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Mitos sobre salud pulmonar

Entendemos por salud pulmonar el estado en el que se encuentra nuestro sistema respiratorio incluyendo pulmones, vías respiratorias y todos aquellos elementos que participan activamente en las funciones del sistema respiratorio. Existen diversos mitos relacionados con la salud pulmonar, especialmente en relación al tabaquismo. En este artículo intentaremos desmentir las afirmaciones más frecuentes sobre salud pulmonar basándonos en la evidencia científica disponible.



1. Tabaquismo pasivo y salud pulmonar


El tabaquismo es un grave problema de salud y económico. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en todo el mundo hay más de un billón de fumadores. Aunque la prevalencia de fumadores en los países desarrollados e industrializados está disminuyendo, en países en vías de desarrollo continúa incrementándose. Actualmente se estima que el 80% de los fumadores pertenece a países con bajo y medio nivel socioeconómico (1).

Las consecuencias del tabaquismo son globalmente conocidas. Se estima que el tabaco es responsable de 1 de cada 10 muertes que se producen en el mundo anualmente lo que supone aproximadamente una muerte cada 6 segundos para un total de más de 5.4 millones de muertes en todo el mundo (1).

En torno al tabaquismo existen muchos mitos que conviene aclarar para evitar consecuencias indeseadas sobre la salud de la población, en especial sobre su salud pulmonar.

Se cree que las consecuencias del tabaquismo pasivo son menores o insignificantes y por ello durante años se ha podido fumar en sitios cerrados como cafeterías y restaurantes e incluso padres han fumado en sitios tan cerrados como coches en presencia de sus hijos. Sin embargo, los estudios afirman que el tabaquismo pasivo es responsable del 1.6% de los casos de cáncer de pulmón y aproximadamente 21,400 muertes anualmente en todo el mundo (2).

Se estima que estar 8 horas en un lugar cerrado con fumadores equivale a fumar unos 16 cigarrillos. Como consecuencia, los fumadores pasivos no solo se exponen a los riesgos de la nicotina (sustancia altamente adictiva) sino que están inhalando también al igual que los fumadores el resultado de la combustión del tabaco por lo que están expuestos a altas concentraciones de dióxido de carbono y diversos agentes carcinógenos. Las personas que conviven regularmente con un fumador presentan un incremento del riesgo del 30-35% de padecer cáncer de pulmón a lo largo de su vida en comparación con los no fumadores (3). Los investigadores consideran que el tabaquismo pasivo es especialmente perjudicial durante la adolescencia y la niñez estimando que dicha exposición es responsable del 17% de los casos de cáncer de pulmón en los no fumadores (4).


 

2. Cigarrillos electrónicos y salud pulmonar


Contrariamente a lo que cree la mayoría de la población, la nicotina en sí misma tiene un papel insignificante en el desarrollo de enfermedades directamente relacionadas con el tabaquismo como pueden ser el cáncer de pulmón, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) o las enfermedades cardiovasculares. En su lugar, las toxinas derivadas de la combustión del tabaco como las nitrosaminas, el dióxido de carbono y los aldehídos entre otros son consideradas como las verdaderas responsables de las consecuencias fatales del tabaco. Desde su comercialización por primera vez en China en el año 2003 los cigarrillos electrónicos han irrumpido con fuerza en el mercado mundial. El número de consumidores de este producto, también conocido como vapeadores, se multiplica día a día, especialmente entre la población más joven y las ventas de las empresas que los comercializan aumentan de año en año. Según datos de las asociaciones de empresas del sector del cigarrillo electrónico, en España existen unos 350.000 usuarios y es un mercado que está consolidando su crecimiento.

Los cigarrillos electrónicos se han convertido últimamente en una de las estrategias por excelencia para dejar de fumar debido entre otras cosas a que la nicotina de estos dispositivos alcanza con mayor rapidez el torrente sanguíneo que los parches o chicles de nicotina comúnmente utilizados como estrategia para dejar de fumar. Además, para los fumadores, el hecho de poder realizar una “calada” o “chupada” de forma similar a la que realizarían con los cigarrillos tradicionales les aporta un beneficio extra psicológico del que no disponían con otro tipo de dispositivos.

Algunos estudios publicados hasta la fecha sugieren que los cigarrillos electrónicos constituyen una herramienta eficaz para dejar de fumar (5). Sin embargo, una reciente revisión sistemática resalta que en dichos estudios los cigarrillos electrónicos no han demostrado superioridad con respecto a las herramientas tradicionales para dejar de fumar y que además las tasas de abandono tabáquico o abstinencia reportadas por estos estudios son todavía significativamente inferiores a las registradas con otros métodos clásicos (6,7). Otro aspecto a tener en cuenta con los cigarrillos electrónicos es que su contenido en nicotina podría variar de 0 a 36 mg/ml. A mayores, debido a la falta de regulación a la que están sometidos estos dispositivos, algunos estudios han detectado que el contenido real de nicotina no se corresponde con el indicado en la etiqueta y que además es muy variable según la marca del dispositivo (8). Esta variabilidad en la composición de los cigarrillos electrónicos dificulta a día de hoy que se puedan establecer unas recomendaciones de seguridad para su consumo y que sea muy difícil estimar sus consecuencias a medio-largo plazo.

