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Alternativas al pan de trigo: la vida sin pan SÍ existe ¡y es maravillosa!

Cada vez que comparto la foto de mi desayuno de huevos con verduras alguien me pregunta con tono triste y desconsolado: “¿Sin pan?”. Como si no comer pan fuese el peor castigo imaginable.

Pues sí, sin pan, y con varias alternativas al pan de trigo que son mil veces mejores (en muchos aspectos) que ese bendito pan blanco que es como tu peor pareja (sabes que te hace daño pero no puedes dejarle).

Este artículo es especial para todos aquellos que no pueden vivir sin pan. YO ERA ASÍ!!! Hoy te cuento qué cambió, y cómo.

¿Cada vez que ves un pan no te puedes resistir?

Sí, conozco esa sensación. Es como ser Po y literalmente volverte capaz de hacer lo que sea por el pan:



Pero, ¿sabes qué? Hay luz más allá del túnel y, de hecho, ¡la vida sin pan es maravillosa!

Y para que me creas (y hasta te animes a venirte de este lado conmigo), en este artículo basado en una de mis transmisiones en directo de FB Live te cuento mi experiencia de años dejando el pan.

ADVERTENCIA

A diferencia de lo que suelo hacer, hoy no te voy a hablar de estudios científicos sino de algo experiencial. Te voy a contar lo que he visto que sucede con las personas que lo hacen (ya me dirás si te identificas), y cómo ha sido para mí: cómo lo hice yo, cómo lo llevo, por qué, mi opinión, lo que yo he podido observar.

¿Es posible la vida sin pan?

Dale al play y lo conversamos (sobre todo tienes que hacer el ejercicio muy revelador que está en el minuto 4:08):

El pan es un alimento adictivo


Ya en otro artículo (también de un FB Live) he hablado que el azúcar es adictivo y que el pan blanco lo digerimos exactamente igual que el azúcar.

Las personas a quienes les ocurre esta adicción con el pan son personas a las que el pan les hace daño, porque ninguna cosa que nos provoque un comportamiento adictivo puede ser buena para nosotros.

Hay personas a las que les da igual el pan (benditos ellos). Les da igual el azúcar. Les da igual las papas fritas. Hay personas que no tienen esta reacción con este tipo de alimentos.

Pero hay personas, como tú y como yo, que estos alimentos sí nos producen un comportamiento adictivo:  

Cuando es así, estos alimentos son malos para nosotros porque de manera global impiden que podamos decidir con libertad lo que queremos comer, o la cantidad que queremos comer de esos alimentos.

Mi teoría (y, de nuevo, no está basada en algún estudio científico sino en mi propia experiencia y observaciones) es que estos alimentos nos producen este tipo de comportamientos porque nuestro cuerpo no los procesa correctamente, no los digiere o no los tolera bien. Y cuando dejamos de comerlos, nuestra salud y nuestro estado general mejoran.

Ahora, yo no me refiero a simplemente quitarlo y quedarte con hambre (¡pasar hambre jamás!). Sino a reemplazarlo por alimentos saludables que seguramente estás necesitando y que no estás consumiendo en la cantidad adecuada porque este alimento adictivo (el pan) te está quitando la posibilidad. Porque lo único que quieres comer es pan, no te llenas si no comes pan, puedes comer lo que sea y la comida no te deja suficiente satisfacción porque no tenías pan.

Cuando desplazas ese alimento adictivo con alimentos realmente saludables, descubres un nuevo mundo lleno de bienestar.

Y si piensas que “no es sano eliminar alimentos de la alimentación”, déjame decirte que no conozco la primera persona que por haber dejado el pan le haya empeorado su salud. Las personas que dejan de comer pan blanco siempre mejoran su salud, aquí hay una explicación

El 100% de las personas que he visto (incluyéndome, por supuesto) que han dejado de comer pan blanco en la forma en que se come normalmente han experimentado una mejoría. Eso sí, esto lo verás luego de haber pasado unos días de “desintoxicación” en los que se desarrolla una especie de “síndrome de abstinencia”.

Una vez que pasas esta etapa (que dura unos días) te das cuenta que ya no lo necesitas.

Tu cuerpo recupera su estado natural, sano, sin adicción, y allí ya no necesitas más el bendito pan y te sientes de maravilla:

Te liberas de la necesidad de comer este alimento que te produce esta reacción de adicción,

y tu cuerpo, que por la razón que sea no proecsa bien ese alimento (y es por eso que te causa la adicción), ya no tiene ese problema y empieza a funcionar mucho mejor.

