Por más que nos vendan conferencistas famosos que la vida es maravillosa, de cuando en cuando nos van a pasar cosas malas. En algún momento morirá una persona querida a nuestro alrededor, algunas veces, en malísimas condiciones. Alguna vez, la empresa puede ir mal y puede haber despidos. Alguna vez, pondremos enfermar seriamente. Situaciones que no son agradables en sí, pero son aprendizajes que hacen ser mejores personas una vez que las aceptamos y superamos.
La mala suerte
Pero claro, es más fácil decir ¡ay qué mala suerte tengo! ¡Ay qué mal me trata la vida! ¡Tengo muy mala suerte! ¡Ay que todo el mundo está contra mí! (con voz de lamento y a medio lloro). ¿A qué han escuchado más de una vez a alguien decir eso a su alrededor? Ahora empiezan con las preguntas con qué: ¿Qué hice mal? ¿Qué es lo que no sabía? ¿Que siempre tengo mala suerte? ¿Que no tengo suerte en nada? Luego, siempre acompañan la frase del “si hubiera hecho esto o aquello” con una carita de víctima mortal.Si están leyendo esto, es porque están vivos, y eso es mucho más de lo que tienen algunas personas. Ahora es momento de ponerse a pensar qué podemos hacer con todos los recursos que tenemos a nuestro alcance, y empezar a ser dueños de nuestra vida. ¿Qué aparecen problemas? Bueno, si quieren les cuento los míos, pero servirá de poco. Mejor, les ayudo como aquí con mis escritos a que puedan superar sus obstáculos y conseguir sus sueños.
¿Me acompañan? ¿Se acabó el amargarse con la mala suerte? Cuando se juntan muchas cosas malas, no es mala suerte, solo una posibilidad de aprender más cosas a la vez. ¡A sonreír se ha dicho!, que es gratis y no obliga a pagar ningún impuesto (je, je, por ahora ).
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Este contenido ha sido publicado por Pedro Amador en Pedro Amador