá y que nos despertaremos y tendremos otro día más que vivir?

A esto me refiero: a que no dejes de confiar, pero que tampoco abandones. Yo confié en el proceso con Patricia pero no dejé de lado el tratamiento de reproducción asistida, porque sabía que mis posibilidades de éxito eran escasas y había que aprovechar todas las oportunidades que la vida me estaba dando.

Conseguir tus sueños conllevará tener nuevos miedos

Ahora una nueva etapa se abre ante mí. Durante los primeros meses del embarazo pasé numerosos miedos, y más sabiendo que vienen no uno sino dos bebés (sí, esperamos mellizos). Dos. Mi vida y la de Carlos cambiará de raíz. Ahora nos toca lidiar con cómo mantener un negocio en crecimiento con dos recién nacidos. Los gastos que esto supone. La incertidumbre. Más los miedos típicos de cualquier embarazo, de si irá todo bien, si nacerán sanos, etc. etc.

Pero en uno de esos momentos bajos volví a conectar con mi fuerza interior: la Confianza. Sólo puedo confiar en que todo saldrá bien, que afrontaremos esta nueva etapa, que lograremos compaginar nuestro negocio con el cuidado de nuestros hijos.

Sí, el miedo me visitó de nuevo y pasé días muy malos llenos de vaivenes hormonales y mucha negatividad... Pero por fin me he rendido, como diría mi compañera Dyanna Chacón, porque hay algo que no depende de mí, nada salvo mis pensamientos y mi actitud dependen de mí. ¿Y entonces de qué me vale estar preocupada?

Confía. Confía incluso cuando los demás te digan que es imposible, como me dijeron a mí. Confía porque la confianza es la energía del amor. La búsqueda de seguridad es una energía alimentada por nuestros miedos.

Confía incluso cuando los demás te digan que es imposible. Confía porque la confianza es la energía del amor; la búsqueda de seguridad es una energía alimentada por nuestros miedos.

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Sea lo que sea que esté tardando en llegar, llegará cuando llegue su momento oportuno. Y si no llega, recuerda que cuando una puerta se cierra, cien ventanas se abren.

Por cierto, esta noticia que comparto contigo modifica mucho el ritmo de mi negocio. Si estabas deseando trabajar conmigo como coach y/o mentora este año, revisa tu correo mañana porque te ofreceré una oportunidad exclusiva y única de trabajar conmigo de forma personalizada en 2018. Si no estás suscrito, para recibir el correo haz click aquí y suscríbete con tu email.

Y como siempre, me encantaría leerte en los comentarios. ¿Qué sueños o deseos sientes que se te han resistido más o siguen sin llegar a tu vida? ¿Cómo estás llevando esta situación? ¿Qué te ayuda a afrontarlo? Ya sabes que al compartir, soltamos emociones. Personalmente me emocioné mucho al terminar este post, porque lo que comparto es un trocito muy personal de mi vida, algo que hasta ahora conocían muy pocas personas, pero deseaba compartirlo porque la vida, como siempre digo, no es perfecta ni de color rosa, y no hay nada de malo en esto. Todos tenemos nuestras dificultades particulares. Conozco a no pocas mujeres que están en una situación similar y espero que todas ellas consigan ese sueño que está tardando en llegar. Y sobre todo que no pierdan la fe, que confíen.

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Fuente: este post proviene de Creando felicidad, donde puedes consultar el contenido original.
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