¿Qué síntomas desaparecen cuando dejas de comer pan?


Durante toda mi vida adulta había tenido un montón de síntomas de mala salud que yo pensaba que eran normales en mí. Se lo atribuía a los genes, al embarazo, a la edad… o simplemente a una condición natural de mi cuerpo que era así y que no cambiaría.

Menos resequedad de la piel, estreñimiento, y antojos son algunos beneficios de dejar de comer #panblanco

Mi mayor sorpresa fue descubrir que todas estas cosas sí tenían una solución, y esa solución era cambiar mi forma de comer.

Piel reseca

Tenía la piel muy reseca, incluso escamosa, y por tener la piel así me daba mucha comezón. Amanecía con la piel raspada, rota, porque me rascaba durante la noche. Sobre todo las piernas, en el borde de las medias, o en la entrepierna. Y me la pasaba poniéndome cremas hidratantes que, por supuesto, no hacían nada y que eventualmente dejé de usar.

Pensaba que podía ser por el agua, por el sol, por el jabón que usaba… pero la realidad es que cuando dejé de comer pan esa resequedad y esa comezón desaparecieron.

Dificultad para adelgazar

Controlando calorías o no, pasando hambre o no, no importa cuánto me esforzara por comer pan en cantidad “moderada” y por “no abusar”, desayunando 1/4 de sandwhich de pan de molde (sí, un cuarto), igual no lograba perder peso y cada vez engoraba más fácilmente.

Desde que cambié mi alimentación (incluyendo el dejar de comer pan) mi cuerpo se transformó completamente y empecé a perder peso fácilmente. Esto por supuesto que vino no solo por el hecho de haber dejado de comer pan, sino por haber introducido una cantidad de alimentos que no comía porque pensaba que me engordaban, y el dejar de comer harinas refinadas y alimentos light que yo pensaba que ayudaban a adelgazar pero que en realidad son malos para la salud.

Estreñimiento

Yo era sumamente estreñida. Iba al baño si acaso una vez a la semana y tenía que tomar laxantes (cáscara sagrada). ¡Y pensaba que era normal! Estaba convencida que yo iba a ser así toda la vida porque no veía relación con nada que yo estuviera haciendo. Me parecía que mi cuerpo era así, y ya está.

Pero desde que dejé el pan (y cambié mi alimentación, insisto), mi tránsito intestinal se reguló a la perfección y ahora sí que es completamente normal y saludable (voy una vez al día, if you need to know).

Los antojos y la ansiedad de comer

Eso desapareció para mí. Sobre todo ese bajón de la tarde que se acompaña del antojo fuerte a las 3-4pm. Para no mentirte, todavía me dan ganas de comer a esa hora cuando estoy muy estresada o cuando he dormido mal (ya sabes, los que tenemos niños pequeños somos así). Pero ya no me provoca buscar pan.

Antes era capaz de salir a una panadería a comprar pan. Para mí era imposible pasar frente a una panadería o la sección de panes del supermercado y no comprar pan. Ahora la verdad es que me da un poco igual.

No es cuestión de fuerza de voluntad

Todo el problema que tienes ahora es que esa bendita adicción al pan no te deja vivir.

Un adicto no tiene fuerza de voluntad. Su poder de decisión está secuestrado.

Pero una vez que cortas esas cadenas te suerge una fuerza de voluntad de la nada. Porque ahora sí tienes libertad de decisión, y puedes decidir lo que comer en cada momento sin ese problema de “el cuerpo me lo pide”, “necesito comer”, “no me puedo aguantar”, “si lo veo lo tengo que comer”, etc.

Cuando dejas el pan eso se acaba, y te transformas en una persona libre.

¿Por qué el pan causa tantos problemas en el organismo?

Aunque no tengo la respuesta definitiva porque no logro encontrar investigaciones concluyentes sobre esto, tengo dos teorías del por qué el pan tiene este efecto negativo en algunas personas.

De hecho, pienso que son dos factores que se mezclan, y que uno hace peor al otro.

Teoría 1: El gluten


Aunque hay mucha gente (especialistas y profesionales incluídos) que juran que el gluten es más malo que Thanos, y que todo el mundo debería llevar una dieta libre de gluten (que puede ser perfectamente saludable), la verdad es que los estudios científicos al respecto todavía están muy controvertidos, y no muestran resultados concluyentes.