Además, los líquidos para cigarrillos electrónicos compuestos principalmente por una mezcla de propilenglicol, glicerina, agua y aromas también podrían dañar los pulmones incluso sino contienen nada de nicotina ya que por ejemplo el propilenglicol o los agentes balsámicos son altamente irritante y favorecen la proliferación de biomarcadores proinflamatorios como la citocina generando daño tisular que a la larga podría llevar a la aparición de enfermedades crónicas (5,8). En el vapor que liberan los CE se detectan diferentes sustancias: formaldehído, acetaldehído y acroleínas, todas ellas sustancias reconocidas por la International Agency for Research on Cancer como sustancias carcinógenas. Existen estudios que sugieren que los cigarrillos electrónicos tienen efectos sobre la salud pulmonar similar a los de los cigarrillos convencionales, como por ejemplo un aumento de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial o un aumento de las resistencias a nivel de las vías aéreas periféricas (9,10). A nivel cardiovascular también parece que los cigarrillos electrónicos pueden tener consecuencias a medio-largo plazo. Por ejemplo, un estudio de cohortes ha encontrado que el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es de 1.27 veces más en los fumadores de cigarrillos (11).


 

3. Tabaco de liar y otras drogas no legales y salud pulmonar


Existe una cierta tendencia entre la población a creer que dado que el tabaco de liar o la marihuana son más “naturales” sus consecuencias sobre la salud pulmonar son mucho menores. En este sentido, hemos de destacar en primer lugar que natural no es igual a saludable, ya que estos conceptos no son sinónimos. En el caso de la marihuana por ejemplo, puesto que se suele fumar sin filtro y con caladas más profundas y de mayor duración, los investigadores apuntan a que los fumadores habituales de esta sustancia retienen mayores cantidades de alquitrán y monóxido de carbono que los fumadores de tabaco tradicional. Por ejemplo, un estudio encontró una relación de dosis-respuesta en fumadores de cannabis por la cual por cada año fumando marihuana, se producía un descenso de la relación VEMS/CVF (volumen espiratorio forzado el primer segundo y la capacidad vital forzada de 0.019%) (12). En el mismo estudio, los autores estimaron que cada cigarrillo de marihuana fumado equivalía a fumar 2 – 5 cigarrillos convencionales en términos de obstrucción bronquial.

En cuanto al tabaco de liar, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) señala que el tabaco de liar presenta hasta un 22% de aditivos en su composición y sigue teniendo componentes cancerígenos (13). Es más, las concentraciones de monóxido de carbono (altamente tóxico) en el aire espirado del tabaco de liar son incluso mayores que las detectadas en el tabaco convencional. Por tanto, si bien es cierto que la cantidad de cigarrillos consumidos al día suele ser menor, la carga de monóxido de carbono es superior y por tanto los potenciales efectos nocivos también.


 

4. Contaminación ambiental y salud pulmonar


La contaminación ambiental derivada de la combustión de fósiles y combustibles naturales está relacionada con un incremento del riesgo de padecer cáncer de pulmón y se estima que en Europa, aproximadamente el 11% de todos los casos de cáncer de pulmón se vinculan a la inhalación de aire tóxico (2). Según la OMS, cerca de 1.3 millones de personas mueren al año en el mundo debido a la contaminación atmosférica urbana.

Las partículas más perjudiciales para la salud son las de 10 micrones de diámetro o menos, que pueden penetrar y alojarse en el interior profundo de los pulmones. Según un estudio publicado en The Lancet Oncology, el riesgo de sufrir cáncer de pulmón se incrementa un 18% por cada aumento de 5 microgramos por metro cúbico (mcg/m3) de partículas contaminantes PM2,5 y ascendía a un 22% por cada aumento de 10 mcg/m3 de partículas PM10 (partículas de tamaño inferior a 10 micras (14). El efecto negativo de la contaminación ambiental es especialmente perjudicial en niños, ya que sus pulmones están aún en desarrollo, lo que los predispone a una baja función pulmonar y mayor riesgo de padecer enfermedades respiratorias crónicas como el asma o la EPOC en la adultez (15,16).


 

5. Salud pulmonar y dieta


Algunos profesionales de la salud han puesto de manifiesto que la ingesta de lácteos especialmente en los niños empeora la salud pulmonar ya que favorece la secreción bronquial y por tanto el aumento de las resistencias a nivel de la vía aérea. Sin embargo, no hay estudios concluyentes que demuestren que la ingesta de leche u otros productos lácteos aumente la producción de moco en pacientes con patología respiratoria, por lo cual no se recomienda su eliminación de la dieta (17). La ingesta de productos lácteos tampoco se asocia a mayor riesgo de padecer cáncer de pulmón (18) u otras enfermedades respiratorias crónicas.



Referencias

Organización Mundial de la Salud. Hoja de hechos sobre salud pulmonar. Disponible en: http://www.wpro.who.int/mediacentre/factsheets/fs_201203_tobacco/en/

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