En otras palabras, no existe una prueba clara y contundente de que el gluten, en efecto, haga daño.

Peeeeero, hay cierta evidencia de que existe algo llamado sensibilidad al gluten no celiaca: parece haber algunas personas que, sin ser celiacas, presentan síntomas negativos cuando consumen alimentos que contienen gluten, pero no cuando consumen otros alimentos ricos en carbohidratos (otros cereales, tubérculos o granos) que no contienen gluten.

De momento no se sabe por qué ocurre, pero quizás esté relacionado con la genética, la microbiota intestinal, o vaya usted a saber qué otras cosas.

Probando esta teoría, hace más o menos un año que dejé de comer alimentos a base de trigo. Ya había dejado el pan, pero seguía comiendo cosas a base de trigo, como cuscus o pasta (todo integral). Así que dejé de comer todas esas cosas, reemplazándolo por arroz, avena, patata dulce, papas, quinoa, maíz, lentejas, garbanzos, etc.

¿Resultado? Sí he notado que me siento mejor.

Teoría 2: El Índice Glicémico


En este artículo te explico lo que es el índice glicémico, en caso que no lo tengas claro. Pero, para resumir, es una medida de la velocidad con que un alimento hace aumentar los niveles de azúcar en la sangre.

Las harinas procesadas, como la harina de trigo refinada, tienen un IG altísimo. Quiere decir que producen picos de azúcar en la sangre, y eso trae muchas consecuencias negativas.

De hecho, es una respuesta hormonal exactamente igual a la que se produce cuando se come azúcar pura, como ya lo expliqué en este artículo sobre el pan blanco.

Con la subida exagerada de azúcar en la sangre hay un chute de insulina muy grande, luego una bajada muy grande del nivel de azúcar en la sangre (una hipoglicemia reactiva), y se producen antojos, desequilibrios hormonales, inflamación sistémica, y una cascada de problemas.



Esto ocurre cada vez que comes un alimento que está hecho de harina refinada, sobre todo si además tiene grasa (una pizza industrial), y más todavía si además tiene azúcar (una dona o todas las pastelerías o bollería).

A algunos el pan nos hace daño

¡Y cuando lo dejamos vivimos mucho mejor!

La persona que no podía adelgazar adelgaza

Al que tenía estreñimiento se le regula el tránsito intestinal

Los que viven esclavos de los antojos se les quitan y se liberan

Quien se la pasa cansado recupera su energía

Desaparecen muchos males digestivos (reflujo, acidez, gases, hinchazón abdominal)

Y hasta se alivia enormemente la depresión o los síntomas depresivos Hay una cantidad enorme de beneficios cuando dejamos de comer un alimento que, a todas luces, es perjudicial para nosotros.

Cómo dejar de comer pan: El proceso paso a paso


Además de haberlo vivido yo misma (y Angel), he visto que este proceso lo experimentan las personas que se apuntan en mis programas de coaching, quienes se dan cuenta que se sienten mejor al ir dejando de comer pan blanco, y lo van dejando progresivamente.

Y es así como te recomiendo que lo intentes: progresivamente. Porque los cambios verdaderos en la alimentación llevan mucho tiempo.

Tenemos toda nuestra vida comiendo de una manera y eso no se cambia de un día para otro.

Así que lo hacemos por etapas:

Etapa 1: El pan blanco es malo, comeré pan integral

Lo primero que ocurre es que nos damos cuenta que el pan blanco es malo y empezamos a comer pan integral. Lo compramos fresco de panadería, o de molde en el supermercado.

Etapa 2: El pan integral tampoco es tan bueno, haré mi propio pan

Eventualmente empezamos a leer las etiquetas, nos quedamos en shock al ver que el Bimbo suavecito y rico es el peor de todos (sí, ese que dice quee s100% natural e integral), y decidimos buscar otra cosa, algún equivalente más natural. La única solución que encontramos es preparar nuestro propio pan en casa, y así al menos sabemos lo que le estamos poniendo.

Cuando yo pasé por esa etapa (por allá en el 2010) me compré una máquina de hacer pan. He visto que mucha gente lo hace. Me busqué recetas para pan integral y le ponía verduras ralladas, semillas, frutos secos, frutas deshiudtatadas, afrecho, o cualquier otra cosa para que tuviera más fibra, más nutrientes, un menor IG. Me quedaba un pan bastante denso y muy rico.

Y estuve un tiempo así, comiendo mi propio pan, pero me di cuenta que como era tan rico comía mucho. Lo quería comer todo el tiempo y comía demasiado. Total que, como esa no era la idea, descarté la máquina de pan y pasé a hacer otro tipo de pan que es el que yo llamaba pan de linaza: una espcie de panqueca seca, hecha con huevo y semilals de lino recién molidas, que horneaba o hacía a la sartén y luego usaba para acompañar los huevos de la mañana, para comer con jamón y queso, etc.

Etapa 3: El despertar de la fuerza

Con mi pan de linaza me estuve un tiempo, quizás algo más de un año, hasta que eventualmente ya no lo necesité más. En este punto te das cuenta que te has liberado completamente del pan, que ya n necesitas comerlo a diario (ni siquiera un sustituto), y es allí cuando ya puedes sentarte y descansar mientras pasan los créditos finales de la película.

De esta forma vas dejando el pan en la medida en que te vas dando cuenta que mientras menos comes mejor te sientes, que ya no lo estás necesitando tanto.

No se siente como un golpe ni como una restricción, sino como un proceso de consciencia y autoconocimiento que vas viviendo.

Alternativas al pan de trigo


Esto que acabo de comentarte se refiere al pan blanco, ese que come la gente “normal”, digamos. En la casa no lo compramos nunca, y solo comemos pan blanco o harinas en ocasiones excepcionales: si algún día queremos hacer pizza (una vez cada 3 meses), nos provoca desayunar croissants (una vez cada 6 meses), o hay un cumpleaños (en cuyo caso comemos pastel normal), o cosas así.

Pero en el día a día no comemos pan blanco para nada.

Y entonces ¿qué comemos?

Acá te muestro mis opciones preferidas:

  Pan de centeno (pan negro)

Es el que compro ahora, en casa siempre hay, y es el pan que comen mis niñas. Yo no lo como a diario, depende de si me provoca comerlo o no. Es duro, denso, tiene un sabor fuerte, y me gusta tostado con mantequilla. Yo no lo como a diario porque tiene gluten (el centeno es un cereal con gluten) y yo sé que si lo como muy seguido me va a empezar a dar problemas. Ingredientes: harina integral de centeno, copos de avena, copos de cebada, linaza, sésamo, levadura, sal.

 

Galettes de sarraceno o trigo negro

Son como unas crepes saladas que venden acá en Francia, a base de trigo sarraceno (buckwheat), que no es un trigo de verdad sino una semilla que se le parece pero que es libre de gluten. Yo las relleno con huevo, con jamón y queso, para el desayuno o una comida grande, etc. Ingredientes: agua, harina de sarraceno, sal.

 

Wasa

En España lo llaman “pan” wasa pero para mí esto no es ningún pan, es una galleta salada (una cracker). Yo no las como como si fuera pan, más bien para una merienda, porque a mí no me hacen sustituto de pan, pero hay mucha gente a la que sí y les gusta. También tiene gluten porque es a base de centeno. Ingredientes: Harina integral de centeno, levadura, sal.

 

Galletas de maíz inflado (corn cakes)

Estas tampoco las uso como pan, sino de merienda o en el postre. Antes las compraba de arroz inflado, pero por el arsénico en el arroz dejé de comprar esas y ahora compro las de maíz. Estas las uso mucho (las habrás visto en mi cuenta de Instagram), las compro extra finas y me hacen una base crujiente para lo que yo quiera comer. Nutricionalmente hablando no aportan nada, son 99.9% carbohidrato y además refinado, pero la idea es usarlas como base para comer otros alimentos que sí sean nutritivos. Yo la uso para cuando me dan los antojos de dulce: con chocolate negro, mantequilla de almenrdra y miel, frutas y cacao, etc. Ingredientes: Maíz, sal.

 

Avena en hojuelas o copos

Los normales, tradicionales (NO instantánea ni con sabores). La como en el desayuno, cocida en leche, 2 a 3 veces por la semana, con alguna fruta (casis siempre banana o manzana) y le pongo nueces, canela, stevia, etc. Esto también lo habrás visto en mi cuenta de Instagram, y lo he mencionado en mi artículo con 5 ideas de desayunos saludables y fáciles de preparar. También la uso para hacer panquecas de avena que también siempre muestro en mi Instagram (aquí te doy la receta). Ingredientes: Avena.

Estas son las alternativas al pan de trigo que yo utilizo. Dependiendo del país en donde vivas tendrás otras posibilidades, y la idea es que busques, veas qué opciones tienes, y elijas las que mejor te convengan a ti.

¿Y las arepas o tortillas de maíz?

Bueno, el maíz no tiene gluten, así que si fuera por eso estaría bien. Y aunque se preparan con harina, no es tan refinada como la harina de trigo que se usa para el pan. La harina de maiz se hace a partir del grano entero molido, y por esa es superior a nivel nutricional y la respuesta hormonal del cuerpo será un poco más favorable. Pero de todos modos sigue siendo harina, así que lo que yo recomiendo es agregarle a la masa otros ingredientes (semillas, verduras cocidas hechas puré, verduras frescas ralladas) para que sea más nutritiva, con más fibra y un IG más bajo. La idea es que no comas pura harina, y además que la acompañes con otros alimentos: queso, huevos, aguacate, carne. Lo mismo la tortilla, cómela con verduras y otros alimentos que ayuden a que la respuesta insulínica no sea tan alta.

Lo mismo va para otros “panes” hechos a base de tubérculos como la batata, la yuca o manioca, etc. Serán siempre más saludables y nutritivos en la medida en que están hechos con alimentos enteros, no refinados (o poco refinados).

¿Y si algún día como pan?

Como ya te comenté, por supuesto que a veces como pan (o cosas hechas con harina de trigo refinada). Y coom ya hace años que ando en esto, ya me di cuenta de lo que courre, cada vez.

Supongamos que un fin de semana me da flojera cocinar, y decidimos comer en el centro Comercial, y lo que me provocó comer fue un sandwich.

Lo que noto es que no pasa nada.

De hecho, al día siguiente hasta veo que he bajado unos 200 gramos. Y me digo: “Oh, qué curioso, sin síntomas negativos ¡y hasta bajé algo de peso! Finalmente parece que el pan no me cae tan mal después de todo. No estoy hinchada, no tengo estreñimiento, no me pica la piel…”

Otro día más y, como sigo normal, pienso: “¿Será que ya puedo volver a comer pan otra vez?”. Y, como me provoca y todo va bien y me provoca comerlo, voy a la panadería y compro una baguette, y quizás un trozo de pastel o tarta.

Al día siguiente me están dando muchas ganas de comer pan… de hecho ¡estoy desesperada por comer pan!

Y en ese punto:

vuelve el estreñimiento,

me empieza a picar la piel,

tengo la barriga inflada como de 6 meses de embarazo,

ando con malestar general,

me salen pepas en la cara,

los antojos que me matan,

y ya ahí ya tengo 2 kilos más. ¡Siempre me pasa igual! Ya lo pillé y ya sé que es así. Y ahora sé que no debo caer en la trampa.

Yo nunca voy a tolerar bien el pan. Es algo que a mí me hace daño (por mi genética o lo que sea) y sé que es algo que debo evitar.

Si alguna vez cae el pan por alguna razón que sea no pasa nada, pero no me dejo engañar y me sigo manteniendo sin comer pan de manera regular (al cabo que ni quería).

Como conclusión… Ya sea que deseas dejar el pan, que ya lo dejaste, o que no te imaginas una vida posible sin tu delicioso y adorado pan, la idea es simplemente aprender a comer de una manera más saludable, con alimentos más naturales, que realmente te hagan bien. Alimentos que tu cuerpo ha estado necesitando todos estos años y que no se los habías estado dando.

Cuando lo haces tu cuerpo mejora, se reequilibra, la grasa se pierde de manera natural, y tú te sientes de maravilla.

Y fíjate que dejar de comer pan no significa dejar de comer carbohidratos. El problema es (según yo) la combinación nefasta y maléfica entre el hecho de que es un cereal con gluten y que es una harina refinada con un IG muy alto. Esto produce mala respuesta insulínica, irritación a nivel intestinal, y todas las consecuencias que vienen con ello.



Si te animas a dejar de comerlo vas a ver que te vas a sentir muchísimo mejor.

Y no te preocupes. Como ves, hay muchas alternativas al pan de trigo que pueden ser saludables y prácticas para ti.

Dejar de comer pan es abrirle la puerta a muchas otras posibilidades, a cereales, tubérculos, frutas… que son mucho más nutritivos y que no te van a producir ese malestar, sino todo lo contrario.

¿Te animas a dejar el pan? ¿Ya lo has hecho? ¿O de ninguna manera lo harías?

Cuéntame en los comentarios cuál es tu posición y tu experiencia con este tema del pan, y qué alternativas saludables conoces que te gustan y que te han ayudado a comer menos pan.

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